viernes, 30 de julio de 2010

Preocupaciones y garabatos

Miraba aquellas letras que por más que me preguntaba qué pone, no entendía nada...Sandra me lo decía, ella escribía muy rápido. Otro día apoyada en el marco de la puerta miraba como Iván pasaba las hojas del calendario, habían doce...¿cómo sería capaz de aprenderme tantos meses?, ¡eran doce!. Otro día miraba los apuntes de Alicia, hojas y hojas, ella se las aprendía todas. Tenía que aprender a escribir tan rápido como lo hacía Sandra, aprenderme los meses del año como Iván y estudiar tantos apuntes como lo hacía Alicia...demasiados datos. De pronto pensé, pero ni siquiera sé escribir mi nombre, qué pasará cuando vaya al colegio y tenga que escribir mi nombre, había que buscar una solución.
Aquel día se lo dije a Mamá, le pregunté cómo se escribía mi nombre y ella con mucha atención y cuidado cogió un bolígrafo y lo puso en mi mano. Su mano agarraba la mía y sobre un papel escribió un garabato guiado por su mano que dejaba leer "esther". Cuando llegó mi momento, no tenía ninguna preocupación, si la profesora no sabía escribir mi nombre, ya lo haría yo que para eso es mi nombre...pero en aquel momento frente al papel deseando hacer el mismo garabato, que me había enseñado Mamá, no pude escribir nada, miré a la profesora y dije "me llamo esther". Y mi preocupación se convirtió en angustia pasajera, muy pasajera. La profesora se alejó con mi nombre apuntado y yo la miraba pensando ¿por qué no pude escribirlo?. Con el paso del tiempo, una buena amiga (profesora) me explicó que al principio la memoria de los niños cuando son muy pequeños retienen imágenes, para los conceptos muy abstractos es pronto. También era pronto para preocupaciones, pero la primera persona que me enseñó a escribir fue Mamá.

miércoles, 28 de julio de 2010

El plátano machacado

La cocina, recuerdo que tenía una mesa pequeña y el día que la cambiaron, regresaba del colegio muy contenta sólo por ver la mesa nueva. Cuando la vi me pareció enorme, de color blanco con forma ovalada, para seis personas. Las sillas eran modernas también, por fin podíamos comer y cenar todos juntos. Con el paso del tiempo le dimos mucho uso, porque no sólo comíamos y cenábamos, sino que además por las tardes hacíamos la tarea allí y alguna que otra noche fue escenario de los playmobil. Cada uno tenía su sitio favorito, Sandra, Iván, Alicia y Paco se sentaban en los laterales. Iván al lado de Paco y Sandra al lado de Alicia, Igor y yo presidiendo la mesa.
Aquel día habíamos terminado de comer, pero todavía quedaba el postre y como habían plátanos, el postre era un plato de "plátano machacado". Éste es un postre típico de las Canarias, su elaboración es muy sencilla y está muy bueno. Se machaca en el mismo plato el plátano con un tenedor, se añade azúcar y gofio, a continuación echamos un poco de leche y mezclamos todos los ingredientes. Por último se puede añadir galletas en trozos. En mi casa nos gustaba mucho este postre sobre todo a Paco y Alicia, ella era muy rápida haciéndolo. Ella tenía su plátano machacado en su mano, lo único que faltaba era sentarse en su sitio y disfrutar de él, eso era lo ideal. De repente, Alicia tropezó con la pata de la mesa y todo el empeño que había puesto en el típico postre se sintió amenazado, su cuerpo fue hacia adelante y su rodilla cayó sobre la silla. Mientras Paco, Igor y yo estábamos quietos expectantes, mirando toda la situación que parecía ir a cámara lenta, ¿qué pasaría con Alicia y el plátano machacado?...ella como si nos leyera la mente siguió, puso una mano en la silla y su cuerpo se cayó sobre las dos sillas y al otro lado de la mesa vimos que había desaparecido, excepto su brazo que en lo alto mantenía con un equilibrio asombroso el plátano machacado. Después de las consiguientes risas, Alicia se levantó como si hubiera ganado una batalla, se sentó y disfrutó de su postre. Ali te diré que cada vez que comía con Paco e Igor y nos hacíamos un plátano machacado, siempre alguno de los tres recordaba este momento.

