viernes, 3 de diciembre de 2010

Lecciones básicas

Hay cosas básicas para las madres que son fundamentales que sus hijos las aprendan desde una edad temprana sobre todo cuando empieza la etapa escolar, como por ejemplo, atarse los cordones. Es el aprendizaje del cuidado personal, que forma parte del crecimiento del niño y unos evolucionan más rápidos que otros. En cualquier caso, mi madre conocía muy bien el ritmo de aprendizaje de cada uno de sus hijos y era muy consecuente con ello, haciendo uso de su paciencia infinita como una de tantas virtudes, con la que explicaba y repetía esas lecciones básicas como si fuera siempre la primera vez.
Aquello que parecía tan fácil, para mí era una tarea un tanto complicada, entonces observaba cómo se movían sus manos y escuchaba las instrucciones; "coges este cordón con una mano y este con la otra, los cruzas y hacemos un nudo fuerte aquí, ahora este lo coges así y con este otro le das una vuelta y lo pasas por debajo, sujetas este y de este tiras hacia fuera y ya está hecho el lazo".
Cuando veía aquel lazo, ya no me acordaba del principio, así que Mamá lo repetía una y otra vez con mucha paciencia. Después de varias repeticiones para aprender a atarme los zapatos, antes de acostarme empecé a practicar con los cordones del forro de la almohada, una y otra vez. No recuerdo cuántas veces lo intenté pero de pronto, pude llegar hasta el final y mi sorpresa llegó cuando vi que tenía hecho un lazo, así que corrí por toda la casa buscando a Mamá para decirle que ya sabía hacerlo. Ella sonrió contenta y me animó para que lo hiciera de nuevo, entonces mi alegría duró muy poco cuando en vez de hacer un lazo había hecho un nudo marinero, pero ella le quitó importancia y me dijo que empezara de nuevo y que lo hiciera más despacio. Lo volví a intentar mientras ella miraba con atención corrigiendo cada paso y de pronto, había hecho un lazo. Cuando miré a Mamá, ella compartía conmigo la misma alegría, ¡ya sabía atarme los cordones!.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡Feliz cumpleaños Gladys!

Hoy es un día muy especial, lo como fue también hace tres meses y como lo es en sí esta celebración, hoy es el cumpleaños de mi sobrina Gladys. A pesar de que tengo dos sobrinas y un sobrino, relativamente nuevo, el cumpleaños de Gladys siempre me hace recordar su edad y también el día que nació. Sandra se quedó embarazada en el año 1994, fue la gran novedad de aquel año en casa, la recuerdo muy guapa y con esa expresión de "felicidad" que tienen las mujeres embarazadas y aunque no lo recuerdo como un embarazo malo, si hubo unos meses que fueron un tanto complicados, porque sufrió un cólico nefrítico. Dicen que el peor dolor es éste, el del cólico nefrítico, que es comparable al dolor del parto, pues Sandra pasó por los dos, ¡eso es una mujer fuerte y lo demás es bobería!. Llegó el mes de noviembre y su barriga era enorme, me impactaba mucho que una barriga pudiera crecer tanto, a pesar de ver a los policías del cuartel con barrigas semejantes. Aquella noche si no recuerdo mal estábamos todos en casa, Mamá con alguno de nosotros estaba viendo la tele en la sala y creo que era algo de risa. Sandra fue al baño a orinar y desde el baño llamó a Mamá, cuando ella respondíó, Sandra dijo:

- ¡Creo que rompí la bolsa!.- Exclamó para que Mamá la escuchara bien, pero no estaba asustada.

Mamá como una mujer de experiencia en partos, se levantó tranquilamente y fue hacia el baño y a partir de aquí todo fue muy rápido. Creo que el que más nervioso estaba era mi padre, porque enseguida bajó al coche a esperarlas para ir al hospital y ellas lo hicieron con mucha calma. No recuerdo bien cuántos días estuvo en el hospital, creo que fue un buen parto, esperaremos a que ella si quiere lo pueda confirmar en su comentario. Pero si recuerdo la inquietud y la curiosidad que me invadieron hasta que ella salió del hospital con su hija. Una mañana me dijo Mamá que le habían dado el alta y que ese mismo día venía a casa, ese año yo estaba en el colegio en el séptimo curso y aquel día que sabía que Sandra regresaba a casa, estuve todo el día preguntándome cómo era Gladys. Pasaban las horas en el reloj a paso de tortuga y cuando por fin, llegó el final de la jornada escolar, Igor, Paco y yo, salimos del colegio con mucha prisa. El recorrido que se hace en quince minutos, aquel día parecía que no acababa. Cuando llegamos a casa, lo primero que hice fue dejar la mochila en el cuarto y preguntar dónde estaba Gladys, Sandra me dijo que estaba en el cuarto de Mamá, ella estaba contenta, feliz. Al llegar al cuarto de Mamá vi en la cama una niña pequeña sobre una mantita, estaba boca abajo dormida profundamente. Recuerdo que me conmovió mucho ver aquel ser tan pequeño y tan dulce, me invadió una alegría enorme y no podía dejar de mirarla apretando mis manos. El nacimiento de Gladys fue una alegría para todos, mi madre disfrutó mucho con ella ejerciendo como abuela y ahora que la recuerdo me hago una idea de cuánto tuvo que disfrutar con todos nosotros.
Gladys era una niña muy risueña, expresiva, era inquieta y curiosa. Demostró muchas veces su inteligencia, era una niña cariñosa y también impulsiva. Le encantaba la hora del baño. Y si lo recuerdo bien, tuvo un perro imaginario que la acompañó durante un tiempo, se llamaba Urco. En relación a los motes, a ella le pusimos La Keka, creo que fue por una muñeca que salía en la tele que se llamaba así y que a ella le gustaba mucho, entonces cuando Sandra hablaba de ella con el amor y orgullo propio de una madre, decía "mi Keka". Los días que Sandra tenía que hacer algun papeleo, yo la cuidaba y aunque alguna vez intenté que viera diferentes películas de dibujos animados, tenía dos películas favoritas, La Cenicienta y La Sirenita.
Hoy Gladys cumple 16 años, ya sabemos que no es una edad fácil, pero ella sigue siendo muy risueña y también alegre. Es una niña grande, con cuerpo de mujer, es muy guapa y se parece mucho a Sandra. A pesar de esto sigue siendo una niña y sigue siendo muy inteligente, así que ojalá sea consciente de ello y le saque el máximo provecho por su propio bien. Te deseo feliz cumpleaños con mucho cariño y espero que te haya gustado esta historia. Te quiero mucho, un abrazo fuerte.

pd: ¿Sandra cumple 16 verdad? es que yo no sé por qué, pero con la edad de Gladys y Janet me quedo estancada.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Domingos y costumbres

Los domingos se compraba el pan, como todos los días y el periódico, que nunca podía faltar un domingo. El domingo era el día de descanso familiar para todo y para todos, para levantarse un poco más tarde, para ver la tele más rato, para comer juntos, aunque de las tareas de casa nadie se libraba. Y Mamá esperaba a media mañana, cuando se tomaba su cortado bien oscuro, para sentarse en la cama con la ventana abierta y leer el periódico tranquilamente. Otras veces lo hacía por la tarde, en la cocina y cuando la veía en algún momento esperaba escuchar una frase que decía la mayoría de las veces mientras leía atentamente, que era "a mí que leer el periódico me relaja". Realmente le gustaba y lo disfrutaba. Lo decía con una sonrisa y lo leía todo, hasta el final. Así que mañana domingo toca leer el periódico, pero con la típica tranquilidad del domingo, en la cama y con un café con leche bien oscuro.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Sábados y costumbres

En aquel sillón que más tarde decidimos cambiar, se sentaba mi padre todos los sábados. Se sentaba en la misma esquina para ver la tele, concretamente Informe Semanal. Alguna vez siendo muy pequeña me senté con él, a su lado, muchas veces acostada sobre sus piernas miraba la tele intentando entender de qué trataba aquel programa, que mi padre miraba y escuchaba atentamente con la mano en la cabeza. Al cabo de un rato, mis esfuerzos eran derrumbados por el aburrimiento y mi única curiosidad era saber cuándo acabaría. Otras veces me levantaba y me iba a jugar con mis hermanos y otras me quedaba dormida. Aunque mi padre nunca me explicó de qué trataba, la costumbre de verlo todos los sábados allí sentado tuvo algún efecto en mí, porque después de muchos años me he dado cuenta que algún que otro sábado acabo como él, echada en el sillón preparada para ver mis dos programas favoritos; Documentos TV y la Noche Temática. 

