Los mellizos son Paco y Esther, el primero nació a las 14.15 de la tarde y la segunda a las 14.30. Paco tuvo más peso que Esther pero menos que Igor. Esther tuvo que pasar varios días en el hospital debido al poco peso. El día que Mamá se llevó, por fin, a Esther a casa, desde ese momento pasarían mucho tiempo juntos y el primero de ellos fue en la cuna. Una tarde con Mamá, ella recordaba aquel momento y cómo eran: "los mellizos dormían en la misma cuna, hasta que un día mirando cómo dormían, vi que Paco estiraba los brazos y le dio con el puñito a Esther en la cabeza y ella empezó a llorar asustada. Entonces le dije a Jaime que había que comprar otra cuna. Se trajo la otra cuna y se puso una en un lado y la otra en el otro. Esther era muy curiosa y atrevida, cuando estaban juntos se pasaba todo el rato mirando a Paco, le miraba la nariz, le miraba el pelo, le miraba por dentro del pelele, le pellizcaba los pies y Paco la miraba asustado. Paco era muy tranquilo pero era observador, lloraba y comía mucho. Esther no lloraba tanto, lloraba porque era un bebé pero no tanto como él. Paco estaba tranquilo hasta que veía a Esther, si veía que Esther que tiraba de la colcha de la cama, él sacaba la manita y tiraba por el otro lado, él hacía por imitación todo lo que hacía ella.
Un día que estaban juntos y les había dado un cachito de pan con mantequilla, yo me ponía a hacer las cosas de casa y los vigilaba. Cuando volví Esther le estaba poniendo el pan con mantequilla en el pelo de Paco. Por las noches cuando Paco lloraba de hambre, me levantaba para darle un biberón, me ponía sentada en la cama con él mientras se lo daba y veía que Esther sentada en su cunita me miraba con los ojos grandes sin llorar, entonces le decía a Jaime que hiciera otro biberón para ella. Otro día que los había dejado en la cama con la radio puesta, estando en la cocina me di cuenta que la radio no sonoba y fui a mirar a ver qué pasaba...y me encontré a Esther sobre la radio de pie y Paco mirándola asustado con aquella cara de pelopincho, no grité para no asustarla y que no se cayera pero me acerqué muy despacio y la cogí rápido."
Un día que estaban juntos y les había dado un cachito de pan con mantequilla, yo me ponía a hacer las cosas de casa y los vigilaba. Cuando volví Esther le estaba poniendo el pan con mantequilla en el pelo de Paco. Por las noches cuando Paco lloraba de hambre, me levantaba para darle un biberón, me ponía sentada en la cama con él mientras se lo daba y veía que Esther sentada en su cunita me miraba con los ojos grandes sin llorar, entonces le decía a Jaime que hiciera otro biberón para ella. Otro día que los había dejado en la cama con la radio puesta, estando en la cocina me di cuenta que la radio no sonoba y fui a mirar a ver qué pasaba...y me encontré a Esther sobre la radio de pie y Paco mirándola asustado con aquella cara de pelopincho, no grité para no asustarla y que no se cayera pero me acerqué muy despacio y la cogí rápido."
A medida que han pasado los años, a pesar de que son mellizos cada uno tiene un carácter diferente. Por ejemplo, Paco en el colegio destacaba más que Esther, los profesores decían que era más inteligente. También decían que él tenía más imaginación, pero que ella tenía mejor caligrafía...en fin, con el paso de los años he comprendido que muchas de las cosas que los profesores dicen pueden ser verdad, pero otras no son más que etiquetas. El caso es que los mellizos en la misma situación podían tener diferentes reacciones y eso ocurrió el primer día de colegio y el primer encuentro que Paco y Esther tuvieron con un perro. Allá vamos...
El primer día de colegio es un día muy especial no solo para los hijos sino también para los padres, sobre todo para las madres, que es en la mayoría de los casos las que pasan ese trago. La madre vivirá ese momento en función de cómo lo viva el niño, si para él es una experiencia traumática, la madre sufre. Si por el contrario el niño lo vive con una adaptación normal, la madre aunque puede "sufrir" (en el buen sentido, se emociona porque su hijo ya va al colegio) siente alivio, se va con la tranquilidad de que el colegio para su hijo no es un lugar horrible.
