miércoles, 22 de septiembre de 2010

Merienda con Barrio Sesámo

En la tele la programación infantil tenía mucha variedad y en nuestra infancia habían varios programas que nos gustaban mucho, pero el que más recuerdo con cariño es Barrio Sesámo, una serie de televisión educativa estadounidense dirigida a los niños en edad preescolar y pionera en el estándar educativo de la televisión contemporánea, combinando la educación y el entretenimiento, muy conocida por sus personajes, Los Muppets en América o los Teleñecos en España, marionetas creadas por Jim Henson.
 
 
 
En España el espacio comenzó a emitirse por TVE en 1976 dentro del programa Un globo, dos globos, tres globos. En aquellos años se emitía el programa original en versión doblada con el título de «Ábrete Sésamo». Este primer intento fracasó.
Se optó por adaptar el programa a la realidad española. La productora norteamericana CTW (Children's Television Workshop) era responsable del 50 % del programa y el resto se completaba en los estudios de Prado del Rey. De esta manera, y entre 1979 y 1980, Emma Cohen, en su papel de Gallina Caponata, y Jesús Alcaide, como el caracol Perezgil acompañaron las meriendas de los niños españoles.
En marzo de 1983 se presentaron nuevos personajes que sustituyeron a la Gallina Caponata, eran Espinete (Chelo Vivares), Don Pimpón (Alfonso Vallejo), Ana (Isabel Castro), ChemaJuan Sánchez), Julián (José Riesgo), etc. En esta temporada, que finalizó en 1986, intervinieron también, entre otros actores y actrices, Ruth Gabriel y Cristina Higueras.
Posteriormente en 1988, apareció una nueva serie, Los mundos de Yupi, cuyo éxito no igualó al de Espinete y compañía.
El otoño de 1996 presenció una nueva temporada de Barrio Sésamo, esta vez el personaje principal se llamaba Blukie, junto a Gaspar, Vera y Bubo. Se grababa una versión en castellano para toda España y se volvía a hacer en catalán, sólo para Cataluña. Los estudios de Televisión Española en Sant Cugat (Barcelona), donde se rodaba, consiguieron el premio al mejor decorado y ambientación de entre todas las series de Sesame Street alrededor del mundo. Era el único en todo el mundo en el que todas las puertas y ventanas se podían abrir y cerrar, donde todas las plantas y frutas eran naturales y se podían comer... todo, excepto los muñecos, era de verdad. Los encargados argumentaban que "por si acaso en alguna escena alguien ha de... comerse una naranja, salir por una puerta, etc."
En 2006 Antena 3 comenzó a emitir Play with me Sesame doblada al castellano durante un breve período de tiempo, pero, fue retirado por baja audiencia.
En la actualidad Los Lunnis han recogido la tradición de los programas infantiles basados en muñecos con gran éxito para TVE. Desde marzo de 2009 emite "Juega Conmigo, Sésamo", versión doblada de "Play with me Sesame".

Hoy también hay variedad en la programación infantil, los niños de hoy disfrutan con Bob Esponja, Pokémon, Los Lunnis, Los hermanos Koala, Batman, Disney Channel, Pocoyo... pero sin duda alguna, esta generación no será igual a la generación que creció con Barrio Sésamo. Sí, yo soy de esas que cuando habla de Barrio Sésamo canta el ¡naaaa, na, na, nanana!.



La merienda





Llegábamos del colegio y encendíamos la tele para ver la programación infantil, de la que ya hablaré en la siguiente entrada, entonces sobre las cuatro y media o las cinco, Mamá nos ponía la merienda, un vaso de leche con islacao, eko o café y medio bocadillo de nocilla. En el sillón, abríamos el bocadillo y primero nos comíamos una tapa y luego la otra. Los días que no sabía de qué me podía hacer el bocadillo, abría la despensa para inspirarme hasta que mis ojos se tropezaban con la nocilla, ya estaba todo resuelto. Hoy intento cuidarme con lo que como, pero en la despensa siempre tengo un bote de nocilla.