domingo, 17 de octubre de 2010

El Guapito Bobo

En mi casa siempre hemos tenido facilidad para poner "motes", por el físico o por algo que nos hace mucha gracia y todavía hoy lo seguimos haciendo, pero sin ánimo de ofender, para nosotros es algo divertido. Y además todos podemos tener más de uno, tal vez la persona que más motes tiene en mi casa es Iván, no nos ha dejado más remedio, porque al final el tío parece que se los busca.
Iván trabajaba en la cafetería de un supermercado, no recuerdo si tenía turno fijo, pero recuerdo que muchas veces Mamá y yo éramos quienes le planchábamos la camisa del uniforme. Y aquel verano estábamos en casa, viendo la tele los tres pequeños. Por las tardes había mucha variedad de dibujos animados y a nosotros nos gustaba mucho los X-Men. Sobre las cuatro, Iván se duchaba, a veces tomaba algo de merendar y empezaba a vestirse para ir a trabajar. Sentada en el sillón miraba los dibujos y alguna vez observaba todo el ritual de Iván; se quitaba la toalla, se secaba todo el cuerpo con energía (porque creo que él odia ponerse la ropa con el cuerpo mojado), se ponía los pantalones, se sentaba en la cama y se ponía los calcetines, luego los zapatos. Se levantaba, se echaba colonia en el cuerpo, iba a la sala, se ponía la camisa que se abrochaba mientras veía con nosotros los dibujos, se metía la camisa por dentro del pantalón y entonces se miraba en el espejo para sacarla un poco, levantaba los hombros para terminar de sacar lo justo y necesario. En su cama (que era la misma que le calentábamos por la noche) cogía el bolsito, lo abría, miraba a su alrededor y se aseguraba de que estuviera todo. Todo esto controlando el reloj, que si no recuerdo mal salía sobre las cuatro y media o cinco menos veinte. Aquella tarde llegó el momento de irse, cuando estaba dispuesto a salir del cuarto de los chicos, lo único que se lo impidió fue la puerta que estaba a punto de cerrarse por la corriente de aire y con la que tropezó de frente, tremendo golpe se dio en la ceja el muchacho con el filo de la puerta. Yo no sabía si reírme o no, se puso la mano en la ceja, se miró en el espejo y se la peinó, pero no sé si era porque realmente estaba despeinada o para calmar el golpe sorpresa. Entonces me miró cuando salió, yo lo miré con ganas de reírme hasta que empezamos a hacerlo los dos. Otra tarde, después del mismo ritual, frente al espejo después de echarse colonia en todo el cuerpo, empecé a mirarlo cómo intentaba ponerse colonia con la mano en el antebrazo del mismo brazo, concentrado estirando los dedos, los estiraba una y otra vez y su intento fallaba porque los dedos por mucho que los estires no llegan a tocar el antebrazo. Cuando se dio cuenta de que era imposible y cuando me vió riéndome por el esfuerzo inútil que estaba haciendo, empezó a reírse él también.
Iván tuvo una época que tenía muchas anécdotas de este tipo, así que de una forma u otra empezamos a reunirlas, porque eran divertidas, por una que le pasaba aparecía otra mejor que la anterior y, al final por la secuencia de todas ellas, se ganó el mote de "Guapito bobo". Guapito porque mi hermano tiene su éxito entre las chicas, no sólo por su físico sino por su forma de ser. Y bobo porque uno no esperaba que con esas cualidades le pasaran cosas así...como aquel día que estábamos todos en la cocina comiendo juntos, Alicia ya había comido y nos quedábamos en la mesa, Iván y los tres pequeños. Hablando de unas cosas y otras, Iván empezó a explicarnos algo que ahora no recuerdo, pero lo hacía mientras reunía en un punto de la mesa todas las migas de pan con la intención de meterlas en el yogur, que había tomado como postre. Cuando ya las tenía todas, puso el yogur debajo de la mesa y preparó todas las migas para echarlas dentro, el final de la explicación coincidió con la barrida que hizo de las migas que echó en el suelo todas de una vez, mientras la otra mano esperaba con el yogur debajo de la mesa. Nosotros que seguíamos atentos tanto la explicación como la recogida de migas, empezamos a reírnos por lo que había hecho y cuando se lo dijimos, él miró las migas en el suelo y empezó a reírse con la típica cara de sueño, ese sueño que le da a uno cuando termina de comer.  Por eso siempre le decíamos cuando le pasaba algo "ay Iván, eres más guapito bobo"...cuando no era por unas cosas, era por otras. Por ejemplo, si Iván odiaba los pelos, a la hora de comer ¿a quién le aparecía un pelo en la comida?, a Iván, entonces él miraba fijamente su plato hasta que lo tenía localizado y por la forma de soltar el cubierto en la mesa, sabías que lo había encontrado, pobre pelo, lo que le esperaba. Metía la punta de los dedos en el plato y para recrear todo su asco en él, lo sacaba lentamente apreciando toda su longitud con aquella expresión de asco, una vez fuera con todo su desprecio y los dedos bien apretados para que no se escapara, se giraba para un lado y fuera de la mesa daba un manotazo como si al pelo le doliera, para tirarlo al suelo. Lo único que  le faltaba era rematarlo, pero no, él ya se quedaba con aquella cara de horror...horror peludo. Pero eso no era lo peor, lo peor que podía pasar como pasó alguna vez era encontrarse con un ¡segundo pelo!, entonces se le abrían todos los ojos y sin sacarlo del plato lo miraba con repugnancia, claro como era compañero del anterior y nos preguntaba con la misma cara de repugnancia, como si todos los demás fuéramos pelo también  "por qué había tantos pelos en la comida". Esto ya era el crimen del plato, porque ya no quería seguir comiendo...se tomaba el yogur o un vaso de islacao y se iba con esa expresión de malestar.
Hoy, que es un hombre maduro y que es el orden y la limpieza en persona (ni don limpio) es probable que esa faseta peluda ya no ocurra tanto como antes. Y ahora no tengo tantas anécdotas como las de Guapito Bobo (que volveré a contar más adelante), pero si sé que tiene otro mote y como  ha coincidido con mi estancia en Madrid si le ha pasado algo, me lo he perdido, pero es otro mote con más categoría; Capitán Tontín.
Así que si alguna vez lo invitas a una cafetería, porque en mi casa somos muy cafeteros, no pidas nada que lleve cabello de ángel, no hace falta explicar mucho el por qué, el propio nombre ya lo indica.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Merienda con Barrio Sesámo

En la tele la programación infantil tenía mucha variedad y en nuestra infancia habían varios programas que nos gustaban mucho, pero el que más recuerdo con cariño es Barrio Sesámo, una serie de televisión educativa estadounidense dirigida a los niños en edad preescolar y pionera en el estándar educativo de la televisión contemporánea, combinando la educación y el entretenimiento, muy conocida por sus personajes, Los Muppets en América o los Teleñecos en España, marionetas creadas por Jim Henson.
 
 
 
En España el espacio comenzó a emitirse por TVE en 1976 dentro del programa Un globo, dos globos, tres globos. En aquellos años se emitía el programa original en versión doblada con el título de «Ábrete Sésamo». Este primer intento fracasó.
Se optó por adaptar el programa a la realidad española. La productora norteamericana CTW (Children's Television Workshop) era responsable del 50 % del programa y el resto se completaba en los estudios de Prado del Rey. De esta manera, y entre 1979 y 1980, Emma Cohen, en su papel de Gallina Caponata, y Jesús Alcaide, como el caracol Perezgil acompañaron las meriendas de los niños españoles.
En marzo de 1983 se presentaron nuevos personajes que sustituyeron a la Gallina Caponata, eran Espinete (Chelo Vivares), Don Pimpón (Alfonso Vallejo), Ana (Isabel Castro), ChemaJuan Sánchez), Julián (José Riesgo), etc. En esta temporada, que finalizó en 1986, intervinieron también, entre otros actores y actrices, Ruth Gabriel y Cristina Higueras.
Posteriormente en 1988, apareció una nueva serie, Los mundos de Yupi, cuyo éxito no igualó al de Espinete y compañía.
El otoño de 1996 presenció una nueva temporada de Barrio Sésamo, esta vez el personaje principal se llamaba Blukie, junto a Gaspar, Vera y Bubo. Se grababa una versión en castellano para toda España y se volvía a hacer en catalán, sólo para Cataluña. Los estudios de Televisión Española en Sant Cugat (Barcelona), donde se rodaba, consiguieron el premio al mejor decorado y ambientación de entre todas las series de Sesame Street alrededor del mundo. Era el único en todo el mundo en el que todas las puertas y ventanas se podían abrir y cerrar, donde todas las plantas y frutas eran naturales y se podían comer... todo, excepto los muñecos, era de verdad. Los encargados argumentaban que "por si acaso en alguna escena alguien ha de... comerse una naranja, salir por una puerta, etc."
En 2006 Antena 3 comenzó a emitir Play with me Sesame doblada al castellano durante un breve período de tiempo, pero, fue retirado por baja audiencia.
En la actualidad Los Lunnis han recogido la tradición de los programas infantiles basados en muñecos con gran éxito para TVE. Desde marzo de 2009 emite "Juega Conmigo, Sésamo", versión doblada de "Play with me Sesame".

Hoy también hay variedad en la programación infantil, los niños de hoy disfrutan con Bob Esponja, Pokémon, Los Lunnis, Los hermanos Koala, Batman, Disney Channel, Pocoyo... pero sin duda alguna, esta generación no será igual a la generación que creció con Barrio Sésamo. Sí, yo soy de esas que cuando habla de Barrio Sésamo canta el ¡naaaa, na, na, nanana!.



La merienda





Llegábamos del colegio y encendíamos la tele para ver la programación infantil, de la que ya hablaré en la siguiente entrada, entonces sobre las cuatro y media o las cinco, Mamá nos ponía la merienda, un vaso de leche con islacao, eko o café y medio bocadillo de nocilla. En el sillón, abríamos el bocadillo y primero nos comíamos una tapa y luego la otra. Los días que no sabía de qué me podía hacer el bocadillo, abría la despensa para inspirarme hasta que mis ojos se tropezaban con la nocilla, ya estaba todo resuelto. Hoy intento cuidarme con lo que como, pero en la despensa siempre tengo un bote de nocilla.

martes, 21 de septiembre de 2010

A la Guapita

Hoy es el cumpleaños de alguien muy especial para nosotros, a pesar de los seis años que han pasado desde su muerte. Es el cumpleaños de Mamá y ella cumpliría 63 años así que todos, como ha propuesto Iván, hemos unido nuestras mentes y le hemos deseado Feliz cumpleaños.
Sí, Mamá era una gran mujer, tenía paciencia, coraje y sentido del humor, tenía un saber estar elegante, era optimista, inteligente, cariñosa, diplomática, trabajadora, luchadora, detallista, alegre, impulsiva, tranquila, divertida, noble, se adapataba a cualquier cosa. Le encantaban las reuniones familiares, también le gustaba leer, escuchar música y disfrutar de la comida. Era una mujer que se hacía querer y era muy querida y respetada, era una persona que por su forma de ser, en cualquier momento, no sólo se ganaba el aprecio de los demás sino que se echaba de menos cuando no estaba. Hoy seguramente estaría muy contenta de ser la protagonista, sentada en su cama esperando a recibir sus regalitos con una sonrisa de oreja a oreja preparada para abrirlos con mucha ilusión. Sería uno de esos días de reunión familiar que tanto le gustabanEntonces por sus cualidades, por su cumpleaños y  por sus 63 años, voy a narrar 3 divertidas anécdotas con las que seguramente ella misma también se reiría, porque en su momento se rió bastante:

