jueves, 26 de agosto de 2010

¡Feliz cumpleaños Janet!

Hoy es un día muy especial, hoy es el cumpleaños de Janet, la segunda hija de Sandra. Hoy hace once o doce años, esperaremos a que Sandra lo confirme, que Janet es una más de la familia. Yo descubrí mi instinto maternal muy pronto, aunque de esto hablaré más adelante, la historia de hoy está dedicada a la cumpleañera. Janet era una niña preciosa, con los ojos negros, el pelo rizado, la cabecita redonda, la naríz de Rafa y muy risueña como Gladys. A mí me encantaba cogerla cuando Sandra terminaba de darle el biberón y dormirla en el sillón de la sala. Mamá quería mucho a Gladys y también a Janet, si fue una mujer que con seis hijos fue una madre muy buena, con Gladys y Janet fue una gran abuela. Con el paso del tiempo la cuchi (que era así como la llamábamos) era una niña muy inquieta, hasta que un día Sandra le explicó a Mamá, que el pediatra había dicho que era una niña hiperactiva, a partir de ese momento entendimos todos por qué Janet era así. Cuando Sandra venía a casa, Mamá siempre nos avisaba, entonces todo lo que hubiera en la sala que fuera frágil, lo escondíamos. Aquella niña era como un torbellino, no paraba ni un segundo. Pero recuerdo aquel día, un día cuando llegué a la sala, encontré a Janet sentada en el sillón con su carita triste. Le pregunté qué hacía allí, ella me miró y con su carita pequeña me dijo "estoy abuyía". Me sorprendió mucho que una niña pequeña pudiera aburrirse, pero pronto comprendí que tal vez echara de menos aquellos detallitos que tanto llamaban su atención, todo lo que estaba guardado. Se me ocurrió una idea y sentándome a su lado le pregunté "¿tú quieres jugar al castillo encantado?", a Janet se le abrieron los ojos y con una sonrisa enorme me dijo que sí. Llamé a Gladys y le expliqué el juego para que jugara con nosotras, así que estuvimos horas paseando por toda la casa, debajo de la mesa, detrás del sillón, pegadas a la pared, escondidas detrás de las sillas...ellas se lo pasaron muy bien, cuando pasábamos delante del sillón en el que estaban Sandra y Mamá hablando, yo decía "¡cuidado! y vamos rápido, que ahí están las brujas" y en algún momento una de las dos o las dos nos miraban y nos picaban el ojo o hacían su papel de brujas, entonces nosotras tres que íbamos gateando íbamos más deprisa y ellas lo hacían con aquella risa infantil. Yo también lo pasaba muy bien, eso sí cuando llegaba la noche y me acostaba, estaba agotada.
Hoy Janet es una niña grande, se parece mucho a Rafa, es muy guapa, con su pelo rizado, sus pecas y sus ojitos negros, es algo tímida pero sigue siendo una niña muy risueña. Y cuando tiene confianza, que para eso no tarda mucho, sigue siendo un torbellino que no para. Quiere mucho a Igor, tal vez porque ella tiene como su tío ese punto de gamberrete, pero en chica, sí que lo tiene.
Aquella noche dormían en el cuarto de las chicas, en la misma cama Gladys y Janet juntas, Sandra las había bañado y les había dado la cena, así que era hora de irse "a mumú". Después de un rato, me di cuenta que todavía estaban despiertas y lo supe porque escuché al pasar cerca de la puerta, la risa de Gladys. No le di más importancia hasta que vi que aquella risa iba a más...entonces preguntándome qué estarían haciendo entré con silencio y las observé desde la puerta, Janet miraba algo en la pared y Gladys miraba lo mismo pero a veces hundía la cara en la almohada para reírse sin parar. Encendí la luz y les pregunté qué estaban haciendo, Gladys siguió en la almohada y Janet me miró con esa cara con la que intenta decir "no he hecho nada, pero es mejor que no lo veas", enseguida algo de la pared llamó mi atención y cuando miré lo mismo que miraban ellas dos comprendí la fiesta que tenían aquella noche...me encontré en la pared unos moquitos a los que solo les faltaba el nombre de janet, con su pelo rizado, había muchos, miré a Janet muy seria y enseguida se tapó la boca y empezó a reirse acompañando a su hermana. Yo tenía que hacer un papel de tía y además en aquel momento de tía seria, así que me mantuve seria y le dije "Janet, esto es una cochinada y no se hace, voy a salir del cuarto y cuando entre, voy a mirar la pared y quiero que esté limpia, ¿vale Janet?"...Janet que estaba ya más seria escuchó todo aquello sin reírse, Gladys también dejó de reírse, después la que se reía fuera del cuarto era yo, esperé un ratito y escuché como Gladys le decía "quita los mocos que Esther va a venir otra vez". Cuando entré los trofeos de Janet habían desaparecido de la pared, les pregunté "¿se van a portar bien?" y me dijeron las dos que sí, con una cara cada una de no romper un plato...cuando salí volvieron a su fiesta pero sin hacer ninguna gamberrada.
Así era Janet. Hoy quiero que sepas Janet, que tus tíos y yo te queremos mucho y espero que haya sido un día muy especial para ti, que te hayas divertido mucho y que te haya gustado esta historia. Un abrazo enorme.
pd: ¿Sandra tú sabes por qué el nombre de cuchi, te acuerdas? porque yo no.
pd: mmmmm...¿o tal vez trece?.

