Para mí los celos son un sentimiento natural, hay personas que los esconden, otras disimulan, otras lo niegan, otras lo demuestran sin intención y otras no les importa demostrarlos aunque eso les perjudique. Lo curioso, es que en algunas familias los hermanos o las hermanas que más celos han tenido entre ellos o hacia alguno de ellos son los que más unidos están cuando crecen o los que más se protegen fuera de casa. Pues bien, yo pertenezco al último grupo, es decir, era celosa y además no me importaba demostrarlo con toda mi intención, aunque alguna vez también los negara. Sí, los celos aparecieron cuando tuve conciencia de que después de mí estaba Igor, aquel niño blanquito, con ojos verdes, que con su cara de pícaro lograba que se rieran a pesar de su travesura. Para mí era un blanco fácil al que iban dirigidos como una flecha todos mis celos. Todo iba bien mientras estuviera en mi espacio tranquilita con mis cosas, ahora en cuanto aparecía Igor o reclamaba un poco de atención, sólo me faltaba que me saliera humo de la cabeza pensando qué podía hacer para que aquel niño se fuera de allí.
Como aquella mañana que hacía la tarea en la mesa del salón y llegó Igor, puso sus cosas sobre la mesa y también se sentó, entonces lo míré como si aquella mesa fuera exclusivamente para mí y seguí haciendo mis cosas. Igor tenía que pintar un dibujo, sino recuerdo mal a él no le gustaba mucho pintar, porque cuando empezaba, al rato casi siempre pedía ayuda para terminarlo. Esta era la parte que mis celos justificaban, una sencilla razón, el dibujo no era mío. Claro que si yo tenía un motivo, Igor tenía otro y era mayor que el mío, lo que pasa es que él no lo pensaba, si yo era su hermana por qué no iba a ayudarlo:
- Igor: Esther ¿me ayudas a pintar el dibujo?.- Preguntaba Igor sin levantar la mirada de su dibujo.
- Esther: No, el dibujo es tuyo así que lo pintas tú....- Respondía Esther mirando a Igor muy seria.
- Igor: Esther por fi, ayúdame a pintar....- Insistía Igor mirando a Esther.
- Esther: No.-
- Igor: Esther...por fi ayúdame.- Repetía de nuevo Igor soltando el lápiz.
- Esther: No te voy a ayudar, lo haces tú.- Se mantenía Esther en la misma postura. Igor después de insistir varias veces, cambiando la voz, poniendo cara de pena, mirándola fijamente, él seguía hasta que no encontraba más razones y entonces decía:
- Igor: Esther o me ayudas a pintar o se lo digo a Mamá...- Respondía Igor.
- Esther: Yo estoy haciendo mi tarea sola y no te digo nada, si el dibujo es tuyo lo pintas tú.- Le aclaró Esther.
- Igor: ¡Mami Esther no me ayuda a pintar el dibujo!.- Gritaba Igor mientras dejaba de pintar.
- Mamá: ¡Esther ayuda a tu hermano a pintar!.- Exclamaba Mamá desde la cocina.
- Esther: Pero ¿por qué lo tengo que ayudar si el dibujo no es mío?.- Le preguntaba Esther a Mamá.
- Mamá: Porque es tu hermano.- Respondía Mamá.
Al final, aunque yo tuviera muy claro mi objetivo, Igor sin pensarlo se salía con el suyo, así estábamos casi todos los días, si yo no quería hacer algo, él se lo decía a Mamá y entonces ya no podía hacer nada, porque si Mamá lo decía, lo tenía que hacer. Mis celos habían llegado a tal punto que ya no sólo no quería ayudarlo o prestarle algo mío, sino que además no soportaba que hiciera lo mismo que yo, entonces yo también recurría a Mamá pero mi motivo era tan ridículo que una vez más conseguía que Igor se saliera con la suya. Y eso fue lo que pasó la mañana que hacía la tarea en la mesa de la sala con él, que hasta el momento no me había pedido ayuda. Sin saber por qué yo estaba de buen humor a pesar de que él estuviera allí. Empecé a silbar y, de pronto, me di cuenta que Igor empezó a silbar la misma canción que yo, se me pusieron los ojos pequeños y se me abrió la nariz de la misma forma que le pasa a los niños pequeños cuando se enfadan. Y yo que en ese momento creía tener más autoridad le decía que dejara de silbar la misma canción que yo. Igor seguramente veía como tenía los ojos y la nariz, porque me miraba con sus ojitos verdes y dejaba de silbar. Si yo no le ayudaba a pintar el dibujo porque no era mío, él no podía silbar la misma canción porque era mía. Cuando yo recuperaba la forma normal de mis ojos y mi nariz empezaba a silbar otra canción, entonces a continuación empezaba Igor, como si no estuviera allí yo recordaba otra canción diferente y silbaba, entonces Igor la repetía. Con los ojos y la nariz como la primera vez lo miraba y le decía más alto que la primera vez, que dejara de silbar mi canción, ya no se trataba de que Igor silbara la misma canción, se trataba de mi canción. Así que ya no me dejaba opción, yo le gritaba a Mamá que viera lo que Igor estaba haciendo, que me tenía en aquel estado. Mamá venía al salón con el paño de la cocina y preguntaba qué pasaba, así que yo se lo explicaba como si fuera lo peor que me había hecho y cuando veía la cara con la que me miraba Mamá, entonces comprendía que mi motivo era ridículo, pero ¡Igor silbaba las canciones que silbaba yo!. Al final Mamá le quitaba importancia y secándose las manos en el paño volvía a la cocina. Y al final Igor conseguía sin pensarlo, que yo dejara de silbar y me quedara con los ojos pequeños y la nariz abierta como los niños pequeños cuando se enfadan. Por mucho que pensara qué podía hacer, de una forma u otra lo único que conseguía era una bronca de Mamá y cuando no era Mamá, era Sandra.