1.- A Mamá no le gustaba que se levantaran tarde en verano, ella tenía en cuenta que eran vacaciones pero había un límite. Precisamente porque éramos más personas en casa, era una ayuda a la hora de hacer las tareas de la casa y  todos debían participar y cuando ella decía todos, eran todos, chicos y chicas. Pero los chicos (que muchas veces eran Igor y Paco) eran los que más tarde se levantaban y así más de una vez ella hablaba con ellos o los despertaba cuando consideraba que ya era hora de levantarse. Los chicos se levantaban y después de varios días pasaba lo mismo, en la cama hasta que ella los despertaba.
Una mujer con muchos hijos, aprende a ser una mujer con muchos recursos, así que Mamá buscó otra forma de despertar a los chicos y la encontró aquella mañana. Me había levantado y había ido a comprar con ella, cuando llegamos a casa ella observó que todavía Igor y Paco estaban en la cama. Alicia también estaba levantada y estaba haciendo alguna tarea de la casa. Mamá miró el reloj de la cocina y fue al salón, cuando vi que no volvía, fui a ver qué hacía y la vi en el tocadiscos. Normalmente el tocadiscos era algo que se usaba en días especiales que siempre coincidían con las fiestas navideñas. Aunque los mayores lo usaban cuando no estaban Papá y Mamá. Aquel aparato tenía mucho volumen, el botón del volumen para que se hagan una idea se puede comparar con la esfera de un reloj, por lo que el volumen normal era en el minuto 45, en el minuto 50 se escuchaba alto y pasado estos era muy alto. Mamá puso una cinta de Tino Casal, que le encantaba y con cuidado giró la rueda y la puso en el minuto 60, es decir, se escucharía muy alto, tanto que cualquier persona que pasara por la calle con un mínimo de cultura musical, sabría que en el tercer piso de aquel edificio había alguien escuchando Tino Casal. Encima la canción con la que comenzaba la cinta, si no recuerdo mal era Eloise, era un grito y después de ese grito entraba toda la orquesta. Teniendo en cuenta el volumen y la canción, a Igor y a Paco no les quedaba otra opción que levantarse. Ella después de prepararlo todo, me dijo con tranquilidad "vamos a la cocina" y allí nos empezamos a preparar la comida. Aunque yo la había visto poner la cinta y subir el volumen, cuando sonó Eloise me asusté al oír el grito y toda la música, entonces pensé en Igor y Paco, el susto que se habrían llevado con ella, saltando en la cama buscando quién habría gritado así. Y tuvo que ser así porque después de cinco minutos se levantaron despeinados, un poco blancos, con una expresión en la cara como de...¡qué susto!. Así que después de ese día, los siguientes que vinieron no se levantaban muy tarde, pero cuando lo hacían Mamá sabía que o lo arreglaba ella o lo arreglaba Tino Casal.



2.- En uno de aquellos días en los que el único motivo que tenía para estar enfadada con Igor era el conjunto de mis celos, no me hacía falta mucho más y eso pasaba con frecuencia, porque cuando no era por una cosa era por otra. Alguna vez estaba Sandra para arreglar el problema y otras Mamá. Aquella noche lo arregló Mamá, pero lo hizo de una forma diferente, porque no sabía quién tenía razón, quién había generado el problema, quién decía la verdad y quién la mentira, así que se posicionó en una postura neutral y en vez de recurrir al castigo o quitarle importancia como hacía otras veces, recurrió a un hecho que era la consecuencia de una frase con la que nos avisaba muchas veces para que nos portáramos bien, decía: como sigan así, un día les voy a dar tantas nalgadas como los años que tienen. Y aquella noche no lo pensó más, sentada en su cama nos llamó a los dos y nos preguntó cuántos años teníamos, después de decirle cada uno la edad, nos dijo que nos iba dar el mismo número de nalgadas. Yo no lo creía hasta que fue así, me senté en sus rodillas con el culito al aire y ella me preguntó de nuevo cuántos años tienes y cuando le dije 9, levantó la mano y contó nueve nalgadas. Y después hizo lo mismo con Igor, lo que pasa que a él le dio siete. Igor estaba llorando, yo colorada como un tomate y ella con mucha tranquilidad nos dijo que saliéramos del cuarto. En realidad, las nalgadas habían sido más ruido que otra cosa, porque a Mamá no le gustaba pegar. A mí lo que más me fastidiaba era que con nueve años tuviera que dármelas por aquel niño al que miraba mal auqnue estuviera llorando. Aquello nos había tocado la propia vergüenza y fue la única vez que lo hizo, pero aprendimos, porque cuando nos enfádabamos antes de llamar a Mamá uno pasaba del otro.

3.- Los sábados era el día que Mamá hacía la compra grande, iba con Papá al supermercado y allí estaba durante una hora con su lista de todo lo que hacía falta. Cuando llegaban a casa lo colocaban todo en la despensa y en la nevera, guardaban todas las bolsas y dejaban en la entrada de la cocina las cajas en las que venían los bricks de leche esperando que el que saliera de casa las tirara a la basura. Papá salía muchas veces, para limpiar el coche, para escuchar música y la mayoría de ellas para fumar, así que con frecuencia las tiraba él. Mamá cuando escuchaba que la puerta se abría le recordaba que tirara las cajas de leche, pero Papá pocas veces retrocedía para cogerlas, así que le decía que luego las tiraba y así podían estar varios días las cajas de leche en la entrada de la cocina. Hasta que un día Mamá se lo puso más fácil.
Aquella tarde como cualquier otra Papá sacó un cigarro y bajó a la calle para fumar, Mamá no dijo nada de las cajas, pero observó que no las había cogido así que cogió las caja, abrió la puerta con mucho cuidado y bajó las escaleras en silencio. Se asomó a la ventana y esperó a que Papá saliera del portal y cuando lo hizo dejó caer las cajas. En ese mismo momento que yo estaba asomada en mi ventana, vi aquel hombre que siempre ha sentido admiración por todo lo bélico, que se tapaba la cabeza con los brazos como si fuera un soldado profesional agachado en el suelo, como si hubiera estallado una bomba justo detrás de él, miraba para un lado y para otro, entonces miró para atrás y descubrió que el estallido venía de dos cajas de cartón, miró para arriba y se encontró a Mamá en la ventana, que entre risas y más risas le dijo como pudo "tira las cajas". Mi padre que no tenía el mismo sentido del humor que mi madre, la miró y exclamó con seriedad "¡tú estás loca!", cogió las cajas y se fue a la basura. Seguramente después se fumaría dos cigarros, uno era el de costumbre y el otro por el susto de la bomba imaginaria que le había caído detrás. Yo fui a la puerta y vi que Mamá hacía un verdadero esfuerzo por subir las escaleras frenada por las risas. Entró en casa, cerró la puerta y dijo después de respirar hondo "pero las cajas las tiró".

Así era Mamá, con muchas virtudes y un gran corazón, La Guapita, como la llamaron durante años y de lo que hablaré más adelante, no sé podía comparar con nadie, porque era única. Y aunque pasen los años, para nosotros, para todos los que la conocimos siempre habrá un día, un momento, algo que nos recuerde a ella, porque siempre la llevamos con nosotros con mucho Amor, así que con mucha alegría le deseamos ¡Feliz Cumpleaños Mamá!.












sábado, 4 de septiembre de 2010

Los celos

Para mí los celos son un sentimiento natural, hay personas que los esconden, otras disimulan, otras lo niegan, otras lo demuestran sin intención y otras no les importa demostrarlos aunque eso les perjudique. Lo curioso, es que en algunas familias los hermanos o las hermanas que más celos han tenido entre ellos o hacia alguno de ellos son los que más unidos están cuando crecen o los que más se protegen fuera de casa. Pues bien, yo pertenezco al último grupo, es decir, era celosa y además no me importaba demostrarlo con toda mi intención, aunque alguna vez también los negara. Sí, los celos aparecieron cuando tuve conciencia de que después de mí estaba Igor, aquel niño blanquito, con ojos verdes, que con su cara de pícaro lograba que se rieran a pesar de su travesura. Para mí era un blanco fácil al que iban dirigidos como una flecha todos mis celos. Todo iba bien mientras estuviera en mi espacio tranquilita con mis cosas, ahora en cuanto aparecía Igor o reclamaba un poco de atención, sólo me faltaba que me saliera humo de la cabeza pensando qué podía hacer para que aquel niño se fuera de allí.
Como aquella mañana que hacía la tarea en la mesa del salón y llegó Igor, puso sus cosas sobre la mesa y también se sentó, entonces lo míré como si aquella mesa fuera exclusivamente para mí y seguí haciendo mis cosas. Igor tenía que pintar un dibujo, sino recuerdo mal a él no le gustaba mucho pintar, porque cuando empezaba, al rato casi siempre pedía ayuda para terminarlo. Esta era la parte que mis celos justificaban, una sencilla razón, el dibujo no era mío. Claro que si yo tenía un motivo, Igor tenía otro y era mayor que el mío, lo que pasa es que él no lo pensaba,  si yo era su hermana por qué no iba a ayudarlo:

- Igor: Esther ¿me ayudas a pintar el dibujo?.- Preguntaba Igor sin levantar la mirada de su dibujo.
- Esther: No, el dibujo es tuyo así que lo pintas tú....- Respondía Esther mirando a Igor muy seria.
- Igor: Esther por fi, ayúdame a pintar....- Insistía Igor mirando a Esther.
- Esther: No.-
- Igor: Esther...por fi ayúdame.- Repetía de nuevo Igor soltando el lápiz.
- Esther: No te voy a ayudar, lo haces tú.- Se mantenía Esther en la misma postura. Igor después de insistir varias veces, cambiando la voz, poniendo cara de pena, mirándola fijamente, él seguía hasta que no encontraba más razones y entonces decía:
- Igor: Esther o me ayudas a pintar o se lo digo a Mamá...- Respondía Igor.
- Esther: Yo estoy haciendo mi tarea sola y no te digo nada, si el dibujo es tuyo lo pintas tú.- Le aclaró Esther.
- Igor: ¡Mami Esther no me ayuda a pintar el dibujo!.- Gritaba Igor mientras dejaba de pintar.
- Mamá: ¡Esther ayuda a tu hermano a pintar!.- Exclamaba Mamá desde la cocina.
- Esther: Pero ¿por qué lo tengo que ayudar si el dibujo no es mío?.- Le preguntaba Esther a Mamá.
- Mamá: Porque es tu hermano.- Respondía Mamá.