domingo, 22 de agosto de 2010

La música

En mi casa siempre nos ha gustado la música, a todos, cada uno con gustos diferentes, pero siempre hacíamos todo con música. Tal vez la principal influencia fue Mamá, tal vez con los tres mayores escuchaba música como lo hizo con los tres pequeños y tal vez a partir de esa costumbre cada uno empezó a sentir curiosidad por los estilos y a descubrir sus gustos musicales.
La música era algo que nunca faltaba, para limpiar, para ordenar el cuarto, para bañarse, para poner el árbol de Navidad y el Belén, para hacer la tarea, para todo. Y así fue como conocimos diferentes grupos y cantantes por aquella época. Aquellas tardes en las que los tres pequeños hacíamos la tarea juntos en la cocina, poníamos el cassette de Iván sobre la nevera y escuchábamos con atención el programa en el que participaba, Radio Poeta. Muchas veces nos sorprendíamos por escuchar a Iván presentar una canción, ¡aquel chico era nuestro hermano y estaba en la radio!, por eso muchas veces nos dedicaba canciones.
Él preparaba las cintas, que usaba en aquel programa, con mucho cuidado. En mi casa que a la hora de hacer las cosas somos muy perfeccionistas, si el trabajo de Iván era algo que se escuchaba en la radio, tenía que hacerlo bien y lo hacía muy bien. A nosotros nos gustaban aquellas cintas que escuchábamos cuando él no estaba, sobre todo Paco. Pero había una canción que nos encantaba, Paco la repetía una y otra vez y no nos cansábamos de escucharla...en la canción (que no sé cuántas versiones habrá) se oía un hombre que hablaba inglés, un helicóptero y, casi al final, un monstruo y una chica que gritaba, todo esto acompañado de una magnífica guitarra eléctrica. Hoy si le describes a Paco ese tramo, con toda seguridad te dirá el nombre del grupo. En cuanto a Radio Poeta, ya que fue para nosotros una puerta abierta a la música, Iván me gustaría que nos contaras un poco cómo funcionaba, qué hacías tú, cómo conociste aquel grupo, cuándo se emitía, todo lo que recuerdes. Así que para refrescar un poco la memoria y ponerles los pelos de punta, como nos ha pasado hoy a Igor y a mí, en honor a nuestro gusto por la música les dejo el siguiente video.



viernes, 20 de agosto de 2010

El thriller de los tres pequeños

Los tres pequeños siempre estábamos juntos, por lo que jugábamos juntos, hacíamos la tarea juntos y veíamos la tele juntos. Así conocimos por el año 1.984 o tal vez 1.985 a Michael Jackson y el vídeo de Thriller. No sé a quién de los tres se le ocurrió la idea, pero nos propusimos un objetivo y era que el que fuera capaz de ver el vídeo completo, ganaba. Teniendo en cuenta, que el año de nacimiento de los mellizos es 1.981 y el del pechu 1.982, y que el impacto que tuvo el vídeo musicalmente fue enorme no sólo por los efectos especiales sino por el incremento de ventas que tuvo el álbum, ese objetivo nunca se cumplió. Mejor, porque si se hubiera cumplido, lo único que se podía ganar era una tremenda crisis de ansiedad que hubiera despertado todos los tics juntos. Cuando llegábamos al minuto 5.32 empezábamos a tener miedo, pero había  que aguantar, nos agarrábamos al sillón aguantando. Al llegar al minuto 5.55 el miedo había crecido, nos tapábamos la cara y mirábamos a través de las manos, pero a partir de ahí al ver a todos los "compañeros chungos" que tenía Miguel, la cara se nos desfiguraba, se nos abrían los ojos y la boca, estábamos invadidos por el pánico que nos causaba aquellas imágenes, pasábamos por todos los grados del miedo hasta que nos daban ganas de llorar al pensar que aquellos muertos fueran de verdad. Hasta que uno de los tres se levantaba, que casi siempre era Igor y se iba corriendo, entonces Paco y yo íbamos detrás, porque thriller era el que teníamos en el sillón. No llegábamos al minuto 7.13, que es la parte que más me gusta, nos íbamos a esconder, a ponernos a salvo y a intentar olvidar aquel video que nunca vimos terminar. Después de muchos años observé que a mi  sobrina Gladys le pasaba lo mismo, le decíamos que era muy pequeña para ver ese vídeo, ya sabemos que no hay nada peor que prohibirle a un niño algo, así que ella se empeñaba en verlo hasta que un día la dejamos y tuvimos que cambiar el canal, porque la niña se quedaba delante del televisor horrorizada, igual que nosotros. Así que hoy en honor a nuestro objetivo, que no cumplimos, aquí dejo el vídeo, aunque la calidad de la imagen no es muy buena, escogí este por la traducción de la letra.



¡A comer!


