jueves, 1 de julio de 2010

De ji ji ji y ja ja ja

La casa no era grande, pero tampoco pequeña si tenemos en cuenta que allí vivían ocho personas y que sólo había un baño. En la cocina podíamos comer todos juntos y en el salón también. Tres dormitorios, el de matrimonio, el de los chicos y el de las chicas. La última vez que estuve en casa, concretamente en el cuarto de las chicas, me sorprendí al recordar que años atrás allí habían tres camas, dos cabeceros y un gavetero. El espacio estaba aprovechado al máximo. También una terraza y una habitación que hizo mi padre para sus herramientas, conocido para nosotros como "el taller". Y en relación con el post de hoy sobre el verano, la mejor parte del día era la noche. Igor se acercaba a mi cuarto y me preguntaba- "esther, ¿esta noche vienes a hablar?" y yo le decía que sí-ese era nuestro ritual del verano, si Iván no estaba, yo iba al cuarto de los chicos y allí hablábamos de todo, si Iván estaba también hablábamos pero era una visita más controlada. Alguna que otra vez sonaba la pared, lo que quería decir que estábamos haciendo mucho ruido y que ya era tarde. Y cuando el toque de la pared no funcionaba, a veces aparecía en la puerta Mamá muy seria o Papá un poco despeinado. El caso era que hasta que esto no pasaba hablábamos de todo y nos reíamos de todo, cuando lográbamos controlarnos para que no tocaran la pared, había otro problema: la cama de Iván.
Iván es un hombre ordenado, a él le gusta adelantar y ganar tiempo, entonces él dejaba muchas veces su cama preparada, es decir, la sábana dobladita a un lado para que estuviera fresquita. Lo que Iván no sabía es la fiesta que nosotros tres teníamos antes de que él llegara, sobre todo por Igor, a las gamberradas de Igor muchas veces le seguían las de Paco y también las mías, llegados a ese punto valía cualquier cosa, hasta la cama de Iván. Ésa que había dejado preparada para que estuviera fresquita, ahí estaba yo riéndome con su almohada en la cara. Hasta que el oído agudo de Paco lo llevaba a la ventana y entonces exclamaba-¡viene Iván!-a mí me daba por reírme más y entre risas y nervios arreglaba la cama malamente, apagaba la luz y me iba corriendo a dormir. Con el paso de los años me he dado cuenta de que realmente la cama de Iván no era el problema, seguramente Igor y Paco están de acuerdo conmigo...era otra cuestión, el problema era que Iván es una estufita andante y cuando llegaba con la esperanza de echarse sobre su sábana fresquita y se encontraba todo lo contrario, debía tener ese momento de agobio que tenemos todos en verano cuando ya no sabemos qué hacer para dejar de tener calor. Me imagino que Igor y Paco se llevarían alguna bronca, porque aunque nosotros éramos rápidos, más rápido era Iván para ver que la luz estaba encendida y claro, más encendido y caluroso llegaba él si sabía que se iba a encontrar su cama caliente. Y yo mientras en mi cama, que sí estaba fresquita. Iván, lo sentimos mucho y sabemos que tú eres el mayor, pero lo que pasaba allí de noche, era la fiesta de los pequeños, de ji ji ji y ja ja ja.

2 comentarios:

  1. Cuantos recuerdos, cabrona negra chica, tqm.

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  2. jejeje, tú no te preocupes que seguramente habrá también una historia en la que tú eres la protagonista. Un beso, tqm.

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