Al final, aunque yo tuviera muy claro mi objetivo, Igor sin pensarlo se salía con el suyo, así estábamos casi todos los días, si yo no quería hacer algo, él se lo decía a Mamá y entonces ya no podía hacer nada, porque si Mamá lo decía, lo tenía que hacer. Mis celos habían llegado a tal punto que ya no sólo no quería ayudarlo o prestarle algo mío, sino que además no soportaba que hiciera lo mismo que yo, entonces yo también recurría a Mamá pero mi motivo era tan ridículo que una vez más conseguía que Igor se saliera con la suya. Y eso fue lo que pasó la mañana que hacía la tarea en la mesa de la sala con él, que hasta el momento no me había pedido ayuda. Sin saber por qué yo estaba de buen humor a pesar de que él estuviera allí. Empecé a silbar y, de pronto, me di cuenta que Igor empezó a silbar la misma canción que yo, se me pusieron los ojos pequeños y se me abrió la nariz de la misma forma que le pasa a los niños pequeños cuando se enfadan. Y yo que en ese momento creía tener más autoridad le decía que dejara de silbar la misma canción que yo. Igor seguramente veía como tenía los ojos y la nariz, porque me miraba con sus ojitos verdes y dejaba de silbar. Si yo no le ayudaba a pintar el dibujo porque no era mío, él no podía silbar la misma canción porque era mía. Cuando yo recuperaba la forma normal de mis ojos y mi nariz empezaba a silbar otra canción, entonces a continuación empezaba Igor, como si no estuviera allí yo recordaba otra canción diferente y silbaba, entonces Igor la repetía. Con los ojos y la nariz como la primera vez lo miraba y le decía más alto que la primera vez, que dejara de silbar mi canción, ya no se trataba de que Igor silbara la misma canción, se trataba de mi canción. Así que ya no me dejaba opción, yo le gritaba a Mamá que viera lo que Igor estaba haciendo, que me tenía en aquel estado. Mamá venía al salón con el paño de la cocina y preguntaba qué pasaba, así que yo se lo explicaba como si fuera lo peor que me había hecho y cuando veía la cara con la que me miraba  Mamá, entonces comprendía que mi motivo era ridículo, pero ¡Igor silbaba las canciones que silbaba yo!. Al final Mamá le quitaba importancia y secándose las manos en el paño volvía a la cocina. Y al final Igor conseguía sin pensarlo, que yo dejara de silbar y me quedara con los ojos pequeños y la nariz abierta como los niños pequeños cuando se enfadan. Por mucho que pensara qué podía hacer, de una forma u otra lo único que conseguía era una bronca de Mamá y cuando no era Mamá, era Sandra.
Como aquella mañana que Igor estaba en la ducha, muchas veces se olvidaba de coger la toalla y cuando no era la toalla eran las cholas, lo raro era que alguna vez lo cogiera todo que también pasaba. Pero aquella mañana no cogió la toalla, así que cuando terminó de ducharse y se dio cuenta de que no estaba, empezó a gritar para saber quién le llevaba la toalla. Yo había encontrado un motivo para no hacerlo: haberla cogido. Y aunque no lo tuviera, esperaba que en una casa con tantas personas alguien que no fuera yo le llevara la toalla al niño. Así que yo no dije nada y seguí con mis cosas, entonces apareció Sandra con los ojos y la nariz como yo cuando Igor despertaba mis celos y me dijo "llévale la toalla a tu hermano". ¡Esto era lo peor que me podía pasar!, yo tenía un motivo, habían más personas en casa, pero al final era yo la que le tenía que llevar la toalla. Cogí la toalla enfadada y enfadada fui al baño, abrí la puerta con cuidado y mirando todo pensaba dónde podía dejarla, tenía que estar lejos de la ducha, que el niño a pesar de tenerla allí dentro, no pudiera cogerla. Así que la puse entre el lavabo y la pared, allí la metí, bien compacta, imposible de sacar...entonces dije "aquí tienes la toalla" cerrando la puerta. Al cabo de un rato, el niño empezó de nuevo a gritar, pero esta vez llamó a Mamá y como ella no pudo ir, fue Sandra.
Cuando Sandra entró y le preguntó a Igor qué pasaba, éste le dijo que no podía coger la toalla (claro si estaba empotrada entre la pared y el lavabo) y Sandra después de ver cómo estaba la toalla cerró la puerta, y sus pasos por toda la casa me dejaron saber que venía a buscarme. Y me encontró, entonces me cogió por un brazo y me preguntó "¿por qué no le diste la toalla a tu hermano, eh?", había descubierto mi problema, bueno a lo mejor ya era algo que habían descubierto todos. A pesar de esto yo confiando en mi motivo le dije "¿y por qué se la tengo que llevar yo?" y Sandra me contestó "¡todo por los celos que le tienes!" y yo los negué mirándola con los ojos pequeños y la nariz abierta. Los celos fueron pasando a medida que pasaba el tiempo, empecé a ver que el mejor resultado era no hacerle caso, pero no a él sino a los celos, eso me funcionó y me libró de los enfados de Mamá y de Sandra. Y cuando pasaron, Igor y yo tuvimos una buena relación, sobre todo, cuando hacíamos alguna travesura, pero de esto hablaré más adelante. Ahora sólo puedo decir que hoy no soy nada celosa con mis hermanos y que de esta anécdota nos hemos reído más de una vez, como yo ahora.
pd: ¿gor tú te acuerdas?

jueves, 26 de agosto de 2010

¡Feliz cumpleaños Janet!

Hoy es un día muy especial, hoy es el cumpleaños de Janet, la segunda hija de Sandra. Hoy hace once o doce años, esperaremos a que Sandra lo confirme, que Janet es una más de la familia. Yo descubrí mi instinto maternal muy pronto, aunque de esto hablaré más adelante, la historia de hoy está dedicada a la cumpleañera. Janet era una niña preciosa, con los ojos negros, el pelo rizado, la cabecita redonda, la naríz de Rafa y muy risueña como Gladys. A mí me encantaba cogerla cuando Sandra terminaba de darle el biberón y dormirla en el sillón de la sala. Mamá quería mucho a Gladys y también a Janet, si fue una mujer que con seis hijos fue una madre muy buena, con Gladys y Janet fue una gran abuela. Con el paso del tiempo la cuchi (que era así como la llamábamos) era una niña muy inquieta, hasta que un día Sandra le explicó a Mamá, que el pediatra había dicho que era una niña hiperactiva, a partir de ese momento entendimos todos por qué Janet era así. Cuando Sandra venía a casa, Mamá siempre nos avisaba, entonces todo lo que hubiera en la sala que fuera frágil, lo escondíamos. Aquella niña era como un torbellino, no paraba ni un segundo. Pero recuerdo aquel día, un día cuando llegué a la sala, encontré a Janet sentada en el sillón con su carita triste. Le pregunté qué hacía allí, ella me miró y con su carita pequeña me dijo "estoy abuyía". Me sorprendió mucho que una niña pequeña pudiera aburrirse, pero pronto comprendí que tal vez echara de menos aquellos detallitos que tanto llamaban su atención, todo lo que estaba guardado. Se me ocurrió una idea y sentándome a su lado le pregunté "¿tú quieres jugar al castillo encantado?", a Janet se le abrieron los ojos y con una sonrisa enorme me dijo que sí. Llamé a Gladys y le expliqué el juego para que jugara con nosotras, así que estuvimos horas paseando por toda la casa, debajo de la mesa, detrás del sillón, pegadas a la pared, escondidas detrás de las sillas...ellas se lo pasaron muy bien, cuando pasábamos delante del sillón en el que estaban Sandra y Mamá hablando, yo decía "¡cuidado! y vamos rápido, que ahí están las brujas" y en algún momento una de las dos o las dos nos miraban y nos picaban el ojo o hacían su papel de brujas, entonces nosotras tres que íbamos gateando íbamos más deprisa y ellas lo hacían con aquella risa infantil. Yo también lo pasaba muy bien, eso sí cuando llegaba la noche y me acostaba, estaba agotada.
Hoy Janet es una niña grande, se parece mucho a Rafa, es muy guapa, con su pelo rizado, sus pecas y sus ojitos negros, es algo tímida pero sigue siendo una niña muy risueña. Y cuando tiene confianza, que para eso no tarda mucho, sigue siendo un torbellino que no para. Quiere mucho a Igor, tal vez porque ella tiene como su tío ese punto de gamberrete, pero en chica, sí que lo tiene.
Aquella noche dormían en el cuarto de las chicas, en la misma cama Gladys y Janet juntas, Sandra las había bañado y les había dado la cena, así que era hora de irse "a mumú". Después de un rato, me di cuenta que todavía estaban despiertas y lo supe porque escuché al pasar cerca de la puerta, la risa de Gladys. No le di más importancia hasta que vi que aquella risa iba a más...entonces preguntándome qué estarían haciendo entré con silencio y las observé desde la puerta, Janet miraba algo en la pared y Gladys miraba lo mismo pero a veces hundía la cara en la almohada para reírse sin parar. Encendí la luz y les pregunté qué estaban haciendo, Gladys siguió en la almohada y Janet me miró con esa cara con la que intenta decir "no he hecho nada, pero es mejor que no lo veas", enseguida algo de la pared llamó mi atención y cuando miré lo mismo que miraban ellas dos comprendí la fiesta que tenían aquella noche...me encontré en la pared unos moquitos a los que solo les faltaba el nombre de janet, con su pelo rizado, había muchos, miré a Janet muy seria y enseguida se tapó la boca y empezó a reirse acompañando a su hermana. Yo tenía que hacer un papel de tía y además en aquel momento de tía seria, así que me mantuve seria y le dije "Janet, esto es una cochinada y no se hace, voy a salir del cuarto y cuando entre, voy a mirar la pared y quiero que esté limpia, ¿vale Janet?"...Janet que estaba ya más seria escuchó todo aquello sin reírse, Gladys también dejó de reírse, después la que se reía fuera del cuarto era yo, esperé un ratito y escuché como Gladys le decía "quita los mocos que Esther va a venir otra vez". Cuando entré los trofeos de Janet habían desaparecido de la pared, les pregunté "¿se van a portar bien?" y me dijeron las dos que sí, con una cara cada una de no romper un plato...cuando salí volvieron a su fiesta pero sin hacer ninguna gamberrada.
Así era Janet. Hoy quiero que sepas Janet, que tus tíos y yo te queremos mucho y espero que haya sido un día muy especial para ti, que te hayas divertido mucho y que te haya gustado esta historia. Un abrazo enorme.
pd: ¿Sandra tú sabes por qué el nombre de cuchi, te acuerdas? porque yo no.
pd: mmmmm...¿o tal vez trece?.