En los días de invierno, lo que mejor sentaba en el estomágo era una tazita del famoso caldo de Mamá o un buen plato de potaje de lentejas, de berros y de verduras con gofio. También el rancho de Papá que tanto nos gustaba. Y a la hora de comer todos juntos en la mesa, había algo que nos encantaba y que ayudaba a dejar el plato vacío, el brovil, un concentrado de carne para dar sabor a salsas, sopas y guisos. Cuando Mamá sacaba de la despensa el brovil y lo ponía sobre la mesa, casi todos preparábamos la cuchara.

martes, 17 de agosto de 2010

La tía Rosi

Aquel año que por más memoria que hago no logro recordar, fue el año que conocí a la tía Rosi, es decir, la hermana de Mamá, concretamente en Navidad. Ella ya me conocía, como tía que es, por fotos y por cartas que mantuvo con su hermana, pero mi primer recuerdo es de aquel año. Le cogí mucho cariño y quería estar todo el rato con ella, después de muchos años me contó algo de lo que me reí mucho, por ella y por mí. Porque ahora que nos conocemos bien, me imagino la situación y me hace mucha gracia. Rosi recuerda aquellos días: "Esther me tenía agobiadita, me veía sola y me preguntaba si me aburría y si quería jugar con ella al parchís...a cada rato me preguntaba lo mismo y yo tuve que hablar con Ysora para que la niña me dejara de preguntar tanto".
Ahora que nos conocemos bien, pienso en dos cosas, o realmente yo era pesada o realmente estaba agobiada, porque la tía tiene paciencia, pero reconozco que yo también tenía muchas ganas de jugar al parchís. En fin, pasó la Navidad y con ella otro año más, después pasó otro año y así varios hasta que llegué a sexto de E.G.B.
El cambio de quinto a sexto fue para mí fuerte, en cuanto al ritmo de estudio y volumen, ya que eran casi las mismas materias pero con más densidad y esto exigía más atención y la atención requiere más concentración. Hubo también un cambio de profesores y eso implicaba adaptación por parte del alumno y también del profesor, era otra etapa. Las asignaturas que peor se me daban eran matemáticas (como siempre), sociales y naturales. Matemáticas la enseñaba una profesora llamada Conchi, que a pesar de su expresión severa luego era muy buena. Sociales la explicaba Enrique, que tampoco lo hacía nada mal y naturales, don Salvador...este señor era el punto y a parte del colegio. Aunque no lo puedo confirmar con seguridad, creo que era el profesor más viejo, tal vez uno de tantos motivos para su poca paciencia. Acompañado de su barriga vieja, que se marcaba bajo aquella bata blanca, como el científico que trabaja en el laboratorio, con una voz cascada por los años de enseñanza, la vejez y el cigarro. Alguna que otra vez se quedaba dormido sobre su mano mientras alguien leía, otras veces se paseaba por el aula y otras veces lograba un silencio absoluto con aquel mal genio que tanto imponía. Si a todo esto le añadimos el único hecho de que su asignatura era una de las que peor se me daba, el único resultado que obtenía, fue el mismo en los tres trismetres: SUSPENSO. Y desde este momento, la única tarea que tenía en verano, era estudiar naturales.
Mamá cuando llegó el verano, esperó a que pasaran unos días, tal vez una semana o quizás dos desde el final del curso para descansar un poco. Y cuando decidió que los días que pasaron fueron suficientes, me dió la noticia  también con varios días de antelación para que me fuera mentalizando:

- Mamá: Esther, ¿tú sabes que tienes que estudiar naturales, verdad?.- Dijo ella cuando vio que Esther se iba de la cocina.
- Esther: Si....- Contestó mirando para atrás.
- Mamá: ¿y ya sabes los temas que son?.- Preguntó de nuevo mientras preparaba la comida.
- Esther: Si, porque la tutora me dio la hoja con los temas que entran.- Aclaró.
- Mamá: Ah...pues yo te voy a decir una cosa, va a venir Rosi para ayudarte a estudiar.

En ese momento, aunque la noticia era suave, también era directa y clara, por lo que yo no necesité mucho más para que mi sistema de nervios se viera afectado y, de repente, me invadió una preocupación enorme. Y lo único que pude añadir junto con mi expresión de angustia, fue:

- Esther: Mami...¿y tiene que ser Rosi?.- Esperando algo diferente.
- Mamá: Sí, porque Rosi va a estar aquí varios días y ella te puede ayudar.- Dijo ella intentando eliminar la preocupación.
- Esther: Pero es que yo no quiero que sea Rosi, yo puedo estudiar sola.- Respondíó Esther intentando convencer a Mamá.
- Mamá: Pero mira Esther, si ella está aquí y te puede ayudar, ¿qué te cuesta ponerte una horita todos los días con ella?...te puedes poner por las mañanas y luego tienes toda la tarde libre.- Explicó Mamá mirando a Esther.
- Esther: vale....- Añadió sin más argumentos.