miércoles, 7 de julio de 2010

Pumuki

Pocas personas son las que lo conocen, pero a nosotros nos gustaba mucho, no era como los demás dibujos, era diferente, era Pumuki.
Pumuki es un duendecillo creado en 1961 por Ellis Kaut, es invisible para todo el mundo, salvo para el carpintero Eder con el que vive. Pumuki fue la primera serie de televisión en mezclar animación con imagen real, creo que por eso nos gustaba tanto.

martes, 6 de julio de 2010

El golpe seco

Tres cuartos consecutivos, el primero junto a la entrada de la casa, era hace muchos años el cuarto de los chicos, el segundo era el de las chicas y el tercero, que es el más grande, el de matrimonio. Después de varios años se hizo un cambio y entonces, el cuarto de las chicas era el primero, el segundo era el de matrimonio y el tercero el de los chicos.
El cuarto de las chicas; es el más pequeño, asombrosamente ahí habían tres camas, dos cabeceros y un gavetero.  Recuerdo la lámpara, que me encantaba, si tuviera que dar una explicación...no sabría hacerlo, pero me encantaba mirar aquella lámpara amarilla. Después de muchos años la quitamos y estuvo otro tiempo guardada en el taller hasta que Igor la recuperó y volvió a ser la lámpara amarilla. Alicia dormía en el lado izquierdo pegada a la pared, Sandra en el lado derecho y yo en el medio. Las noches con Alicia y Sandra también eran divertidas, aunque no tanto como las noches con Igor y Paco. Pero sí que recuerdo alguna que otra noche de risas hasta que se nos cortaba cuando observábamos en la puerta una silueta, era Mamá, se acercaba con mucho silencio y se quedaba en la puerta sin decir nada hasta que nos asustábamos, entonces decía muy seria-me hacen el favor de callarse ya...-nos quedábamos calladas, hasta que nos daba el ataque de risas y entonces había una segunda visita más seria que la primera. También había noches que no eran tan divertidas, eran aquellas noches en las que Sandra y Alicia empezaban a hablar hasta que aparecían las diferentes opiniones. Tener opiniones diferentes no es malo, pero tratándose de ellas dos, tratándose de la edad que tenía cada una, de que son totalmente opuestas, de que una estaba a un lado y la otra al otro, lo mejor era cortar la conversación con un "hasta mañana". Pero ellas no, ellas empezaban una lucha con mi cama y yo sin esperarlo me limitaba a mirar la lámpara amarilla...alguna vez intenté que se callaran, siendo la más pequeña tenía poca autoridad porque ellas seguían, hasta que una cedía o hasta que una consideraba que ya había dicho la última palabra. Mientras Sandra sacaba el pie y golpeaba mi cama que chocaba con la de Alicia y entonces Alicia le devolvía el mismo golpe. Lo mejor eran las mañanas, mi cama tenía el cabecero que tenía el tirador de la puerta roto, por lo que había que abrirlo con un golpe seco, tampoco sabría dar una explicación de porqué con un golpe seco, son simplemente esas cosas que se aprenden con la experiencia. Sólo puedo explicar en qué consistía y era en lo siguiente: un puñetazo en el medio, justo y necesario para que se abriera la puerta, sólo uno.
Si Iván es un hombre al que le gusta adelantar y ganar tiempo, Sandra no lo valoraba tanto aunque no siempre. A Sandra le sonaba el despertador y seguramente ella se cogía cinco minutitos más, que al final nunca son cinco. Eso debe ser lo que le pasaba, porque de repente se levantaba y parecía que en el cuarto había un tornado. En el cabecero estaba su ropa y este es el momento que más odiaba. A Sandra no se le daba muy bien el golpe seco o al menos cuando tenía prisa. El golpe seco correcto era el que con un puñetazo (sólo) se abría la puerta, pues a ella no...más bien parecía que allí dentro había alguien y que Sandra lo tenía que sacar de alguna manera, porque se liaba a puñetazos con la puerta hasta que se abría. Y cuando sucedía esto debe ser que la única preocupación que tenía en ese momento es la pregunta que nos hacemos muchas mujeres: ¿qué me pongo?.
Probablemente sería así, porque había un detalle que era muy importante o por lo menos para mí, que la puerta al abrirse había que sujetarla. Éste era el detalle que le faltaba a Sandra, porque la puerta caía directamente después de tantos puñetazos sobre mi frente. Menos mal que en mi casa somos de frentes grandes y yo aguantaba el golpe...seco también. Claro después me levantaba con aquella cara, con falta de sueño y ¡con la nube tormentosa encima!. Sandra, te diré que hoy gracias a estos episodios, que no eran muy frecuentes, tengo muy claro que cuando duermo con tres personas y hay que elegir sitio, ¡nunca duermo en el medio!.
pd: te libraste de muchas gamberradas de los pequeños por el respeto que te teníamos.