domingo, 22 de agosto de 2010

La música

En mi casa siempre nos ha gustado la música, a todos, cada uno con gustos diferentes, pero siempre hacíamos todo con música. Tal vez la principal influencia fue Mamá, tal vez con los tres mayores escuchaba música como lo hizo con los tres pequeños y tal vez a partir de esa costumbre cada uno empezó a sentir curiosidad por los estilos y a descubrir sus gustos musicales.
La música era algo que nunca faltaba, para limpiar, para ordenar el cuarto, para bañarse, para poner el árbol de Navidad y el Belén, para hacer la tarea, para todo. Y así fue como conocimos diferentes grupos y cantantes por aquella época. Aquellas tardes en las que los tres pequeños hacíamos la tarea juntos en la cocina, poníamos el cassette de Iván sobre la nevera y escuchábamos con atención el programa en el que participaba, Radio Poeta. Muchas veces nos sorprendíamos por escuchar a Iván presentar una canción, ¡aquel chico era nuestro hermano y estaba en la radio!, por eso muchas veces nos dedicaba canciones.
Él preparaba las cintas, que usaba en aquel programa, con mucho cuidado. En mi casa que a la hora de hacer las cosas somos muy perfeccionistas, si el trabajo de Iván era algo que se escuchaba en la radio, tenía que hacerlo bien y lo hacía muy bien. A nosotros nos gustaban aquellas cintas que escuchábamos cuando él no estaba, sobre todo Paco. Pero había una canción que nos encantaba, Paco la repetía una y otra vez y no nos cansábamos de escucharla...en la canción (que no sé cuántas versiones habrá) se oía un hombre que hablaba inglés, un helicóptero y, casi al final, un monstruo y una chica que gritaba, todo esto acompañado de una magnífica guitarra eléctrica. Hoy si le describes a Paco ese tramo, con toda seguridad te dirá el nombre del grupo. En cuanto a Radio Poeta, ya que fue para nosotros una puerta abierta a la música, Iván me gustaría que nos contaras un poco cómo funcionaba, qué hacías tú, cómo conociste aquel grupo, cuándo se emitía, todo lo que recuerdes. Así que para refrescar un poco la memoria y ponerles los pelos de punta, como nos ha pasado hoy a Igor y a mí, en honor a nuestro gusto por la música les dejo el siguiente video.



viernes, 20 de agosto de 2010

El thriller de los tres pequeños

Los tres pequeños siempre estábamos juntos, por lo que jugábamos juntos, hacíamos la tarea juntos y veíamos la tele juntos. Así conocimos por el año 1.984 o tal vez 1.985 a Michael Jackson y el vídeo de Thriller. No sé a quién de los tres se le ocurrió la idea, pero nos propusimos un objetivo y era que el que fuera capaz de ver el vídeo completo, ganaba. Teniendo en cuenta, que el año de nacimiento de los mellizos es 1.981 y el del pechu 1.982, y que el impacto que tuvo el vídeo musicalmente fue enorme no sólo por los efectos especiales sino por el incremento de ventas que tuvo el álbum, ese objetivo nunca se cumplió. Mejor, porque si se hubiera cumplido, lo único que se podía ganar era una tremenda crisis de ansiedad que hubiera despertado todos los tics juntos. Cuando llegábamos al minuto 5.32 empezábamos a tener miedo, pero había  que aguantar, nos agarrábamos al sillón aguantando. Al llegar al minuto 5.55 el miedo había crecido, nos tapábamos la cara y mirábamos a través de las manos, pero a partir de ahí al ver a todos los "compañeros chungos" que tenía Miguel, la cara se nos desfiguraba, se nos abrían los ojos y la boca, estábamos invadidos por el pánico que nos causaba aquellas imágenes, pasábamos por todos los grados del miedo hasta que nos daban ganas de llorar al pensar que aquellos muertos fueran de verdad. Hasta que uno de los tres se levantaba, que casi siempre era Igor y se iba corriendo, entonces Paco y yo íbamos detrás, porque thriller era el que teníamos en el sillón. No llegábamos al minuto 7.13, que es la parte que más me gusta, nos íbamos a esconder, a ponernos a salvo y a intentar olvidar aquel video que nunca vimos terminar. Después de muchos años observé que a mi  sobrina Gladys le pasaba lo mismo, le decíamos que era muy pequeña para ver ese vídeo, ya sabemos que no hay nada peor que prohibirle a un niño algo, así que ella se empeñaba en verlo hasta que un día la dejamos y tuvimos que cambiar el canal, porque la niña se quedaba delante del televisor horrorizada, igual que nosotros. Así que hoy en honor a nuestro objetivo, que no cumplimos, aquí dejo el vídeo, aunque la calidad de la imagen no es muy buena, escogí este por la traducción de la letra.



¡A comer!


En los días de invierno, lo que mejor sentaba en el estomágo era una tazita del famoso caldo de Mamá o un buen plato de potaje de lentejas, de berros y de verduras con gofio. También el rancho de Papá que tanto nos gustaba. Y a la hora de comer todos juntos en la mesa, había algo que nos encantaba y que ayudaba a dejar el plato vacío, el brovil, un concentrado de carne para dar sabor a salsas, sopas y guisos. Cuando Mamá sacaba de la despensa el brovil y lo ponía sobre la mesa, casi todos preparábamos la cuchara.

martes, 17 de agosto de 2010

La tía Rosi

Aquel año que por más memoria que hago no logro recordar, fue el año que conocí a la tía Rosi, es decir, la hermana de Mamá, concretamente en Navidad. Ella ya me conocía, como tía que es, por fotos y por cartas que mantuvo con su hermana, pero mi primer recuerdo es de aquel año. Le cogí mucho cariño y quería estar todo el rato con ella, después de muchos años me contó algo de lo que me reí mucho, por ella y por mí. Porque ahora que nos conocemos bien, me imagino la situación y me hace mucha gracia. Rosi recuerda aquellos días: "Esther me tenía agobiadita, me veía sola y me preguntaba si me aburría y si quería jugar con ella al parchís...a cada rato me preguntaba lo mismo y yo tuve que hablar con Ysora para que la niña me dejara de preguntar tanto".
Ahora que nos conocemos bien, pienso en dos cosas, o realmente yo era pesada o realmente estaba agobiada, porque la tía tiene paciencia, pero reconozco que yo también tenía muchas ganas de jugar al parchís. En fin, pasó la Navidad y con ella otro año más, después pasó otro año y así varios hasta que llegué a sexto de E.G.B.
El cambio de quinto a sexto fue para mí fuerte, en cuanto al ritmo de estudio y volumen, ya que eran casi las mismas materias pero con más densidad y esto exigía más atención y la atención requiere más concentración. Hubo también un cambio de profesores y eso implicaba adaptación por parte del alumno y también del profesor, era otra etapa. Las asignaturas que peor se me daban eran matemáticas (como siempre), sociales y naturales. Matemáticas la enseñaba una profesora llamada Conchi, que a pesar de su expresión severa luego era muy buena. Sociales la explicaba Enrique, que tampoco lo hacía nada mal y naturales, don Salvador...este señor era el punto y a parte del colegio. Aunque no lo puedo confirmar con seguridad, creo que era el profesor más viejo, tal vez uno de tantos motivos para su poca paciencia. Acompañado de su barriga vieja, que se marcaba bajo aquella bata blanca, como el científico que trabaja en el laboratorio, con una voz cascada por los años de enseñanza, la vejez y el cigarro. Alguna que otra vez se quedaba dormido sobre su mano mientras alguien leía, otras veces se paseaba por el aula y otras veces lograba un silencio absoluto con aquel mal genio que tanto imponía. Si a todo esto le añadimos el único hecho de que su asignatura era una de las que peor se me daba, el único resultado que obtenía, fue el mismo en los tres trismetres: SUSPENSO. Y desde este momento, la única tarea que tenía en verano, era estudiar naturales.
Mamá cuando llegó el verano, esperó a que pasaran unos días, tal vez una semana o quizás dos desde el final del curso para descansar un poco. Y cuando decidió que los días que pasaron fueron suficientes, me dió la noticia  también con varios días de antelación para que me fuera mentalizando:

- Mamá: Esther, ¿tú sabes que tienes que estudiar naturales, verdad?.- Dijo ella cuando vio que Esther se iba de la cocina.
- Esther: Si....- Contestó mirando para atrás.
- Mamá: ¿y ya sabes los temas que son?.- Preguntó de nuevo mientras preparaba la comida.
- Esther: Si, porque la tutora me dio la hoja con los temas que entran.- Aclaró.
- Mamá: Ah...pues yo te voy a decir una cosa, va a venir Rosi para ayudarte a estudiar.

En ese momento, aunque la noticia era suave, también era directa y clara, por lo que yo no necesité mucho más para que mi sistema de nervios se viera afectado y, de repente, me invadió una preocupación enorme. Y lo único que pude añadir junto con mi expresión de angustia, fue:

- Esther: Mami...¿y tiene que ser Rosi?.- Esperando algo diferente.
- Mamá: Sí, porque Rosi va a estar aquí varios días y ella te puede ayudar.- Dijo ella intentando eliminar la preocupación.
- Esther: Pero es que yo no quiero que sea Rosi, yo puedo estudiar sola.- Respondíó Esther intentando convencer a Mamá.
- Mamá: Pero mira Esther, si ella está aquí y te puede ayudar, ¿qué te cuesta ponerte una horita todos los días con ella?...te puedes poner por las mañanas y luego tienes toda la tarde libre.- Explicó Mamá mirando a Esther.
- Esther: vale....- Añadió sin más argumentos.