Ése era el plan, yo a pesar de aceptarlo esperaba que la tía tuviera muchas cosas que hacer, porque confíaba en que podía hacerlo yo sola, pero todas mis esperanzas se borraron cuando Mamá, como mujer inteligente y madre de seis hijos, supo cuándo lanzar la noticia, entonces añadió que Rosi vendría el miércoles. ¡Estaba todo planeado entre ellas! y no me quedaba otra que estudiar con Rosi. Ese día que yo no quería que llegara y si llegaba porque no quedaba otra, pues deseaba que aquella mujer le hubiera surgido algún plan más divertido que ayudar a su sobrina a estudiar, sonó el timbre y cuando Mamá abrió la puerta, entró Rosi. Y en ese instante lo vi, todo el cariño que le había cogido a aquella señora se había convertido en miedo cuando la miré y observé aquella expresión, era la seriedad en persona, aquella forma de mirar igual que su padre. En ese momento para mí no existía el estirón del verano que dan los niños, me sentí diminuta delante de la tía que con naturalidad me preguntaba si ya estaba preparada y como respuesta yo debía irme al cuarto de mis padres y estar allí durante una hora estudiando la asignatura que impartía don Salvador. Allí miraba el libro, leía y repetía una y otra vez. Ponía una marca en una palabra y otra al final de un párrafo, ese contenido tenía que aprenderlo exactamente pero no porque Rosi lo exigiera, sino por mi miedo, era él quien lo exigía. Y cuando veía que todo lo que había marcado, lo sabía lograba olvidarme del miedo hasta que veía que había llegado la hora. Cuando pasaba la hora, yo tenía que avisar a Rosi y ella vendría al cuarto a hacer todo tipo de preguntas sobre mi rato de estudio. Aquel instante era eterno, yo me sentaba en la cama de mis padres y ella también lo hacía, a mi lado, se ponía el libro sobre las piernas y con la misma expresión de seriedad con la que entraba a casa o más, empezaba el interrogatorio. Y en ese momento descubrí que la temperatura de mis manos no solo cambiaba porque hiciera mucho frío, sino porque mi estado de nervios estaba alterado, cuando cerré los puños sentí una sensación de humedad, sentía que los dedos se resbalaban y con mucho cuidado, deslizaba las manos sobre mis muslos intentando secar el sudor de mis manos. Rosi mientras tanto, observaba el texto en silencio y pensaba la pregunta, tal vez observara que realmente en mi diminuta persona había un estado de nervios, porque me miraba y dejaba escapar una sonrisa, a la que yo correspondía con ilusión intrepretando que ya no habían más preguntas, pero cuál fue mi sorpresa y frustración cuando vi que el interés que aquel libro despertaba en mi tía, la hacía pasar de hoja y ¡fuera sonrisa y nueva ronda de preguntas!, por lo que mi ilusión terminaba ahogada en mis manos y yo no tenía más remedio que esforzarme para darle la respuesta correcta. Si el sudor sirviera para pulir un objeto de gran tamaño, en aquel instante siendo todavía una niña hubiera sido una profesional con tan solo dos manitas sudorosas y si mis dedos hubieran sido amantes, ¡cuántas posturas aprendieron!. Cuando Rosi consideraba que al cabo de varias preguntas la lección estaba aprendida, después de mi mal trago me animaba, me decía que me lo sabía muy bien, que si estudiaba todos los días así aprobaría, me apretaba contra ella y me indicaba el final de mi hora de estudio. Yo salía de la habitación aliviada, porque me sabía la lección, porque mi rato con la tía había acabado y porque recuperaba el estado normal de mis manos. Y a pesar de esto, cuando Rosi volvió a Barcelona una parte de mí la echaba de menos. Rosi había logrado que cogiera el hábito de estudiar una hora todos los días, que estudiara bien y sobre todo que me aprendiera el contenido. Después de varios días, conseguí estar más tranquila a su lado aunque mis manos nunca dejaron de sudar y esa compañía tuvo que sustituirla Mamá, para mantener el hábito y conseguir el aprobado. Mamá lo hacía como ella, miraba el texto y me hacía preguntas. El día del examen, estaba nerviosa, pero también tranquila y lo demostré de la mejor forma, recordando todo lo que había aprendido con Rosi y con Mamá. Cuando me dieron las notas, sentí una alegría enorme, no me lo creía, había aprobado naturales con aquel señor y así lo indicaba el boletín: BIEN.
Después de tantos días y de tanto empeño, se lo tenía que decir a Rosi y eso me hizo pensar en el cariño que le había cogido y recuperarlo. Mamá se lo dijo por teléfono y ella se alegró mucho. Rosi me enseñó que el objetivo que una persona se proponga, se puede alcanzar con voluntad y esfuerzo.
Hoy que nos conocemos bien, puedo decir que es una persona muy importante para mis hermanos y para mí, influye a la hora de tomar una decisión, de darle un enfoque diferente a las cosas. Su seriedad es dependiente del momento y de la persona a la que se dirige, porque con el paso de los años conocí a una mujer divertida, impulsiva, cariñosa, generosa, comprensiva, carismática, un encanto de mujer y persona, con muchas cosas en común  con Ysora, como ella la llamaba. Mis hermanos y yo la queremos muchísimo, como le he dicho alguna vez, porque es un cachito de Mamá. Después de tantos años, he cambiado las preguntas que hice siendo una niña, ahora pregunto ¿qué vas a hacer ahora? y alguna vez espero que diga jugar al parchís, pero la tía que no quiere. Ya no me sudan las manos y aunque ahora soy yo quien le altera el estado de nervios, la echo de menos con mucha frecuencia.

pd: espero que las pelotas de gofio las aprovechen para un buen escaldón.

