martes, 21 de septiembre de 2010

A la Guapita

Hoy es el cumpleaños de alguien muy especial para nosotros, a pesar de los seis años que han pasado desde su muerte. Es el cumpleaños de Mamá y ella cumpliría 63 años así que todos, como ha propuesto Iván, hemos unido nuestras mentes y le hemos deseado Feliz cumpleaños.
Sí, Mamá era una gran mujer, tenía paciencia, coraje y sentido del humor, tenía un saber estar elegante, era optimista, inteligente, cariñosa, diplomática, trabajadora, luchadora, detallista, alegre, impulsiva, tranquila, divertida, noble, se adapataba a cualquier cosa. Le encantaban las reuniones familiares, también le gustaba leer, escuchar música y disfrutar de la comida. Era una mujer que se hacía querer y era muy querida y respetada, era una persona que por su forma de ser, en cualquier momento, no sólo se ganaba el aprecio de los demás sino que se echaba de menos cuando no estaba. Hoy seguramente estaría muy contenta de ser la protagonista, sentada en su cama esperando a recibir sus regalitos con una sonrisa de oreja a oreja preparada para abrirlos con mucha ilusión. Sería uno de esos días de reunión familiar que tanto le gustabanEntonces por sus cualidades, por su cumpleaños y  por sus 63 años, voy a narrar 3 divertidas anécdotas con las que seguramente ella misma también se reiría, porque en su momento se rió bastante:

1.- A Mamá no le gustaba que se levantaran tarde en verano, ella tenía en cuenta que eran vacaciones pero había un límite. Precisamente porque éramos más personas en casa, era una ayuda a la hora de hacer las tareas de la casa y  todos debían participar y cuando ella decía todos, eran todos, chicos y chicas. Pero los chicos (que muchas veces eran Igor y Paco) eran los que más tarde se levantaban y así más de una vez ella hablaba con ellos o los despertaba cuando consideraba que ya era hora de levantarse. Los chicos se levantaban y después de varios días pasaba lo mismo, en la cama hasta que ella los despertaba.
Una mujer con muchos hijos, aprende a ser una mujer con muchos recursos, así que Mamá buscó otra forma de despertar a los chicos y la encontró aquella mañana. Me había levantado y había ido a comprar con ella, cuando llegamos a casa ella observó que todavía Igor y Paco estaban en la cama. Alicia también estaba levantada y estaba haciendo alguna tarea de la casa. Mamá miró el reloj de la cocina y fue al salón, cuando vi que no volvía, fui a ver qué hacía y la vi en el tocadiscos. Normalmente el tocadiscos era algo que se usaba en días especiales que siempre coincidían con las fiestas navideñas. Aunque los mayores lo usaban cuando no estaban Papá y Mamá. Aquel aparato tenía mucho volumen, el botón del volumen para que se hagan una idea se puede comparar con la esfera de un reloj, por lo que el volumen normal era en el minuto 45, en el minuto 50 se escuchaba alto y pasado estos era muy alto. Mamá puso una cinta de Tino Casal, que le encantaba y con cuidado giró la rueda y la puso en el minuto 60, es decir, se escucharía muy alto, tanto que cualquier persona que pasara por la calle con un mínimo de cultura musical, sabría que en el tercer piso de aquel edificio había alguien escuchando Tino Casal. Encima la canción con la que comenzaba la cinta, si no recuerdo mal era Eloise, era un grito y después de ese grito entraba toda la orquesta. Teniendo en cuenta el volumen y la canción, a Igor y a Paco no les quedaba otra opción que levantarse. Ella después de prepararlo todo, me dijo con tranquilidad "vamos a la cocina" y allí nos empezamos a preparar la comida. Aunque yo la había visto poner la cinta y subir el volumen, cuando sonó Eloise me asusté al oír el grito y toda la música, entonces pensé en Igor y Paco, el susto que se habrían llevado con ella, saltando en la cama buscando quién habría gritado así. Y tuvo que ser así porque después de cinco minutos se levantaron despeinados, un poco blancos, con una expresión en la cara como de...¡qué susto!. Así que después de ese día, los siguientes que vinieron no se levantaban muy tarde, pero cuando lo hacían Mamá sabía que o lo arreglaba ella o lo arreglaba Tino Casal.