Ése era el plan, yo a pesar de aceptarlo esperaba que la tía tuviera muchas cosas que hacer, porque confíaba en que podía hacerlo yo sola, pero todas mis esperanzas se borraron cuando Mamá, como mujer inteligente y madre de seis hijos, supo cuándo lanzar la noticia, entonces añadió que Rosi vendría el miércoles. ¡Estaba todo planeado entre ellas! y no me quedaba otra que estudiar con Rosi. Ese día que yo no quería que llegara y si llegaba porque no quedaba otra, pues deseaba que aquella mujer le hubiera surgido algún plan más divertido que ayudar a su sobrina a estudiar, sonó el timbre y cuando Mamá abrió la puerta, entró Rosi. Y en ese instante lo vi, todo el cariño que le había cogido a aquella señora se había convertido en miedo cuando la miré y observé aquella expresión, era la seriedad en persona, aquella forma de mirar igual que su padre. En ese momento para mí no existía el estirón del verano que dan los niños, me sentí diminuta delante de la tía que con naturalidad me preguntaba si ya estaba preparada y como respuesta yo debía irme al cuarto de mis padres y estar allí durante una hora estudiando la asignatura que impartía don Salvador. Allí miraba el libro, leía y repetía una y otra vez. Ponía una marca en una palabra y otra al final de un párrafo, ese contenido tenía que aprenderlo exactamente pero no porque Rosi lo exigiera, sino por mi miedo, era él quien lo exigía. Y cuando veía que todo lo que había marcado, lo sabía lograba olvidarme del miedo hasta que veía que había llegado la hora. Cuando pasaba la hora, yo tenía que avisar a Rosi y ella vendría al cuarto a hacer todo tipo de preguntas sobre mi rato de estudio. Aquel instante era eterno, yo me sentaba en la cama de mis padres y ella también lo hacía, a mi lado, se ponía el libro sobre las piernas y con la misma expresión de seriedad con la que entraba a casa o más, empezaba el interrogatorio. Y en ese momento descubrí que la temperatura de mis manos no solo cambiaba porque hiciera mucho frío, sino porque mi estado de nervios estaba alterado, cuando cerré los puños sentí una sensación de humedad, sentía que los dedos se resbalaban y con mucho cuidado, deslizaba las manos sobre mis muslos intentando secar el sudor de mis manos. Rosi mientras tanto, observaba el texto en silencio y pensaba la pregunta, tal vez observara que realmente en mi diminuta persona había un estado de nervios, porque me miraba y dejaba escapar una sonrisa, a la que yo correspondía con ilusión intrepretando que ya no habían más preguntas, pero cuál fue mi sorpresa y frustración cuando vi que el interés que aquel libro despertaba en mi tía, la hacía pasar de hoja y ¡fuera sonrisa y nueva ronda de preguntas!, por lo que mi ilusión terminaba ahogada en mis manos y yo no tenía más remedio que esforzarme para darle la respuesta correcta. Si el sudor sirviera para pulir un objeto de gran tamaño, en aquel instante siendo todavía una niña hubiera sido una profesional con tan solo dos manitas sudorosas y si mis dedos hubieran sido amantes, ¡cuántas posturas aprendieron!. Cuando Rosi consideraba que al cabo de varias preguntas la lección estaba aprendida, después de mi mal trago me animaba, me decía que me lo sabía muy bien, que si estudiaba todos los días así aprobaría, me apretaba contra ella y me indicaba el final de mi hora de estudio. Yo salía de la habitación aliviada, porque me sabía la lección, porque mi rato con la tía había acabado y porque recuperaba el estado normal de mis manos. Y a pesar de esto, cuando Rosi volvió a Barcelona una parte de mí la echaba de menos. Rosi había logrado que cogiera el hábito de estudiar una hora todos los días, que estudiara bien y sobre todo que me aprendiera el contenido. Después de varios días, conseguí estar más tranquila a su lado aunque mis manos nunca dejaron de sudar y esa compañía tuvo que sustituirla Mamá, para mantener el hábito y conseguir el aprobado. Mamá lo hacía como ella, miraba el texto y me hacía preguntas. El día del examen, estaba nerviosa, pero también tranquila y lo demostré de la mejor forma, recordando todo lo que había aprendido con Rosi y con Mamá. Cuando me dieron las notas, sentí una alegría enorme, no me lo creía, había aprobado naturales con aquel señor y así lo indicaba el boletín: BIEN.
Después de tantos días y de tanto empeño, se lo tenía que decir a Rosi y eso me hizo pensar en el cariño que le había cogido y recuperarlo. Mamá se lo dijo por teléfono y ella se alegró mucho. Rosi me enseñó que el objetivo que una persona se proponga, se puede alcanzar con voluntad y esfuerzo.
Hoy que nos conocemos bien, puedo decir que es una persona muy importante para mis hermanos y para mí, influye a la hora de tomar una decisión, de darle un enfoque diferente a las cosas. Su seriedad es dependiente del momento y de la persona a la que se dirige, porque con el paso de los años conocí a una mujer divertida, impulsiva, cariñosa, generosa, comprensiva, carismática, un encanto de mujer y persona, con muchas cosas en común  con Ysora, como ella la llamaba. Mis hermanos y yo la queremos muchísimo, como le he dicho alguna vez, porque es un cachito de Mamá. Después de tantos años, he cambiado las preguntas que hice siendo una niña, ahora pregunto ¿qué vas a hacer ahora? y alguna vez espero que diga jugar al parchís, pero la tía que no quiere. Ya no me sudan las manos y aunque ahora soy yo quien le altera el estado de nervios, la echo de menos con mucha frecuencia.

pd: espero que las pelotas de gofio las aprovechen para un buen escaldón.