sábado, 14 de agosto de 2010

Los mellizos

Los mellizos son Paco y Esther, el primero nació a las 14.15 de la tarde y la segunda a las 14.30. Paco tuvo más peso que Esther pero menos que Igor. Esther tuvo que pasar varios días en el hospital debido al poco peso. El día que Mamá se llevó, por fin, a Esther a casa, desde ese momento pasarían mucho tiempo juntos y el primero de ellos fue en la cuna. Una tarde con Mamá, ella recordaba aquel momento y cómo eran: "los mellizos dormían en la misma cuna, hasta que un día mirando cómo dormían, vi que Paco estiraba los brazos y le dio con el puñito a Esther en la cabeza y ella empezó a llorar asustada. Entonces le dije a Jaime que había que comprar otra cuna. Se trajo la otra cuna y se puso una en un lado y la otra en el otro. Esther era muy curiosa y atrevida, cuando estaban juntos se pasaba todo el rato mirando a Paco, le miraba la nariz, le miraba el pelo, le miraba por dentro del pelele, le pellizcaba los pies y Paco la miraba asustado. Paco era muy tranquilo pero era observador, lloraba y comía mucho. Esther no lloraba tanto, lloraba porque era un bebé pero no tanto como él. Paco estaba tranquilo hasta que veía a Esther, si veía que Esther que tiraba de la colcha de la cama, él sacaba la manita y tiraba por el otro lado, él hacía por imitación todo lo que hacía ella.
Un día que estaban juntos y les había dado un cachito de pan con mantequilla, yo me ponía a hacer las cosas de casa y los vigilaba. Cuando volví Esther le estaba poniendo el pan con mantequilla en el pelo de Paco. Por las noches cuando Paco lloraba de hambre, me levantaba para darle un biberón, me ponía sentada en la cama con él mientras se lo daba y veía que Esther sentada en su cunita me miraba con los ojos grandes sin llorar, entonces le decía a Jaime que hiciera otro biberón para ella. Otro día que los había dejado en la cama con la radio puesta, estando en la cocina me di cuenta que la radio no sonoba y fui a mirar a ver qué pasaba...y me encontré a Esther sobre la radio de pie y Paco mirándola asustado con aquella cara de pelopincho, no grité para no asustarla y que no se cayera pero me acerqué muy despacio y la cogí rápido."
A medida que han pasado los años, a pesar de que son mellizos cada uno tiene un carácter diferente. Por ejemplo, Paco en el colegio destacaba más que Esther, los profesores decían que era más inteligente. También decían que él tenía más imaginación, pero que ella tenía mejor caligrafía...en fin, con el paso de los años he comprendido que muchas de las cosas que los profesores dicen pueden ser verdad, pero otras no son más que etiquetas. El caso es que los mellizos en la misma situación podían tener diferentes reacciones y eso ocurrió el primer día de colegio y el primer encuentro que Paco y Esther tuvieron con un perro. Allá vamos...
El primer día de colegio es un día muy especial no solo para los hijos sino también para los padres, sobre todo para las madres, que es en la mayoría de los casos las que pasan ese trago. La madre vivirá ese momento en función de cómo lo viva el niño, si para él es una experiencia traumática, la madre sufre. Si por el contrario el niño lo vive con una adaptación normal, la madre aunque puede "sufrir" (en el buen sentido, se emociona porque su hijo ya va al colegio) siente alivio, se va con la tranquilidad de que el colegio para su hijo no es un lugar horrible. 
Paco y yo tuvimos que esperar a cumplir los cuatros años, porque no podíamos empezar el curso con tres años aunque los cumpliéramos en enero, así que Mamá tuvo que esperar un año. Llegó el primer día, íbamos por el camino, que para mí era largo y me llevó tiempo aprenderme aquel recorrido. Sentía en el estomágo esa sensación de nervios que todos pasamos con la primera vez, aún cuando somos mayores y hay que empezar un trabajo nuevo. Llegamos al colegio y habían muchas madres y niños en la zona de párvulos que era la nuestra. Allí estaba la profesora Ana con una lista, por nuestro primer apellido, que es Álamo, tuvimos el honor en casi todos los cursos y centros académicos de ser los primeros. Ese honor era relativo, algunas veces era buena suerte, por ejemplo, cuando el colegio organizaba una excursión y había que subir a la guagua por orden de lista, entonces subías con el privilegio de escoger sitio, que al final siempre era adelante porque en la parte de atrás iban los golfos. Pero otras veces, cuando hacían exámenes orales o había que hacer un ejercicio en la pizarra, te cagabas en el apellido todas las veces que pudieras, porque el primero es el que abre el camino, es el que da las ideas, así que tenías que ser muy bueno o intentar defenderte muy bien. Ana empezó a nombrar en voz alta los nombres de los niños que debían ponerse en fila para entrar al aula, tal vez había uno o dos por delante de Paco y yo, el caso es que yo me puse en la fila y Paco también, Mamá que había estado todo el rato allí mirándonos empezó a alejarse con cuidado. [primera reacción] Cuando Paco vio que Mamá se iba, de repente gritó "mamiiiii" y empezó a correr detrás de