Paco y yo tuvimos que esperar a cumplir los cuatros años, porque no podíamos empezar el curso con tres años aunque los cumpliéramos en enero, así que Mamá tuvo que esperar un año. Llegó el primer día, íbamos por el camino, que para mí era largo y me llevó tiempo aprenderme aquel recorrido. Sentía en el estomágo esa sensación de nervios que todos pasamos con la primera vez, aún cuando somos mayores y hay que empezar un trabajo nuevo. Llegamos al colegio y habían muchas madres y niños en la zona de párvulos que era la nuestra. Allí estaba la profesora Ana con una lista, por nuestro primer apellido, que es Álamo, tuvimos el honor en casi todos los cursos y centros académicos de ser los primeros. Ese honor era relativo, algunas veces era buena suerte, por ejemplo, cuando el colegio organizaba una excursión y había que subir a la guagua por orden de lista, entonces subías con el privilegio de escoger sitio, que al final siempre era adelante porque en la parte de atrás iban los golfos. Pero otras veces, cuando hacían exámenes orales o había que hacer un ejercicio en la pizarra, te cagabas en el apellido todas las veces que pudieras, porque el primero es el que abre el camino, es el que da las ideas, así que tenías que ser muy bueno o intentar defenderte muy bien. Ana empezó a nombrar en voz alta los nombres de los niños que debían ponerse en fila para entrar al aula, tal vez había uno o dos por delante de Paco y yo, el caso es que yo me puse en la fila y Paco también, Mamá que había estado todo el rato allí mirándonos empezó a alejarse con cuidado. [primera reacción] Cuando Paco vio que Mamá se iba, de repente gritó "mamiiiii" y empezó a correr detrás de ella, cuando Mamá lo escuchó, se paró y Paco se agarró a ella y empezó a llorar. Yo miraba toda la escena angustiada y pensaba que si Paco no entraba, yo tampoco. Al final Mamá trajo a Paco para colocarlo de nuevo en la fila a mi lado, también se acercó Ana y entre las dos lo tranquilizaron. Después de un rato, entramos en el aula, no me gustaba nada, era un aula vieja, que olía a cerrado...Paco y yo entramos cogidos de la mano, yo miraba todo con pocas ganas de estar allí, hasta que me di cuenta que una niña que estaba lejos de nosotros nos miraba. Se acercó con lentitud y yo le seguía todos los pasos con mala cara, porque ni me gustaba el aula ni me gustaba ella, así que lo mejor que pude hacer (que no sé cómo lo hice) fue decirle que si se acercaba más, le pinchaba con el imperdible y se lo enseñé, lo tenía preparado en la manita abierto para dar un picotazo. Así que la niña no se acercó. Y ese fue el primer día de colegio, los días fueron pasando y ya no era tan difícil, pero nada más entrar en el aula, le decíamos a Ana que nos abriera las ventanas para decirle adiós a Mamá y cuando Ana lo hacía, allí estaba ella esperando para decirnos adiós.
Después de que el colegio dejara de ser un lugar horrible, es decir, después de adaptarnos con normalidad, llegó una de tantas mañanas en la que íbamos al colegio con Mamá, esta vez con Igor. Por el camino íbamos hablando, Mamá estaba muy pendiente a la hora de cruzar y nos dejaba correr cuando llegábamos a la última acera, que era la que estaba enfrente de la entrada del colegio, era la más ancha. Si no recuerdo mal, Paco y yo nos adelantamos, Igor iba con Mamá agarrado de su mano. Paco y yo llegamos a la entrada de una casa, que en aquella acera eran todas "casitas individuales" y nos quedamos parados esperando a Igor y a Mamá, de repente, [segunda reacción] apareció un perro marrón al otro lado de la entrada de la casa y empezó a ladrar, cuando yo lo vi, no solo los ladridos sino también su tamaño fueron motivos suficientes para pensar que lo único que podía hacer era correr. El tramo que nos separaba a los cuatro fue eterno mientras escuchaba los ladridos del perro marrón, hasta que llegué a la mano de Mamá y cuando miré para atrás con la esperanza de que Paco también estuviera a salvo como yo, cuál fue mi sorpresa cuando vi que Paco seguía allí parado, con el dedito en la boca llorando, mirando aquel perro marrón que seguía ladrando. Mamá empezó a caminar a paso ligero hasta que llegó donde estaba Paco y lo abrazó, le quitó importancia a los ladridos del perro y tranquilizó a Paco. Cuando entramos en el colegio, Mamá se encontró con otra madre con la que empezó a hablar. Aquella mujer le preguntó a Paco qué le pasaba que tenía la naricita roja y los ojos brillantes, Mamá le contó que se había asustado con un perro y yo empecé a reírme mientras miraba a Paco, hasta que mi madre me dijo muy seria, ¡Esther, no te rías de tu hermano! y yo me puse seria como Paco.
Paco, sé lo que vas a decir cuando leas esta historia y dirás: "es que ustedes de lo que no se acuerdan es que el perro saltó la puerta". Si el perro hubiera saltado, te aseguro que tu motivo para correr era mucho mejor que el mío, aunque lo hubieras hecho con el dedito en la boca pero no te hubieras quedado quieto. A veces podemos tener de las cosas un recuerdo que por como se haya vivido un determinado momento, ese recuerdo no es real y eso fue lo que me pasó a mi también el día que los mayores nos llevaron al parque grande del barrio.