sábado, 14 de agosto de 2010

Los mellizos

Los mellizos son Paco y Esther, el primero nació a las 14.15 de la tarde y la segunda a las 14.30. Paco tuvo más peso que Esther pero menos que Igor. Esther tuvo que pasar varios días en el hospital debido al poco peso. El día que Mamá se llevó, por fin, a Esther a casa, desde ese momento pasarían mucho tiempo juntos y el primero de ellos fue en la cuna. Una tarde con Mamá, ella recordaba aquel momento y cómo eran: "los mellizos dormían en la misma cuna, hasta que un día mirando cómo dormían, vi que Paco estiraba los brazos y le dio con el puñito a Esther en la cabeza y ella empezó a llorar asustada. Entonces le dije a Jaime que había que comprar otra cuna. Se trajo la otra cuna y se puso una en un lado y la otra en el otro. Esther era muy curiosa y atrevida, cuando estaban juntos se pasaba todo el rato mirando a Paco, le miraba la nariz, le miraba el pelo, le miraba por dentro del pelele, le pellizcaba los pies y Paco la miraba asustado. Paco era muy tranquilo pero era observador, lloraba y comía mucho. Esther no lloraba tanto, lloraba porque era un bebé pero no tanto como él. Paco estaba tranquilo hasta que veía a Esther, si veía que Esther que tiraba de la colcha de la cama, él sacaba la manita y tiraba por el otro lado, él hacía por imitación todo lo que hacía ella.
Un día que estaban juntos y les había dado un cachito de pan con mantequilla, yo me ponía a hacer las cosas de casa y los vigilaba. Cuando volví Esther le estaba poniendo el pan con mantequilla en el pelo de Paco. Por las noches cuando Paco lloraba de hambre, me levantaba para darle un biberón, me ponía sentada en la cama con él mientras se lo daba y veía que Esther sentada en su cunita me miraba con los ojos grandes sin llorar, entonces le decía a Jaime que hiciera otro biberón para ella. Otro día que los había dejado en la cama con la radio puesta, estando en la cocina me di cuenta que la radio no sonoba y fui a mirar a ver qué pasaba...y me encontré a Esther sobre la radio de pie y Paco mirándola asustado con aquella cara de pelopincho, no grité para no asustarla y que no se cayera pero me acerqué muy despacio y la cogí rápido."
A medida que han pasado los años, a pesar de que son mellizos cada uno tiene un carácter diferente. Por ejemplo, Paco en el colegio destacaba más que Esther, los profesores decían que era más inteligente. También decían que él tenía más imaginación, pero que ella tenía mejor caligrafía...en fin, con el paso de los años he comprendido que muchas de las cosas que los profesores dicen pueden ser verdad, pero otras no son más que etiquetas. El caso es que los mellizos en la misma situación podían tener diferentes reacciones y eso ocurrió el primer día de colegio y el primer encuentro que Paco y Esther tuvieron con un perro. Allá vamos...
El primer día de colegio es un día muy especial no solo para los hijos sino también para los padres, sobre todo para las madres, que es en la mayoría de los casos las que pasan ese trago. La madre vivirá ese momento en función de cómo lo viva el niño, si para él es una experiencia traumática, la madre sufre. Si por el contrario el niño lo vive con una adaptación normal, la madre aunque puede "sufrir" (en el buen sentido, se emociona porque su hijo ya va al colegio) siente alivio, se va con la tranquilidad de que el colegio para su hijo no es un lugar horrible. 
Paco y yo tuvimos que esperar a cumplir los cuatros años, porque no podíamos empezar el curso con tres años aunque los cumpliéramos en enero, así que Mamá tuvo que esperar un año. Llegó el primer día, íbamos por el camino, que para mí era largo y me llevó tiempo aprenderme aquel recorrido. Sentía en el estomágo esa sensación de nervios que todos pasamos con la primera vez, aún cuando somos mayores y hay que empezar un trabajo nuevo. Llegamos al colegio y habían muchas madres y niños en la zona de párvulos que era la nuestra. Allí estaba la profesora Ana con una lista, por nuestro primer apellido, que es Álamo, tuvimos el honor en casi todos los cursos y centros académicos de ser los primeros. Ese honor era relativo, algunas veces era buena suerte, por ejemplo, cuando el colegio organizaba una excursión y había que subir a la guagua por orden de lista, entonces subías con el privilegio de escoger sitio, que al final siempre era adelante porque en la parte de atrás iban los golfos. Pero otras veces, cuando hacían exámenes orales o había que hacer un ejercicio en la pizarra, te cagabas en el apellido todas las veces que pudieras, porque el primero es el que abre el camino, es el que da las ideas, así que tenías que ser muy bueno o intentar defenderte muy bien. Ana empezó a nombrar en voz alta los nombres de los niños que debían ponerse en fila para entrar al aula, tal vez había uno o dos por delante de Paco y yo, el caso es que yo me puse en la fila y Paco también, Mamá que había estado todo el rato allí mirándonos empezó a alejarse con cuidado. [primera reacción] Cuando Paco vio que Mamá se iba, de repente gritó "mamiiiii" y empezó a correr detrás de ella, cuando Mamá lo escuchó, se paró y Paco se agarró a ella y empezó a llorar. Yo miraba toda la escena angustiada y pensaba que si Paco no entraba, yo tampoco. Al final Mamá trajo a Paco para colocarlo de nuevo en la fila a mi lado, también se acercó Ana y entre las dos lo tranquilizaron. Después de un rato, entramos en el aula, no me gustaba nada, era un aula vieja, que olía a cerrado...Paco y yo entramos cogidos de la mano, yo miraba todo con pocas ganas de estar allí, hasta que me di cuenta que una niña que estaba lejos de nosotros nos miraba. Se acercó con lentitud y yo le seguía todos los pasos con mala cara, porque ni me gustaba el aula ni me gustaba ella, así que lo mejor que pude hacer (que no sé cómo lo hice) fue decirle que si se acercaba más, le pinchaba con el imperdible y se lo enseñé, lo tenía preparado en la manita abierto para dar un picotazo. Así que la niña no se acercó. Y ese fue el primer día de colegio, los días fueron pasando y ya no era tan difícil, pero nada más entrar en el aula, le decíamos a Ana que nos abriera las ventanas para decirle adiós a Mamá y cuando Ana lo hacía,  allí estaba ella esperando para decirnos adiós.
Después de que el colegio dejara de ser un lugar horrible, es decir, después de adaptarnos con normalidad, llegó una de tantas mañanas en la que íbamos al colegio con Mamá, esta vez con Igor. Por el camino íbamos hablando, Mamá estaba muy pendiente a la hora de cruzar y nos dejaba correr cuando llegábamos a la última acera, que era la que estaba enfrente de la entrada del colegio, era la más ancha. Si no recuerdo mal, Paco y yo nos adelantamos, Igor iba con Mamá agarrado de su mano. Paco y yo llegamos a la entrada de una casa, que en aquella acera eran todas "casitas individuales" y nos quedamos parados esperando a Igor y a Mamá, de repente, [segunda reacción] apareció un perro marrón al otro lado de la entrada de la casa y empezó a ladrar, cuando yo lo vi, no solo los ladridos sino también su tamaño fueron motivos suficientes para pensar que lo único que podía hacer era correr. El tramo que nos separaba a los cuatro fue eterno mientras escuchaba los ladridos del perro marrón, hasta que llegué a la mano de Mamá y cuando miré para atrás con la esperanza de que Paco también estuviera a salvo como yo, cuál fue mi sorpresa cuando vi que Paco seguía allí parado, con el dedito en la boca llorando, mirando aquel perro marrón que seguía ladrando. Mamá empezó a caminar a paso ligero hasta que llegó donde estaba Paco y lo abrazó, le quitó importancia a los ladridos del perro y tranquilizó a Paco. Cuando entramos en el colegio, Mamá se encontró con otra madre con la que empezó a hablar. Aquella mujer le preguntó a Paco qué le pasaba que tenía la naricita roja y los ojos brillantes, Mamá le contó que se había asustado con un perro y yo empecé a reírme mientras miraba a Paco, hasta que mi madre me dijo muy seria, ¡Esther, no te rías de tu hermano! y yo me puse seria como Paco.
Paco, sé lo que vas a decir cuando leas esta historia y dirás: "es que ustedes de lo que no se acuerdan es que el perro saltó la puerta". Si el perro hubiera saltado, te aseguro que tu motivo para correr era mucho mejor que el mío, aunque lo hubieras hecho con el dedito en la boca pero no te hubieras quedado quieto. A veces podemos tener de las cosas un recuerdo que por como se haya vivido un determinado momento, ese recuerdo no es real y eso fue lo que me pasó a mi también el día que los mayores nos llevaron al parque grande del barrio.
Normalmente cuando salíamos a la calle, estábamos en una zona en la que Mamá nos pudiera ver, si queríamos ir un poco más lejos, Mamá nos tenía que dar permiso. Para ir al parque más grande, había que preguntarle a Mamá si podíamos ir y aquella tarde fuimos, había un perro de color negro y era enorme. Me causó tal impresión, que estuve días diciendo que en el parque del barrio había un perro gigante, cuando llegaba alguien a casa, como solía ser Francisco y Domingo, yo les decía que había un perro gigante en el parque. Si alguien decía de volver al parque yo decía que no iba porque allí había un perro gigante.
Los tres mayores cada vez que decía esa frase me miraban con una expresión no sé muy bien de qué...tal vez ellos tampoco sabían muy bien por qué yo decía eso.
Después de varios días y tal vez meses, Iván me aclaró con un tono de voz algo cansado que los perros gigantes no existen...y a mí me costó creer aquello, porque yo había visto un perro gigante, había visto como el perro llegaba de una acera a otra sin saltar, porque era gigante. Un día de camino al colegio volví a ver a otro perro igual y dije ¡ese perro es como el perro del parque!, en ese instante no me quedó más remedio que enfrentarme a mi realidad: yo había visto aquella tarde un gran-danés y no un perro gigante.
Paco te diré que yo siempre he dicho que somos diferentes, que tú eres el día y yo la noche pero no cambio ninguno de los momentos que hemos pasado por ser diferentes. Sabes que tenemos muchas historias para compartir, así que si recuerdas alguna, anímate.

miércoles, 11 de agosto de 2010

A Paco, Natalia y Romén

Sueño: "Paco estaba sentado, con esa expresión que tiene en la cara cuando está tranquilo, con una sonrisa permanente...(quien no lo conozca le preguntará de qué se ríe, quien lo conoce sabe que no se ríe de nada, sino que simplemente está tranquilo). Esther estaba enfadada, porque había suspendido francés y le tocaba pasar el verano estudiando, mientras Paco lo haría con su expresión relajada. Lo curioso era que a Esther se le daba mejor el francés que a él, de ahí su enfado..."
Martes 10/08/2010 a las 09.39.- Como todos los días, lo primero que hago al despertarme es mirar el móvil, tal vez haya una llamada importante pero no, no había ninguna llamada, había un mensaje. Todavía dormida abrí el mensaje y me sorprendí (una vez más por la conexión) cuando vi que era Paco quien me había escrito, para decirme que mi sobrino Romén, es decir su primer hijo viene hoy. El día va pasando y el interés por Paco, Natalia y Romén va aumentando. Cuando llega la noche hablo con Iván con la esperanza de que a lo largo del día el parto ha ido bien, pero no es así, el parto ni siquiera ha empezado. Después de hablar con Iván y Luci, me duermo pensando que al día siguiente ya estará el sobrino.
Miércoles 11/08/2010 a las 11.19.- Como todos los días, pero esta vez por una buena razón miro el móvil y no veo ni una llamada ni un mensaje, ¿pero qué pasa con este niño?. Sin dudarlo le envío un mensaje a Iván, tal vez sepa algo...Iván tampoco sabe nada. Y así va pasando el miércoles, la curiosidad se convirtió en preocupación, en realidad fue preocupación durante todo el día. Después de varios mensajes, consigo saber que todavía no ha empezado el parto, porque no hay suficiente dilatación. No toca otra que seguir esperando, me pregunto cómo estará Natalia, cómo estará Paco y Romén. Al llegar a casa por la noche, intento no pensar, así que miro una serie en el ordenador. Hablo con Rosi, nos consolamos mutuamente porque estamos las dos igual...sin saber nada y después de pasar la hora a la que normalmente me estoy acostando ahora en verano, de escribir un mensaje de ánimo y demás, recibo un mensaje multimedia  a las 02.55 de la madrugada (una hora menos en Canarias), al abrirlo veo una foto y un texto pequeño y breve. La foto es el deseado y esperado Romén, un niño precioso y el texto dice así "cacho menudo más bonito, peso 3.400"
El nacimiento de un hijo es una alegría para todos, es una decisión con la que hay que ser muy consecuente, es un gran paso, es el inicio de una vida, es el comienzo de un sacrificio y una etapa nueva. Paco en el grupo de amigos del instituto fue el primer chico en casarse, lo hizo con Natalia después de varios años largos de noviazgo. La historia de Paco y Natalia está llena de casualidades o como decía Mamá, "tal vez no sea algo casual sino causal".
Iván trabajó muchos años como camarero en un supermercado conocido, en la parte de cafetería en la que se servía platos variados. A esa cafetería alguna que otra vez iban a comer Natalia, siendo una niña, con su hermana y sus padres, por lo que Iván alguna que otra vez atendió a sus padres, su hermana y tambíén a Natalia siendo una niña. El padre de Natalia varios años atrás trabajó en la Policía Nacional, en el cuartel de la Policía. Mi mejor amiga del instituto Almudena vivió en ese cuartel varios años atrás, a su vez su hermana fue mi profesora de religión en el colegio, que fue allí donde nos conocimos Almudena y yo hasta coincidir en el mismo instituto y en la misma clase. El padre de Natalia conocía al padre de Almudena, ya que trabajó muchos años también como policía. Paco y Natalia se conocieron en un instituto de bellas artes hasta que empezaron a salir como novios. Natalia empezó a venir a casa con más frecuencia, hasta que un día en una comida familiar, en una conversación casual o como decía Mamá causal, por fin Iván y Nati supieron de qué se conocían. También el grupo de amigos del instituto conoció a Natalia y una tarde en la que Almudena tenía conversación con aquélla, supieron que sus padres se conocían y que ellas alguna vez se habían visto siendo niñas. Lo único que pienso cuando veo todos estos detalles es cuánta razón tenía Mamá.
Paco y Nati, son una pareja...para mí, son una pareja muy...no encuentro una palabra que los defina bien. De todos los momentos que he pasado con ellos, no recuerdo ninguno desagradable, al contrario han sido momentos muy divertidos, porque ellos dos son así. Paco sabe cómo hacerme reír y Nati, lo hace sin saberlo.