ella, cuando Mamá lo escuchó, se paró y Paco se agarró a ella y empezó a llorar. Yo miraba toda la escena angustiada y pensaba que si Paco no entraba, yo tampoco. Al final Mamá trajo a Paco para colocarlo de nuevo en la fila a mi lado, también se acercó Ana y entre las dos lo tranquilizaron. Después de un rato, entramos en el aula, no me gustaba nada, era un aula vieja, que olía a cerrado...Paco y yo entramos cogidos de la mano, yo miraba todo con pocas ganas de estar allí, hasta que me di cuenta que una niña que estaba lejos de nosotros nos miraba. Se acercó con lentitud y yo le seguía todos los pasos con mala cara, porque ni me gustaba el aula ni me gustaba ella, así que lo mejor que pude hacer (que no sé cómo lo hice) fue decirle que si se acercaba más, le pinchaba con el imperdible y se lo enseñé, lo tenía preparado en la manita abierto para dar un picotazo. Así que la niña no se acercó. Y ese fue el primer día de colegio, los días fueron pasando y ya no era tan difícil, pero nada más entrar en el aula, le decíamos a Ana que nos abriera las ventanas para decirle adiós a Mamá y cuando Ana lo hacía,  allí estaba ella esperando para decirnos adiós.
Después de que el colegio dejara de ser un lugar horrible, es decir, después de adaptarnos con normalidad, llegó una de tantas mañanas en la que íbamos al colegio con Mamá, esta vez con Igor. Por el camino íbamos hablando, Mamá estaba muy pendiente a la hora de cruzar y nos dejaba correr cuando llegábamos a la última acera, que era la que estaba enfrente de la entrada del colegio, era la más ancha. Si no recuerdo mal, Paco y yo nos adelantamos, Igor iba con Mamá agarrado de su mano. Paco y yo llegamos a la entrada de una casa, que en aquella acera eran todas "casitas individuales" y nos quedamos parados esperando a Igor y a Mamá, de repente, [segunda reacción] apareció un perro marrón al otro lado de la entrada de la casa y empezó a ladrar, cuando yo lo vi, no solo los ladridos sino también su tamaño fueron motivos suficientes para pensar que lo único que podía hacer era correr. El tramo que nos separaba a los cuatro fue eterno mientras escuchaba los ladridos del perro marrón, hasta que llegué a la mano de Mamá y cuando miré para atrás con la esperanza de que Paco también estuviera a salvo como yo, cuál fue mi sorpresa cuando vi que Paco seguía allí parado, con el dedito en la boca llorando, mirando aquel perro marrón que seguía ladrando. Mamá empezó a caminar a paso ligero hasta que llegó donde estaba Paco y lo abrazó, le quitó importancia a los ladridos del perro y tranquilizó a Paco. Cuando entramos en el colegio, Mamá se encontró con otra madre con la que empezó a hablar. Aquella mujer le preguntó a Paco qué le pasaba que tenía la naricita roja y los ojos brillantes, Mamá le contó que se había asustado con un perro y yo empecé a reírme mientras miraba a Paco, hasta que mi madre me dijo muy seria, ¡Esther, no te rías de tu hermano! y yo me puse seria como Paco.
Paco, sé lo que vas a decir cuando leas esta historia y dirás: "es que ustedes de lo que no se acuerdan es que el perro saltó la puerta". Si el perro hubiera saltado, te aseguro que tu motivo para correr era mucho mejor que el mío, aunque lo hubieras hecho con el dedito en la boca pero no te hubieras quedado quieto. A veces podemos tener de las cosas un recuerdo que por como se haya vivido un determinado momento, ese recuerdo no es real y eso fue lo que me pasó a mi también el día que los mayores nos llevaron al parque grande del barrio.
Normalmente cuando salíamos a la calle, estábamos en una zona en la que Mamá nos pudiera ver, si queríamos ir un poco más lejos, Mamá nos tenía que dar permiso. Para ir al parque más grande, había que preguntarle a Mamá si podíamos ir y aquella tarde fuimos, había un perro de color negro y era enorme. Me causó tal impresión, que estuve días diciendo que en el parque del barrio había un perro gigante, cuando llegaba alguien a casa, como solía ser Francisco y Domingo, yo les decía que había un perro gigante en el parque. Si alguien decía de volver al parque yo decía que no iba porque allí había un perro gigante.
Los tres mayores cada vez que decía esa frase me miraban con una expresión no sé muy bien de qué...tal vez ellos tampoco sabían muy bien por qué yo decía eso.
Después de varios días y tal vez meses, Iván me aclaró con un tono de voz algo cansado que los perros gigantes no existen...y a mí me costó creer aquello, porque yo había visto un perro gigante, había visto como el perro llegaba de una acera a otra sin saltar, porque era gigante. Un día de camino al colegio volví a ver a otro perro igual y dije ¡ese perro es como el perro del parque!, en ese instante no me quedó más remedio que enfrentarme a mi realidad: yo había visto aquella tarde un gran-danés y no un perro gigante.
Paco te diré que yo siempre he dicho que somos diferentes, que tú eres el día y yo la noche pero no cambio ninguno de los momentos que hemos pasado por ser diferentes. Sabes que tenemos muchas historias para compartir, así que si recuerdas alguna, anímate.

