Hay cosas básicas para las madres que son fundamentales que sus hijos las aprendan desde una edad temprana sobre todo cuando empieza la etapa escolar, como por ejemplo, atarse los cordones. Es el aprendizaje del cuidado personal, que forma parte del crecimiento del niño y unos evolucionan más rápidos que otros. En cualquier caso, mi madre conocía muy bien el ritmo de aprendizaje de cada uno de sus hijos y era muy consecuente con ello, haciendo uso de su paciencia infinita como una de tantas virtudes, con la que explicaba y repetía esas lecciones básicas como si fuera siempre la primera vez.
Aquello que parecía tan fácil, para mí era una tarea un tanto complicada, entonces observaba cómo se movían sus manos y escuchaba las instrucciones; "coges este cordón con una mano y este con la otra, los cruzas y hacemos un nudo fuerte aquí, ahora este lo coges así y con este otro le das una vuelta y lo pasas por debajo, sujetas este y de este tiras hacia fuera y ya está hecho el lazo".
Cuando veía aquel lazo, ya no me acordaba del principio, así que Mamá lo repetía una y otra vez con mucha paciencia. Después de varias repeticiones para aprender a atarme los zapatos, antes de acostarme empecé a practicar con los cordones del forro de la almohada, una y otra vez. No recuerdo cuántas veces lo intenté pero de pronto, pude llegar hasta el final y mi sorpresa llegó cuando vi que tenía hecho un lazo, así que corrí por toda la casa buscando a Mamá para decirle que ya sabía hacerlo. Ella sonrió contenta y me animó para que lo hiciera de nuevo, entonces mi alegría duró muy poco cuando en vez de hacer un lazo había hecho un nudo marinero, pero ella le quitó importancia y me dijo que empezara de nuevo y que lo hiciera más despacio. Lo volví a intentar mientras ella miraba con atención corrigiendo cada paso y de pronto, había hecho un lazo. Cuando miré a Mamá, ella compartía conmigo la misma alegría, ¡ya sabía atarme los cordones!.
Nos enseño tantas y tantas cosas, que grande era y es, tqm.
ResponderEliminarAy Pepo parece que la estuviera viendo con su inmensa paciencia y la sonrisa en su cara porque su niña Esther había aprendido a atarse los cordones, hay cosas que te enseñan las madres que aunque pasen muchos años no se olvidan.
ResponderEliminarAhora te diré una cosa, sabes que he estado haciendo esta semana que ha pasado con mis niños de 1º, no lo sabes...pues atarse los cordones y he logrado que tres de los que no sabían hayan aprendido a ello, alguna compañera me dice que esas cosas son enseñanzas de casa y puede que tengan razón, pero que cuesta enseñarles...
Vaya coincidencia verdad???
Cuando leo estos relatos, me haces feliz, no dejes de hacerlo.
Te quiero mucho, más que tu a mi?
Hola Sandra, pues sí, Mamá nos enseñó muchas cosas y seguramente habrás algún que otro pos porque recuerdo algunas un tanto divertidas. Un besito grande :)
ResponderEliminarYraya, ¡qué casualidad!, siempre ocurre algo que me hace decir que eso son señales o ¿no?. Pues mira de la misma forma que tú le has enseñado a esos niños, me enseñó ella, las dos con la misma paciencia y aunque sea un trabajo de casa, es verdad lo que dices, no cuesta nada hacerlo. Me alegro de que estas entradas te hagan feliz, a mí también. Yo te quiero más, ¡reconócelo! :P
¡guau! me tiene alucinada este blog... lo acabo de descubrir... cuánto tengo que leer, estoy emocionadísima.
ResponderEliminarUn besazo Peponita.