"Aquella noche llegamos tarde a casa, habíamos organizado una cena con el grupo de amigos del instituto, ya que hacía años que no sabíamos nada de ninguno. Natalia se quedaba a dormir en casa. Cuando entramos en el portal, subimos las escaleras con cuidado para no despertar a los vecinos. Al llegar a la puerta, Paco con las llaves preparadas intentaba abrir, pero no podía hacerlo ya que Natalia había comenzado a reírse de algo que veníamos hablando mientras subíamos las escaleras, y yo empecé a reírme con ella. Paco nos hacía gestos para que nos calláramos y cuanto más lo intentábamos, más nos reíamos. Al final, Paco no pudo aguantar más y empezó a reírse con nosotras, Natalia se tapaba la boca para no hacer ruido, yo me apoyaba en Natalia para reírme y Paco se apoyaba en la pared colorado como un tomate... y así entramos en casa, corriendo al primer cuarto, que era el de las chicas, para no despertar a nadie."

Son muy inteligentes, son perfeccionistas en su trabajo, son románticos, son espontáneos...son Paco y Nati. Él es sensible, observador, delicado, tímido, reservado, respetuoso...y ella es divertida, natural, sencilla, impulsiva, transparente...podría decir muchas cosas de los dos, pero no hay una palabra que los defina, simplemente Paco y Nati son tal para cual. Y ellos son los padres de Romén, entonces por este día tan especial, por ser Paco y Nati y por ese "cacho menudo más bonito, peso 3.400", ¡muchas felicidades a los dos! y que la responsabilidad y el aprendizaje de ser Padres sea siempre algo placentero para los dos. ¡Ah! y bienvenido Romén.

sábado, 7 de agosto de 2010

El pechu

Durante el embarazo del último hijo, Mamá cuando hacía lentejas tenía por costumbre beber el agua del guiso y después de nueve meses, nació Igor. De los seis hijos es que el más peso tuvo y también el que más hierro tiene, de hecho Igor puede comer lentejas pero no con la misma frecuencia que deben hacerlo los demás. Y lo mismo con el hígado y todo aquello que le aporte hierro. Era como una pechuga (de ahi el pechu), gordito, de piel blanca y ojos verdes, un muñeco. Tal vez ha sido también el más inquieto, era un muñeco con ese punto de gamberro...pero gamberro bueno. Con el paso de los años intentando saber a quién se parecía cada uno, Mamá me dijo que Igor se parecía mucho a un primo de Papá, un tal Juanito Álamo.
Una tarde de regreso a casa en la guagua, Mamá observó que en la siguiente parada había un señor que subió cuando el conductor abrió la puerta. Se acercó a mi oreja y me dijo en voz baja "ese señor que acaba de subir es Juanito Álamo", yo con poca discreción y mucha curiosidad lo miraba, miraba todos sus rasgos y me sorprendí cuando vi el parecido tan grande que Igor tenía con él. La misma forma de la cabeza, alto, corpulento y ojos verdes.
Dada la inquietud y ese punto de gamberro...pero gamberro bueno, voy a recordar aquella tarde. No éramos muy pequeños pero tampoco éramos muy grandes, no sé porqué estábamos solos en casa Paco, Igor y yo. Igor siempre ha tenido facilidad para ir al baño, para dar del cuerpo o hacer de vientre. En mi casa decir "voy al baño o voy a hacer caca" es una noticia común, para nosotros muy natural. Igor dio su aviso y Paco y yo no recuerdo qué estábamos haciendo, pero después de un rato de repente la puerta del baño se abrió y apareció Igor con los pantalones bajados, se dio la vuelta y nos enseñó el culo. Cuando Paco y yo miramos aquel culito blanco manchado de caca, lo único que nos salió fue ¡qué asco! y a Igor lo único que se le ocurrió es que iba a por nosotros, porque su objetivo era mancharnos de caca así que sin dudarlo empezó a correr inclinado agarrándose el culo, Paco y yo empezamos a correr por toda la casa con gritos, con risas, porque nuestro objetivo era que aquel culo no nos tocara...en fin, otra fiesta más de los pequeños. Y en el mejor momento, que ya no sabíamos por donde ir y que Igor estaba muy cerca con aquel culo, escuchamos que alguien decía algo, la fiesta había acabado. Miramos los tres para la puerta de la entrada y lo vimos allí quieto mirando todo el panorama, era Iván. Allí estaba con la misma cara que se le ponía cuando se acostaba en su cama caliente, pero esta vez era peor, había visto como Igor corría detrás de nosotros con el culo manchado de caca, había visto como Paco y yo corríamos y gritábamos y entonces fue cuando dijo "¡¿Igor qué estás haciendo?!", nos quedamos todos callados sin saber qué decir, Iván allí clavado mirando muy serio a Igor que no le quedó más remedio que subirse un poco los pantalones y  con el culito todavía al aire volver al baño. Con el paso de los años, las gamberradas no pararon, si Igor las empezaba y podíamos divertirnos por qué parar, eso sí por gamberrada que nos pillaban nos llevábamos un castigo, que normalmente era cada uno en un cuarto o todos juntos en el cuarto en el que no había juguetes.
Ahora que Igor se ha hecho grande, sigue siendo el pechu, blanco de piel y con sus ojos verdes, pero lo único que ha cambiado es que ha dejado de ser un muñeco para ser, como dice el vecino, un galán. Un galán con la misma cara de gamberro, así que si tiene oportunidad de hacer una, que no te sorprenda porque  te la hará pero te aseguro que reirás un buen rato. Igor te diré que mi infancia de niña con Paco y tú, son los mejores años que recuerdo.

viernes, 6 de agosto de 2010

El colegio

El colegio, esa institución que forma gran parte del carácter del niño, en el que comienza su habilidad para relacionarse y que según la influencia de los padres puede ser un lugar fantástico o el peor castigo. Es un lugar de aprendizaje y no sólo acádemico, lo será también en relación a valores y principios, es el lugar en el que su "primera vez" se repetirá en más de una ocasión. En mi casa todos hicimos la E.G.B, es decir, la enseñanza general básica, en el Rodríguez Galván. Un colegio público, en otros años era sólo para un sexo, no recuerdo si era para niños o niñas. Era así porque al lado hay otro colegio, el Veinticinco de Julio, con el paso de los años ambos se hicieron mixtos, de niños y niñas. Ubicados en el barrio de la Salud, a unos quince minutos de mi casa andando. Ahora comprendo que serán unos quince minutos, de pequeña me costó mucho aprenderme el camino. Los dos estaban unidos por un muro y en la cancha donde hacíamos gimnasia había una puerta por la que podíamos observar a los otros niños. El colegio, como todo, te puede gustar más o menos, pero al fin y al cabo es una etapa fundamental. Cuando somos niños no pensamos en un detalle que es común en la mayoría de los casos, cuando veía en mi patio a otro niño o niña al cual reconocía que era del otro colegio no podía evitar esa sensación de invasión, de ese intruso que está en mi colegio, miraba y pensaba "pero qué cara tienes de veinticinco de julio"...lo mismo ocurría cuando había una competición de lo que fuera, como sucedía en la parte de atrás con los chicos que hacían "lucha canaria", me sentía orgullosa cuando el ganador era Rodríguez Galván. Es algo que sale solo, es proteger lo tuyo, es querer demostrar que el tuyo es mejor y que formas parte de él. Después de tantos años si voy en la guagua no puedo evitar mirar las tres entradas y pensar en las aulas por las que pasé con su profesor, con la cantidad de historias que esconden aquellas paredes, patios, rincones y mesas (que alguna vez narraré)...no puedo evitar pensar que aquel fue mi colegio.

viernes, 30 de julio de 2010

Preocupaciones y garabatos

Miraba aquellas letras que por más que me preguntaba qué pone, no entendía nada...Sandra me lo decía, ella escribía muy rápido. Otro día apoyada en el marco de la puerta miraba como Iván pasaba las hojas del calendario, habían doce...¿cómo sería capaz de aprenderme tantos meses?, ¡eran doce!. Otro día miraba los apuntes de Alicia, hojas y hojas, ella se las aprendía todas. Tenía que aprender a escribir tan rápido como lo hacía Sandra, aprenderme los meses del año como Iván y estudiar tantos apuntes como lo hacía Alicia...demasiados datos. De pronto pensé, pero ni siquiera sé escribir mi nombre, qué pasará cuando vaya al colegio y tenga que escribir mi nombre, había que buscar una solución.
Aquel día se lo dije a Mamá, le pregunté cómo se escribía mi nombre y ella con mucha atención y cuidado cogió un bolígrafo y lo puso en mi mano. Su mano agarraba la mía y sobre un papel escribió un garabato guiado por su mano que dejaba leer "esther". Cuando llegó mi momento, no tenía ninguna preocupación, si la profesora no sabía escribir mi nombre, ya lo haría yo que para eso es mi nombre...pero en aquel momento frente al papel deseando hacer el mismo garabato, que me había enseñado Mamá, no pude escribir nada, miré a la profesora y dije "me llamo esther". Y mi preocupación se convirtió en angustia pasajera, muy pasajera. La profesora se alejó con mi nombre apuntado y yo la miraba pensando ¿por qué no pude escribirlo?. Con el paso del tiempo, una buena amiga (profesora) me explicó que al principio la memoria de los niños cuando son muy pequeños retienen imágenes, para los conceptos muy abstractos es pronto. También era pronto para preocupaciones, pero la primera persona que me enseñó a escribir fue Mamá.