jueves, 1 de julio de 2010

De ji ji ji y ja ja ja

La casa no era grande, pero tampoco pequeña si tenemos en cuenta que allí vivían ocho personas y que sólo había un baño. En la cocina podíamos comer todos juntos y en el salón también. Tres dormitorios, el de matrimonio, el de los chicos y el de las chicas. La última vez que estuve en casa, concretamente en el cuarto de las chicas, me sorprendí al recordar que años atrás allí habían tres camas, dos cabeceros y un gavetero. El espacio estaba aprovechado al máximo. También una terraza y una habitación que hizo mi padre para sus herramientas, conocido para nosotros como "el taller". Y en relación con el post de hoy sobre el verano, la mejor parte del día era la noche. Igor se acercaba a mi cuarto y me preguntaba- "esther, ¿esta noche vienes a hablar?" y yo le decía que sí-ese era nuestro ritual del verano, si Iván no estaba, yo iba al cuarto de los chicos y allí hablábamos de todo, si Iván estaba también hablábamos pero era una visita más controlada. Alguna que otra vez sonaba la pared, lo que quería decir que estábamos haciendo mucho ruido y que ya era tarde. Y cuando el toque de la pared no funcionaba, a veces aparecía en la puerta Mamá muy seria o Papá un poco despeinado. El caso era que hasta que esto no pasaba hablábamos de todo y nos reíamos de todo, cuando lográbamos controlarnos para que no tocaran la pared, había otro problema: la cama de Iván.
Iván es un hombre ordenado, a él le gusta adelantar y ganar tiempo, entonces él dejaba muchas veces su cama preparada, es decir, la sábana dobladita a un lado para que estuviera fresquita. Lo que Iván no sabía es la fiesta que nosotros tres teníamos antes de que él llegara, sobre todo por Igor, a las gamberradas de Igor muchas veces le seguían las de Paco y también las mías, llegados a ese punto valía cualquier cosa, hasta la cama de Iván. Ésa que había dejado preparada para que estuviera fresquita, ahí estaba yo riéndome con su almohada en la cara. Hasta que el oído agudo de Paco lo llevaba a la ventana y entonces exclamaba-¡viene Iván!-a mí me daba por reírme más y entre risas y nervios arreglaba la cama malamente, apagaba la luz y me iba corriendo a dormir. Con el paso de los años me he dado cuenta de que realmente la cama de Iván no era el problema, seguramente Igor y Paco están de acuerdo conmigo...era otra cuestión, el problema era que Iván es una estufita andante y cuando llegaba con la esperanza de echarse sobre su sábana fresquita y se encontraba todo lo contrario, debía tener ese momento de agobio que tenemos todos en verano cuando ya no sabemos qué hacer para dejar de tener calor. Me imagino que Igor y Paco se llevarían alguna bronca, porque aunque nosotros éramos rápidos, más rápido era Iván para ver que la luz estaba encendida y claro, más encendido y caluroso llegaba él si sabía que se iba a encontrar su cama caliente. Y yo mientras en mi cama, que sí estaba fresquita. Iván, lo sentimos mucho y sabemos que tú eres el mayor, pero lo que pasaba allí de noche, era la fiesta de los pequeños, de ji ji ji y ja ja ja.

