domingo, 10 de julio de 2011

¡ay, qué susto!

Los sustos son algo que en mi casa sucedían con frecuencia, la mayoría de ellos con una única intención: asustar. Claro que hay que tener cuidado, porque hay diferentes formas y diferentes reacciones, hay sustos que quitan el aire, que te dan ganas de llorar, que te hacen gritar, que te ponen los pelos de punta, que te hacen enfadar, que te dan ganas de dar un golpe, que te hacen pensar en algo increíble...en cualquier caso, hay que tener cuidado con la  persona a la que se le va a dar el susto, aunque yo creo que en mi casa he visto todas esas reacciones.
A mí a los que más me gustaba asustar eran a Igor y Alicia, porque siempre se asustaban, pero también tengo que decir que ellos alguna que otra vez me asustaban. Tal vez el peor susto que recuerdo fue el día que vinimos del colegio y Paco se escondió debajo de la cama de mis padres, era algo que había visto a hacer a Iván otras veces y ese día lo hizo él. Cuando mi madre entró en la habitación para cambiarse de ropa cerca de la cama, no recuerdo bien si él le tocó los pies con su manita (porque era pequeño) o con el pelo, el caso fue que mi madre se asustó tanto, tanto, tanto, que no pudo respirar, se le pusieron los labios morados y los mayores al verla intentaron tranquilizarla. Sandra la ayudó a quitarse la ropa hasta que poco a poco se fue recuperando y a partir de ese día ni Iván ni Paco se escondieron más debajo de la cama. Estuvimos un tiempo que no nos asustábamos pero volvimos a hacerlo entre los mayores y los pequeños. Así una tarde como cualquier otra observé que Alicia estaba en el cuarto de las chicas haciendo cosas de un lado a otro y, de repente, sentí esa cosita de asustarla. Sigilosamente me puse cerca de la puerta escondida, sin que ella pudiera verme pero yo a ella sí, entonces la vi que fue a abrir un cajón y justo en el momento de abrirlo le dije un simple-¡hola!-a ella se le abrieron los ojos más de lo que había abierto el cajón y dio un salto enorme sobre la cama, se quedó mirando el cajón hasta que aparecí en la puerta riéndome sin parar y ella al verme aturdida todavía por el cajón exclamó-¡pero tú eres tonta, que pensé que la mesita me había hablado!-entonces salió de la cama y cerró el cajón un poco enfadada. Ahora que lo pienso, yo no creo que mi hermana haya pensado literalmente eso, que un cajón le saludó, creo que lo que realmente le asustó y se expresó mal fue pensar qué había dentro del cajón que le había dicho "hola". Ese susto fue muy divertido.
Otro más fue un verano que Iván lo pasó en casa por un accidente que tuvo en el trabajo, no recuerdo si se había roto uno de los tobillos o se había hecho un esguince en los dos, pero el verano lo pasó en el sillón del salón y aunque para él fue bastante angustioso si tengo que pensar en el lado positivo, tengo que decir que fue un verano muy guapo. Gracias a ese accidente conocí el juego Metal Gear y pude compartir con mi hermano y también mi madre no sé cuántas tardes de consola, de charlas, de risas y algún que otro helado familiar. Una noche como de costumbre iba al cuarto de mis hermanos para estar allí un rato hablando los cuatros y riéndonos, que eso pasaba con facilidad. Observaba a Iván en su cama con las dos piernas en reposo, Igor en la suya y Paco en la parte de arriba de la litera mirándonos y en ese momento pensé que era un buen momento para asustarlos, asustarlos a los tres. Me levanté diciendo que ya tenía sueño y que me iba a dormir, fue un momento en el que no sé de qué estábamos hablando pero nos estábamos riendo mucho. Nos despedimos y cuando ya estaba fuera del cuarto caminé como si fuera a mi cuarto pero en realidad estaba quieta en el mismo sitio, sólo movía los pies para que ellos escucharan que me iba. Y se me ocurrió el susto, con mucho cuidado me quité los calcetines y los doblé juntos, como si fuera una pelota, busqué el ángulo adecuado y esperé a que dejaran de hablar, cuando el ritmo de la conversación disminuyó, ¡ese era el momento!. Lanzé los calcetines dentro de la habitación y ahí estaba el susto, vi como las piernas de Iván se encogían en el aire, vi a Igor exclamando-¿qué es eso loco?- que se pegaba a la pared y Paco, creo que fue el más inteligente porque sin decir nada se cubrió con la sábana...yo no pude aguantar las risas y entré en la habitación con toda la carcajada. La verdad es que ninguno reaccionó mal, les enseñé que era aquello que les había asustado tanto y empezamos a hablar de lo que había pensado cada uno al verlo y empezamos a reírnos todos hasta que a Iván empezaron a darle calambres en las piernas por el movimiento tan brusco que había hecho, es que el capitán tontín...Igor, Paco y yo lo mirábamos y más ganas nos daban de reírnos, él se reía pero era una risa de dolor, pobrecito. Creo que se tuvo que tomar algo para el dolor aquella noche y a la mañana siguiente lo comentamos con Mamá, que también se rió y nosotros nos mirábamos con cierta complicidad y picardía. Pero esto es solo una parte de la historia de los sustos, porque hay una segunda parte en la que adelanto aquí, que Iván nos dio un buen susto a los tres más  pequeños. De todas formas, si un día estás con alguno de nosotros ten cuidado porque en cualquier momento te puedes llevar un susto.

1 comentario:

  1. jajaja ke bueno jajaja me rei muxo, xas el pobre con los piececitos arriba solo le faltaba gritar jajajaja ke cabrona un besooo. igor

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