miércoles, 11 de agosto de 2010

A Paco, Natalia y Romén

Sueño: "Paco estaba sentado, con esa expresión que tiene en la cara cuando está tranquilo, con una sonrisa permanente...(quien no lo conozca le preguntará de qué se ríe, quien lo conoce sabe que no se ríe de nada, sino que simplemente está tranquilo). Esther estaba enfadada, porque había suspendido francés y le tocaba pasar el verano estudiando, mientras Paco lo haría con su expresión relajada. Lo curioso era que a Esther se le daba mejor el francés que a él, de ahí su enfado..."
Martes 10/08/2010 a las 09.39.- Como todos los días, lo primero que hago al despertarme es mirar el móvil, tal vez haya una llamada importante pero no, no había ninguna llamada, había un mensaje. Todavía dormida abrí el mensaje y me sorprendí (una vez más por la conexión) cuando vi que era Paco quien me había escrito, para decirme que mi sobrino Romén, es decir su primer hijo viene hoy. El día va pasando y el interés por Paco, Natalia y Romén va aumentando. Cuando llega la noche hablo con Iván con la esperanza de que a lo largo del día el parto ha ido bien, pero no es así, el parto ni siquiera ha empezado. Después de hablar con Iván y Luci, me duermo pensando que al día siguiente ya estará el sobrino.
Miércoles 11/08/2010 a las 11.19.- Como todos los días, pero esta vez por una buena razón miro el móvil y no veo ni una llamada ni un mensaje, ¿pero qué pasa con este niño?. Sin dudarlo le envío un mensaje a Iván, tal vez sepa algo...Iván tampoco sabe nada. Y así va pasando el miércoles, la curiosidad se convirtió en preocupación, en realidad fue preocupación durante todo el día. Después de varios mensajes, consigo saber que todavía no ha empezado el parto, porque no hay suficiente dilatación. No toca otra que seguir esperando, me pregunto cómo estará Natalia, cómo estará Paco y Romén. Al llegar a casa por la noche, intento no pensar, así que miro una serie en el ordenador. Hablo con Rosi, nos consolamos mutuamente porque estamos las dos igual...sin saber nada y después de pasar la hora a la que normalmente me estoy acostando ahora en verano, de escribir un mensaje de ánimo y demás, recibo un mensaje multimedia  a las 02.55 de la madrugada (una hora menos en Canarias), al abrirlo veo una foto y un texto pequeño y breve. La foto es el deseado y esperado Romén, un niño precioso y el texto dice así "cacho menudo más bonito, peso 3.400"
El nacimiento de un hijo es una alegría para todos, es una decisión con la que hay que ser muy consecuente, es un gran paso, es el inicio de una vida, es el comienzo de un sacrificio y una etapa nueva. Paco en el grupo de amigos del instituto fue el primer chico en casarse, lo hizo con Natalia después de varios años largos de noviazgo. La historia de Paco y Natalia está llena de casualidades o como decía Mamá, "tal vez no sea algo casual sino causal".
Iván trabajó muchos años como camarero en un supermercado conocido, en la parte de cafetería en la que se servía platos variados. A esa cafetería alguna que otra vez iban a comer Natalia, siendo una niña, con su hermana y sus padres, por lo que Iván alguna que otra vez atendió a sus padres, su hermana y tambíén a Natalia siendo una niña. El padre de Natalia varios años atrás trabajó en la Policía Nacional, en el cuartel de la Policía. Mi mejor amiga del instituto Almudena vivió en ese cuartel varios años atrás, a su vez su hermana fue mi profesora de religión en el colegio, que fue allí donde nos conocimos Almudena y yo hasta coincidir en el mismo instituto y en la misma clase. El padre de Natalia conocía al padre de Almudena, ya que trabajó muchos años también como policía. Paco y Natalia se conocieron en un instituto de bellas artes hasta que empezaron a salir como novios. Natalia empezó a venir a casa con más frecuencia, hasta que un día en una comida familiar, en una conversación casual o como decía Mamá causal, por fin Iván y Nati supieron de qué se conocían. También el grupo de amigos del instituto conoció a Natalia y una tarde en la que Almudena tenía conversación con aquélla, supieron que sus padres se conocían y que ellas alguna vez se habían visto siendo niñas. Lo único que pienso cuando veo todos estos detalles es cuánta razón tenía Mamá.
Paco y Nati, son una pareja...para mí, son una pareja muy...no encuentro una palabra que los defina bien. De todos los momentos que he pasado con ellos, no recuerdo ninguno desagradable, al contrario han sido momentos muy divertidos, porque ellos dos son así. Paco sabe cómo hacerme reír y Nati, lo hace sin saberlo.

"Aquella noche llegamos tarde a casa, habíamos organizado una cena con el grupo de amigos del instituto, ya que hacía años que no sabíamos nada de ninguno. Natalia se quedaba a dormir en casa. Cuando entramos en el portal, subimos las escaleras con cuidado para no despertar a los vecinos. Al llegar a la puerta, Paco con las llaves preparadas intentaba abrir, pero no podía hacerlo ya que Natalia había comenzado a reírse de algo que veníamos hablando mientras subíamos las escaleras, y yo empecé a reírme con ella. Paco nos hacía gestos para que nos calláramos y cuanto más lo intentábamos, más nos reíamos. Al final, Paco no pudo aguantar más y empezó a reírse con nosotras, Natalia se tapaba la boca para no hacer ruido, yo me apoyaba en Natalia para reírme y Paco se apoyaba en la pared colorado como un tomate... y así entramos en casa, corriendo al primer cuarto, que era el de las chicas, para no despertar a nadie."

Son muy inteligentes, son perfeccionistas en su trabajo, son románticos, son espontáneos...son Paco y Nati. Él es sensible, observador, delicado, tímido, reservado, respetuoso...y ella es divertida, natural, sencilla, impulsiva, transparente...podría decir muchas cosas de los dos, pero no hay una palabra que los defina, simplemente Paco y Nati son tal para cual. Y ellos son los padres de Romén, entonces por este día tan especial, por ser Paco y Nati y por ese "cacho menudo más bonito, peso 3.400", ¡muchas felicidades a los dos! y que la responsabilidad y el aprendizaje de ser Padres sea siempre algo placentero para los dos. ¡Ah! y bienvenido Romén.

