viernes, 20 de agosto de 2010

¡A comer!


En los días de invierno, lo que mejor sentaba en el estomágo era una tazita del famoso caldo de Mamá o un buen plato de potaje de lentejas, de berros y de verduras con gofio. También el rancho de Papá que tanto nos gustaba. Y a la hora de comer todos juntos en la mesa, había algo que nos encantaba y que ayudaba a dejar el plato vacío, el brovil, un concentrado de carne para dar sabor a salsas, sopas y guisos. Cuando Mamá sacaba de la despensa el brovil y lo ponía sobre la mesa, casi todos preparábamos la cuchara.

2 comentarios:

  1. Uuuufff, a mi padre (o sea tu abuelo), también le gustaba mucho, yo la verdad que siempre le he tenido repelus a estas cosas, llámame repelente que lo acepto gustosa, después de tantos piropos en el otro post, que más da.

    ResponderEliminar
  2. aaah siiii? y tus padres cómo lo conocieron, ¿en tenerife o en venezuela? hay poca gente que lo conoce, en mi casa nos encantaba y yo tengo un botito en la despensa para cuando me tomo una taza de caldo. Pues ¡no te iba a decir nada!, pero es una pena que no te gusta porque a Mamá le salía el moco.
    Por cierto todavía estoy pensando en el año que fuiste a casa y no te lo pregunté el otro día, ¿cómo y dónde dormían? pq once personas en casa, tela. Yo recuerdo una noche que tu dormiste conmigo pero no sé si fue aquel año...Mamá estaría encantada, ¿cuántos días estuviste? que ya me has dejado con la ¡intriga chiquita!

    ResponderEliminar