Como aquella mañana que Igor estaba en la ducha, muchas veces se olvidaba de coger la toalla y cuando no era la toalla eran las cholas, lo raro era que alguna vez lo cogiera todo que también pasaba. Pero aquella mañana no cogió la toalla, así que cuando terminó de ducharse y se dio cuenta de que no estaba, empezó a gritar para saber quién le llevaba la toalla. Yo había encontrado un motivo para no hacerlo: haberla cogido. Y aunque no lo tuviera, esperaba que en una casa con tantas personas alguien que no fuera yo le llevara la toalla al niño. Así que yo no dije nada y seguí con mis cosas, entonces apareció Sandra con los ojos y la nariz como yo cuando Igor despertaba mis celos y me dijo "llévale la toalla a tu hermano". ¡Esto era lo peor que me podía pasar!, yo tenía un motivo, habían más personas en casa, pero al final era yo la que le tenía que llevar la toalla. Cogí la toalla enfadada y enfadada fui al baño, abrí la puerta con cuidado y mirando todo pensaba dónde podía dejarla, tenía que estar lejos de la ducha, que el niño a pesar de tenerla allí dentro, no pudiera cogerla. Así que la puse entre el lavabo y la pared, allí la metí, bien compacta, imposible de sacar...entonces dije "aquí tienes la toalla" cerrando la puerta. Al cabo de un rato, el niño empezó de nuevo a gritar, pero esta vez llamó a Mamá y como ella no pudo ir, fue Sandra.
Cuando Sandra entró y le preguntó a Igor qué pasaba, éste le dijo que no podía coger la toalla (claro si estaba empotrada entre la pared y el lavabo) y Sandra después de ver cómo estaba la toalla cerró la puerta, y sus pasos por toda la casa me dejaron saber que venía a buscarme. Y me encontró, entonces me cogió por un brazo y me preguntó "¿por qué no le diste la toalla a tu hermano, eh?", había descubierto mi problema, bueno a lo mejor ya era algo que habían descubierto todos. A pesar de esto yo confiando en mi motivo le dije "¿y por qué se la tengo que llevar yo?" y Sandra me contestó "¡todo por los celos que le tienes!" y yo los negué mirándola con los ojos pequeños y la nariz abierta. Los celos fueron pasando a medida que pasaba el tiempo, empecé a ver que el mejor resultado era no hacerle caso, pero no a él sino a los celos, eso me funcionó y me libró de los enfados de Mamá y de Sandra. Y cuando pasaron, Igor y yo tuvimos una buena relación, sobre todo, cuando hacíamos alguna travesura, pero de esto hablaré más adelante. Ahora sólo puedo decir que hoy no soy nada celosa con mis hermanos y que de esta anécdota nos hemos reído más de una vez, como yo ahora.
pd: ¿gor tú te acuerdas?
Como siempre otra buena historia, la verdad que eras mucho,pobre pechu si el es bueno coño, ay rosarito que mala eras, bueno que sepas que me gusto mucho, verde que te quiero verde, besos grandes.
ResponderEliminarTan pequeña como eras con esos pelos rizados y los dichosos celos que le tenías a Gor, la verdad es que me sacabas de mis casillas, y el gor era un cabroncete, me has vuelto hacer reir,tqm.
ResponderEliminarJejeje, mira qué gracioso Iván y sigue el niño con el verde...y perdona bonito pero eso de que Igor era bueno, ¡cuando dormía! y si no mira lo que dice Sandra.
ResponderEliminarSandra ayer me reí mucho recordando todo esto, a mí sí que me sacaba él de mis casillas cuando avisaba a Mamá. Es que no hay nada peor que los celos. Qué bueno es reírse ¡carajo!
Los quiero mucho, un beso.
Ayyyy Esther después de leer esto y reírme un rato, te diré que esto de los celos no lo sabia yo o por lo menos no lo recordaba, que jodido niño, con la cara de buena persona que tenía y tiene, si tuviera pelos le tiraba de ellos cuando le viera y vaya mala leche la tuya con la toalla, jajaja, llevársela se la llevaste pero...
ResponderEliminarDe todas maneras los pequeños se valen de eso, de que son los pequeños para fastidiar a los mayores.
Me encantan tus anécdotas.
Un abrazo y que lo pases muy bien.
Hola Yraya, pues sí, sí, sí, le tenía unos celos que podían conmigo, yo no sé si él se acuerda pero ya ves que Sandra sí, jejejje, yo también me reí mucho y hoy reconozco que lo de la toalla fue una p..... pero que contenta me fui. Es que eso de ser pequeño, muchos dicen el niño mimado, que no es el caso de mi hermano pero ¡me ponía de una mala leche! Me alegro de que te hayas reído, ¡¡¡gracias!!! te quiero.
ResponderEliminar