sábado, 7 de agosto de 2010

El pechu

Durante el embarazo del último hijo, Mamá cuando hacía lentejas tenía por costumbre beber el agua del guiso y después de nueve meses, nació Igor. De los seis hijos es que el más peso tuvo y también el que más hierro tiene, de hecho Igor puede comer lentejas pero no con la misma frecuencia que deben hacerlo los demás. Y lo mismo con el hígado y todo aquello que le aporte hierro. Era como una pechuga (de ahi el pechu), gordito, de piel blanca y ojos verdes, un muñeco. Tal vez ha sido también el más inquieto, era un muñeco con ese punto de gamberro...pero gamberro bueno. Con el paso de los años intentando saber a quién se parecía cada uno, Mamá me dijo que Igor se parecía mucho a un primo de Papá, un tal Juanito Álamo.
Una tarde de regreso a casa en la guagua, Mamá observó que en la siguiente parada había un señor que subió cuando el conductor abrió la puerta. Se acercó a mi oreja y me dijo en voz baja "ese señor que acaba de subir es Juanito Álamo", yo con poca discreción y mucha curiosidad lo miraba, miraba todos sus rasgos y me sorprendí cuando vi el parecido tan grande que Igor tenía con él. La misma forma de la cabeza, alto, corpulento y ojos verdes.
Dada la inquietud y ese punto de gamberro...pero gamberro bueno, voy a recordar aquella tarde. No éramos muy pequeños pero tampoco éramos muy grandes, no sé porqué estábamos solos en casa Paco, Igor y yo. Igor siempre ha tenido facilidad para ir al baño, para dar del cuerpo o hacer de vientre. En mi casa decir "voy al baño o voy a hacer caca" es una noticia común, para nosotros muy natural. Igor dio su aviso y Paco y yo no recuerdo qué estábamos haciendo, pero después de un rato de repente la puerta del baño se abrió y apareció Igor con los pantalones bajados, se dio la vuelta y nos enseñó el culo. Cuando Paco y yo miramos aquel culito blanco manchado de caca, lo único que nos salió fue ¡qué asco! y a Igor lo único que se le ocurrió es que iba a por nosotros, porque su objetivo era mancharnos de caca así que sin dudarlo empezó a correr inclinado agarrándose el culo, Paco y yo empezamos a correr por toda la casa con gritos, con risas, porque nuestro objetivo era que aquel culo no nos tocara...en fin, otra fiesta más de los pequeños. Y en el mejor momento, que ya no sabíamos por donde ir y que Igor estaba muy cerca con aquel culo, escuchamos que alguien decía algo, la fiesta había acabado. Miramos los tres para la puerta de la entrada y lo vimos allí quieto mirando todo el panorama, era Iván. Allí estaba con la misma cara que se le ponía cuando se acostaba en su cama caliente, pero esta vez era peor, había visto como Igor corría detrás de nosotros con el culo manchado de caca, había visto como Paco y yo corríamos y gritábamos y entonces fue cuando dijo "¡¿Igor qué estás haciendo?!", nos quedamos todos callados sin saber qué decir, Iván allí clavado mirando muy serio a Igor que no le quedó más remedio que subirse un poco los pantalones y  con el culito todavía al aire volver al baño. Con el paso de los años, las gamberradas no pararon, si Igor las empezaba y podíamos divertirnos por qué parar, eso sí por gamberrada que nos pillaban nos llevábamos un castigo, que normalmente era cada uno en un cuarto o todos juntos en el cuarto en el que no había juguetes.
Ahora que Igor se ha hecho grande, sigue siendo el pechu, blanco de piel y con sus ojos verdes, pero lo único que ha cambiado es que ha dejado de ser un muñeco para ser, como dice el vecino, un galán. Un galán con la misma cara de gamberro, así que si tiene oportunidad de hacer una, que no te sorprenda porque  te la hará pero te aseguro que reirás un buen rato. Igor te diré que mi infancia de niña con Paco y tú, son los mejores años que recuerdo.

viernes, 6 de agosto de 2010

El colegio

El colegio, esa institución que forma gran parte del carácter del niño, en el que comienza su habilidad para relacionarse y que según la influencia de los padres puede ser un lugar fantástico o el peor castigo. Es un lugar de aprendizaje y no sólo acádemico, lo será también en relación a valores y principios, es el lugar en el que su "primera vez" se repetirá en más de una ocasión. En mi casa todos hicimos la E.G.B, es decir, la enseñanza general básica, en el Rodríguez Galván. Un colegio público, en otros años era sólo para un sexo, no recuerdo si era para niños o niñas. Era así porque al lado hay otro colegio, el Veinticinco de Julio, con el paso de los años ambos se hicieron mixtos, de niños y niñas. Ubicados en el barrio de la Salud, a unos quince minutos de mi casa andando. Ahora comprendo que serán unos quince minutos, de pequeña me costó mucho aprenderme el camino. Los dos estaban unidos por un muro y en la cancha donde hacíamos gimnasia había una puerta por la que podíamos observar a los otros niños. El colegio, como todo, te puede gustar más o menos, pero al fin y al cabo es una etapa fundamental. Cuando somos niños no pensamos en un detalle que es común en la mayoría de los casos, cuando veía en mi patio a otro niño o niña al cual reconocía que era del otro colegio no podía evitar esa sensación de invasión, de ese intruso que está en mi colegio, miraba y pensaba "pero qué cara tienes de veinticinco de julio"...lo mismo ocurría cuando había una competición de lo que fuera, como sucedía en la parte de atrás con los chicos que hacían "lucha canaria", me sentía orgullosa cuando el ganador era Rodríguez Galván. Es algo que sale solo, es proteger lo tuyo, es querer demostrar que el tuyo es mejor y que formas parte de él. Después de tantos años si voy en la guagua no puedo evitar mirar las tres entradas y pensar en las aulas por las que pasé con su profesor, con la cantidad de historias que esconden aquellas paredes, patios, rincones y mesas (que alguna vez narraré)...no puedo evitar pensar que aquel fue mi colegio.