Normalmente cuando salíamos a la calle, estábamos en una zona en la que Mamá nos pudiera ver, si queríamos ir un poco más lejos, Mamá nos tenía que dar permiso. Para ir al parque más grande, había que preguntarle a Mamá si podíamos ir y aquella tarde fuimos, había un perro de color negro y era enorme. Me causó tal impresión, que estuve días diciendo que en el parque del barrio había un perro gigante, cuando llegaba alguien a casa, como solía ser Francisco y Domingo, yo les decía que había un perro gigante en el parque. Si alguien decía de volver al parque yo decía que no iba porque allí había un perro gigante.
Los tres mayores cada vez que decía esa frase me miraban con una expresión no sé muy bien de qué...tal vez ellos tampoco sabían muy bien por qué yo decía eso.
Después de varios días y tal vez meses, Iván me aclaró con un tono de voz algo cansado que los perros gigantes no existen...y a mí me costó creer aquello, porque yo había visto un perro gigante, había visto como el perro llegaba de una acera a otra sin saltar, porque era gigante. Un día de camino al colegio volví a ver a otro perro igual y dije ¡ese perro es como el perro del parque!, en ese instante no me quedó más remedio que enfrentarme a mi realidad: yo había visto aquella tarde un gran-danés y no un perro gigante.
Paco te diré que yo siempre he dicho que somos diferentes, que tú eres el día y yo la noche pero no cambio ninguno de los momentos que hemos pasado por ser diferentes. Sabes que tenemos muchas historias para compartir, así que si recuerdas alguna, anímate.
Paco te diré que yo siempre he dicho que somos diferentes, que tú eres el día y yo la noche pero no cambio ninguno de los momentos que hemos pasado por ser diferentes. Sabes que tenemos muchas historias para compartir, así que si recuerdas alguna, anímate.
De verdad que lo tuyo y tus historias son mucho...
ResponderEliminarluego te escribo sobre el relato...
Que pasada, valla pedazo de historia te has pegado, muy bonita, emotiva, muy nuestra, si tienes razón sois el día y la noche, los quiero mucho.
ResponderEliminarJejejeje, sandra, yo pensé cuando la acabé que era muy larga pero si empezaba a quitar detalles, no estaba completa y para hablar de algo que no se cuenta completo, pues no se habla. Pero me alegro de que te guste. Un abrazo
ResponderEliminarYraya, no te digo nada porque ya sé que tú tienes que tener tu momento de inspiración, así que usted a su ritmo. Un beso
Antes que nada, mil perdones por no ponerme al día con los comentarios de este precioso y entretenido blog.
ResponderEliminarCuando vosotros nacieron yo no estaba ya en Tenerife, así que todo eso me lo perdí, aunque cuando hablaba con Ysora, ella me contaba parte de vuestras fechorias.
Yo me la imagino con tres chicos pequeños, porque los tres mayores todavía eran pequeños y vosotros dos, tu con tus dotes de observación y Paco con su pelopincho intentando imitarte en tus "trastadas".
Cuando os conocí, no me acuerdo bien que edad teníais, pero si que recuerdo que saltabas encima de las piernas de tu tito, ¿de ahí vendrán los golpes que se da en ellos? y luego de verte detrás mio para jugar al parchis y Paco todo tímido mirándome, eso si, enseguida me di cuenta que te tenía que poner un poco de límite porque eras incansable (y sigues).
La historia del primer día de colegio, me ha hecho salirme las lágrimas de lo que me reído, pobre Paco.
EL MAYOR TESORO de Ysora, fueron sus hijos, eso era una de las cosas, entre otras tantas, que teníamos en común y muchas veces habladas entre nosotras.
Te repito que la idea de este blog ha sido una idea ESTUPENDA, no te canses de él, estamos todos/as siguiendolo con mucho interés...a ver que toca en el siguiente?
Te he dicho que eres muy grande como persona? pues si no te lo he dicho antes, te lo digo ahora.
¡QUE GRANDE ERES PELUCHITA!
Muy buenas!! yo no te digo nada porque como ya me explicaste que cuando no escribes es porque no estás inspirada, yo espero. La verdad que la idea si ha sido buena, escribo más en este blog que en el otro, también los temas de los que hablar son diferentes.
ResponderEliminarCuando he pensado en Mamá, me he preguntado muchas veces cómo lo haría con seis hijos, con lo revoltosos que hemos sido todos, porque precisamente tranquilos no éramos. Lo de julio me lo habías contado y fíjate que de eso no me acuerdo, pero ahora entiendo sus golpes, sí, jejejejeje. Y en cuanto al colegio, imagínate la cara de Mamá, angustiadita. Sé que piensas mucho en tu hermana por vuestra relación y todas las historias que compartían.
Una cosa, a ti te llamamo peuchita, ¿tú me llamas peluchita por lo peluda que soy? jejejeje, es una broma!! te quiero mucho.