2.- En uno de aquellos días en los que el único motivo que tenía para estar enfadada con Igor era el conjunto de mis celos, no me hacía falta mucho más y eso pasaba con frecuencia, porque cuando no era por una cosa era por otra. Alguna vez estaba Sandra para arreglar el problema y otras Mamá. Aquella noche lo arregló Mamá, pero lo hizo de una forma diferente, porque no sabía quién tenía razón, quién había generado el problema, quién decía la verdad y quién la mentira, así que se posicionó en una postura neutral y en vez de recurrir al castigo o quitarle importancia como hacía otras veces, recurrió a un hecho que era la consecuencia de una frase con la que nos avisaba muchas veces para que nos portáramos bien, decía: como sigan así, un día les voy a dar tantas nalgadas como los años que tienen. Y aquella noche no lo pensó más, sentada en su cama nos llamó a los dos y nos preguntó cuántos años teníamos, después de decirle cada uno la edad, nos dijo que nos iba dar el mismo número de nalgadas. Yo no lo creía hasta que fue así, me senté en sus rodillas con el culito al aire y ella me preguntó de nuevo cuántos años tienes y cuando le dije 9, levantó la mano y contó nueve nalgadas. Y después hizo lo mismo con Igor, lo que pasa que a él le dio siete. Igor estaba llorando, yo colorada como un tomate y ella con mucha tranquilidad nos dijo que saliéramos del cuarto. En realidad, las nalgadas habían sido más ruido que otra cosa, porque a Mamá no le gustaba pegar. A mí lo que más me fastidiaba era que con nueve años tuviera que dármelas por aquel niño al que miraba mal auqnue estuviera llorando. Aquello nos había tocado la propia vergüenza y fue la única vez que lo hizo, pero aprendimos, porque cuando nos enfádabamos antes de llamar a Mamá uno pasaba del otro.

3.- Los sábados era el día que Mamá hacía la compra grande, iba con Papá al supermercado y allí estaba durante una hora con su lista de todo lo que hacía falta. Cuando llegaban a casa lo colocaban todo en la despensa y en la nevera, guardaban todas las bolsas y dejaban en la entrada de la cocina las cajas en las que venían los bricks de leche esperando que el que saliera de casa las tirara a la basura. Papá salía muchas veces, para limpiar el coche, para escuchar música y la mayoría de ellas para fumar, así que con frecuencia las tiraba él. Mamá cuando escuchaba que la puerta se abría le recordaba que tirara las cajas de leche, pero Papá pocas veces retrocedía para cogerlas, así que le decía que luego las tiraba y así podían estar varios días las cajas de leche en la entrada de la cocina. Hasta que un día Mamá se lo puso más fácil.
Aquella tarde como cualquier otra Papá sacó un cigarro y bajó a la calle para fumar, Mamá no dijo nada de las cajas, pero observó que no las había cogido así que cogió las caja, abrió la puerta con mucho cuidado y bajó las escaleras en silencio. Se asomó a la ventana y esperó a que Papá saliera del portal y cuando lo hizo dejó caer las cajas. En ese mismo momento que yo estaba asomada en mi ventana, vi aquel hombre que siempre ha sentido admiración por todo lo bélico, que se tapaba la cabeza con los brazos como si fuera un soldado profesional agachado en el suelo, como si hubiera estallado una bomba justo detrás de él, miraba para un lado y para otro, entonces miró para atrás y descubrió que el estallido venía de dos cajas de cartón, miró para arriba y se encontró a Mamá en la ventana, que entre risas y más risas le dijo como pudo "tira las cajas". Mi padre que no tenía el mismo sentido del humor que mi madre, la miró y exclamó con seriedad "¡tú estás loca!", cogió las cajas y se fue a la basura. Seguramente después se fumaría dos cigarros, uno era el de costumbre y el otro por el susto de la bomba imaginaria que le había caído detrás. Yo fui a la puerta y vi que Mamá hacía un verdadero esfuerzo por subir las escaleras frenada por las risas. Entró en casa, cerró la puerta y dijo después de respirar hondo "pero las cajas las tiró".

Así era Mamá, con muchas virtudes y un gran corazón, La Guapita, como la llamaron durante años y de lo que hablaré más adelante, no sé podía comparar con nadie, porque era única. Y aunque pasen los años, para nosotros, para todos los que la conocimos siempre habrá un día, un momento, algo que nos recuerde a ella, porque siempre la llevamos con nosotros con mucho Amor, así que con mucha alegría le deseamos ¡Feliz Cumpleaños Mamá!.












4 comentarios:

  1. Tenía muchas ganas de llegar para leer tu historia, me he reido mucho, aunque con las risas se me han salido algunas lágrimas de recordarla, la suerte que tenemos de haber tenido una madre como ella. Enhorabuena por tu historia, te mando un beso grande tqm Van

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  2. Que bonito, me he reido pero también mis lagrimas se me han saltado, cierto que era y será una Persona grande, una Amiga insuperable,una Madre Espectacular, alla arriba donde estes te mando mil besos, mil abrazos y todo mi amor.
    Muchas Felicidades Mamí. te quiero y te querré siempre.

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  3. Hola :)
    Hay tantas cosas que decir de Mamá, se nos ha quedado como una huella que no se borra nunca, en fin, que yo también me reí, sobre todo con la última anécdota pero alguna que otra lágrima sí me salió. Un beso grande a los dos, los quiero mucho.

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  4. Me he estado riendo, eran las ideas propias de tu madre, tenían un sello personal, en pensar en esos dos niños asustados del grito de Tino Casal, que bueno.
    Pues si ayer hubiera cumplido 63 años, le quedó mucho por vivir, pero también a pesar de tener sus momentos malos creo que al lado de vosotros fue muy feliz.
    Un besote para todos y todas.

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