Tres cuartos consecutivos, el primero junto a la entrada de la casa, era hace muchos años el cuarto de los chicos, el segundo era el de las chicas y el tercero, que es el más grande, el de matrimonio. Después de varios años se hizo un cambio y entonces, el cuarto de las chicas era el primero, el segundo era el de matrimonio y el tercero el de los chicos.
El cuarto de las chicas; es el más pequeño, asombrosamente ahí habían tres camas, dos cabeceros y un gavetero. Recuerdo la lámpara, que me encantaba, si tuviera que dar una explicación...no sabría hacerlo, pero me encantaba mirar aquella lámpara amarilla. Después de muchos años la quitamos y estuvo otro tiempo guardada en el taller hasta que Igor la recuperó y volvió a ser la lámpara amarilla. Alicia dormía en el lado izquierdo pegada a la pared, Sandra en el lado derecho y yo en el medio. Las noches con Alicia y Sandra también eran divertidas, aunque no tanto como las noches con Igor y Paco. Pero sí que recuerdo alguna que otra noche de risas hasta que se nos cortaba cuando observábamos en la puerta una silueta, era Mamá, se acercaba con mucho silencio y se quedaba en la puerta sin decir nada hasta que nos asustábamos, entonces decía muy seria-me hacen el favor de callarse ya...-nos quedábamos calladas, hasta que nos daba el ataque de risas y entonces había una segunda visita más seria que la primera. También había noches que no eran tan divertidas, eran aquellas noches en las que Sandra y Alicia empezaban a hablar hasta que aparecían las diferentes opiniones. Tener opiniones diferentes no es malo, pero tratándose de ellas dos, tratándose de la edad que tenía cada una, de que son totalmente opuestas, de que una estaba a un lado y la otra al otro, lo mejor era cortar la conversación con un "hasta mañana". Pero ellas no, ellas empezaban una lucha con mi cama y yo sin esperarlo me limitaba a mirar la lámpara amarilla...alguna vez intenté que se callaran, siendo la más pequeña tenía poca autoridad porque ellas seguían, hasta que una cedía o hasta que una consideraba que ya había dicho la última palabra. Mientras Sandra sacaba el pie y golpeaba mi cama que chocaba con la de Alicia y entonces Alicia le devolvía el mismo golpe. Lo mejor eran las mañanas, mi cama tenía el cabecero que tenía el tirador de la puerta roto, por lo que había que abrirlo con un golpe seco, tampoco sabría dar una explicación de porqué con un golpe seco, son simplemente esas cosas que se aprenden con la experiencia. Sólo puedo explicar en qué consistía y era en lo siguiente: un puñetazo en el medio, justo y necesario para que se abriera la puerta, sólo uno.
Si Iván es un hombre al que le gusta adelantar y ganar tiempo, Sandra no lo valoraba tanto aunque no siempre. A Sandra le sonaba el despertador y seguramente ella se cogía cinco minutitos más, que al final nunca son cinco. Eso debe ser lo que le pasaba, porque de repente se levantaba y parecía que en el cuarto había un tornado. En el cabecero estaba su ropa y este es el momento que más odiaba. A Sandra no se le daba muy bien el golpe seco o al menos cuando tenía prisa. El golpe seco correcto era el que con un puñetazo (sólo) se abría la puerta, pues a ella no...más bien parecía que allí dentro había alguien y que Sandra lo tenía que sacar de alguna manera, porque se liaba a puñetazos con la puerta hasta que se abría. Y cuando sucedía esto debe ser que la única preocupación que tenía en ese momento es la pregunta que nos hacemos muchas mujeres: ¿qué me pongo?.
Probablemente sería así, porque había un detalle que era muy importante o por lo menos para mí, que la puerta al abrirse había que sujetarla. Éste era el detalle que le faltaba a Sandra, porque la puerta caía directamente después de tantos puñetazos sobre mi frente. Menos mal que en mi casa somos de frentes grandes y yo aguantaba el golpe...seco también. Claro después me levantaba con aquella cara, con falta de sueño y ¡con la nube tormentosa encima!. Sandra, te diré que hoy gracias a estos episodios, que no eran muy frecuentes, tengo muy claro que cuando duermo con tres personas y hay que elegir sitio, ¡nunca duermo en el medio!.
pd: te libraste de muchas gamberradas de los pequeños por el respeto que te teníamos.
Hay negra, la verdad es que me has hecho reir que hasta las lágrimas me han salido,pobrecita mi niña lo que tuvistes que aguantar, hoy día tantos años atrás te pido perdón, te quiero mucho.
ResponderEliminarPerdón, tantos años después te pido perdón.
ResponderEliminarjejeje, qué bueno sandra, me alegro de que te hayas reído. Yo también me reí mucho mientras lo escribía y de perdón nada!!!! eso son anécdotas de familia numerosa, eso sí espero que ya le hayas cogido el truco a eso del golpe seco. Tqm, un beso.
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