Dos mujeres, dos princesas

Alguna vez me quedé lejos, al lado de la  puerta observando cómo se maquillaban, de la misma forma que observaba cómo se afeitaba Iván en el baño. Ellas se ponían frente al espejo y sus manos con mucha agilidad y delicadeza lograban resaltar sus rasgos más femeninos, que sin maquillaje eran expresivos, en cuestión de minutos estaban listas.  Eran princesas totalmente opuestas. Como las describe Rosi, una (Sandra) es puro sentimiento, la otra (Alicia) transmite mucho respeto. Sandra es una belleza salvaje, impactante, atractiva, es una mujer que necesitas mirar una segunda vez. Alicia es una belleza elegante, que hechiza desde la primera mirada, a pesar de lo diferentes que son tienen muchas cosas en común.  Querían ser princesas, que en algún momento soñaban con un príncipe...¿azul?, más bien de color indefinido, hasta la medianoche y también pasada la medianoche. Alguna que otra vez volvían a casa con los ojos tristes, limpiaban el maquillaje de su cara y se convertían por la mañana en cenicientas mientras pasaban los días, meses y años. Lo que ellas no saben es que después de aprender una y otra vez de los falsos principitos, hoy son por ellas mismas grandes mujeres, totalmente opuestas pero para mí siguen siendo dos princesas.

pd: este post está dedicado a Sandra y Alicia, los chicos tienen el suyo en Aquellas tardes...
pd: ¿Rosi tú eres la Hada Madrina?


El verano


Hoy me ha despertado la luz que entra por la ventana y he pensado a pesar de los días que han pasado que es verano, intenté explorar un poco más la cama pero al final he durado muy poco. Hace muchos años esto era de otra forma, hace muchos años cuando mis únicas preocupaciones eran escolares frente a los miles de pajaritos de colores que tenía en la cabeza, me quedaba un ratito más con la almohada encima de la cara. Por un pequeño espacio miraba como Alicia hacía su cama, siempre era más rápida que yo, escuchaba quienes estaban levantados y también escuchaba la tele, por lo que seguramente era Igor quien estaba en el salón. El caso era que por fin era verano, nos esperaban días de playa, algún que otro día de monte, pero los días de playa eran los favoritos, jugar en el agua, en la arena con los playmobil, coger sol y sobre todo las ensaladas de arroz que preparaba Mamá, las arepas, los refrescos, el gazpacho, qué alegría. Aunque lo más pesado era el trayecto de casa hasta la playa, porque íbamos todos juntos, literalmente todos juntos, como buena familia numerosa. Los tres pequeños encima de los tres mayores, uno encima del otro. Igor disfrutaba mucho el verano, le encantaban las vacaciones escolares. A pesar de esto algún día que Mamá no estaba, aunque fuera verano estaban los mayores por lo que había que portarse bien para evitar precisamente sus funciones de mayores, pocas veces lo logramos. Pero teníamos esa "libertad" que tienen los niños en verano, no teníamos un horario tan estricto para ir a dormir, también teníamos que hacer las tareas de casa y podíamos salir a la calle para jugar con los vecinos hasta una hora prudente, entonces Mamá se asomaba a la ventana y anunciaba el momento de subir a casa. Sin embargo, había un detalle del que no nos librábamos por mucho que fuera verano y por mucho calor que hiciera, no había una hora fija pero casi siempre era por las tardes y Mamá no lo dejaba pasar hasta que se aseguraba de que habíamos cumplido con él: el cuaderno de verano de santillana.

pd: todavía hoy puede ser que tenga en mi cabeza varios pajaritos de colores, ¡¡¡ya lo digo yo que los conozco!!!