martes, 21 de septiembre de 2010

A la Guapita

Hoy es el cumpleaños de alguien muy especial para nosotros, a pesar de los seis años que han pasado desde su muerte. Es el cumpleaños de Mamá y ella cumpliría 63 años así que todos, como ha propuesto Iván, hemos unido nuestras mentes y le hemos deseado Feliz cumpleaños.
Sí, Mamá era una gran mujer, tenía paciencia, coraje y sentido del humor, tenía un saber estar elegante, era optimista, inteligente, cariñosa, diplomática, trabajadora, luchadora, detallista, alegre, impulsiva, tranquila, divertida, noble, se adapataba a cualquier cosa. Le encantaban las reuniones familiares, también le gustaba leer, escuchar música y disfrutar de la comida. Era una mujer que se hacía querer y era muy querida y respetada, era una persona que por su forma de ser, en cualquier momento, no sólo se ganaba el aprecio de los demás sino que se echaba de menos cuando no estaba. Hoy seguramente estaría muy contenta de ser la protagonista, sentada en su cama esperando a recibir sus regalitos con una sonrisa de oreja a oreja preparada para abrirlos con mucha ilusión. Sería uno de esos días de reunión familiar que tanto le gustabanEntonces por sus cualidades, por su cumpleaños y  por sus 63 años, voy a narrar 3 divertidas anécdotas con las que seguramente ella misma también se reiría, porque en su momento se rió bastante:

1.- A Mamá no le gustaba que se levantaran tarde en verano, ella tenía en cuenta que eran vacaciones pero había un límite. Precisamente porque éramos más personas en casa, era una ayuda a la hora de hacer las tareas de la casa y  todos debían participar y cuando ella decía todos, eran todos, chicos y chicas. Pero los chicos (que muchas veces eran Igor y Paco) eran los que más tarde se levantaban y así más de una vez ella hablaba con ellos o los despertaba cuando consideraba que ya era hora de levantarse. Los chicos se levantaban y después de varios días pasaba lo mismo, en la cama hasta que ella los despertaba.
Una mujer con muchos hijos, aprende a ser una mujer con muchos recursos, así que Mamá buscó otra forma de despertar a los chicos y la encontró aquella mañana. Me había levantado y había ido a comprar con ella, cuando llegamos a casa ella observó que todavía Igor y Paco estaban en la cama. Alicia también estaba levantada y estaba haciendo alguna tarea de la casa. Mamá miró el reloj de la cocina y fue al salón, cuando vi que no volvía, fui a ver qué hacía y la vi en el tocadiscos. Normalmente el tocadiscos era algo que se usaba en días especiales que siempre coincidían con las fiestas navideñas. Aunque los mayores lo usaban cuando no estaban Papá y Mamá. Aquel aparato tenía mucho volumen, el botón del volumen para que se hagan una idea se puede comparar con la esfera de un reloj, por lo que el volumen normal era en el minuto 45, en el minuto 50 se escuchaba alto y pasado estos era muy alto. Mamá puso una cinta de Tino Casal, que le encantaba y con cuidado giró la rueda y la puso en el minuto 60, es decir, se escucharía muy alto, tanto que cualquier persona que pasara por la calle con un mínimo de cultura musical, sabría que en el tercer piso de aquel edificio había alguien escuchando Tino Casal. Encima la canción con la que comenzaba la cinta, si no recuerdo mal era Eloise, era un grito y después de ese grito entraba toda la orquesta. Teniendo en cuenta el volumen y la canción, a Igor y a Paco no les quedaba otra opción que levantarse. Ella después de prepararlo todo, me dijo con tranquilidad "vamos a la cocina" y allí nos empezamos a preparar la comida. Aunque yo la había visto poner la cinta y subir el volumen, cuando sonó Eloise me asusté al oír el grito y toda la música, entonces pensé en Igor y Paco, el susto que se habrían llevado con ella, saltando en la cama buscando quién habría gritado así. Y tuvo que ser así porque después de cinco minutos se levantaron despeinados, un poco blancos, con una expresión en la cara como de...¡qué susto!. Así que después de ese día, los siguientes que vinieron no se levantaban muy tarde, pero cuando lo hacían Mamá sabía que o lo arreglaba ella o lo arreglaba Tino Casal.



2.- En uno de aquellos días en los que el único motivo que tenía para estar enfadada con Igor era el conjunto de mis celos, no me hacía falta mucho más y eso pasaba con frecuencia, porque cuando no era por una cosa era por otra. Alguna vez estaba Sandra para arreglar el problema y otras Mamá. Aquella noche lo arregló Mamá, pero lo hizo de una forma diferente, porque no sabía quién tenía razón, quién había generado el problema, quién decía la verdad y quién la mentira, así que se posicionó en una postura neutral y en vez de recurrir al castigo o quitarle importancia como hacía otras veces, recurrió a un hecho que era la consecuencia de una frase con la que nos avisaba muchas veces para que nos portáramos bien, decía: como sigan así, un día les voy a dar tantas nalgadas como los años que tienen. Y aquella noche no lo pensó más, sentada en su cama nos llamó a los dos y nos preguntó cuántos años teníamos, después de decirle cada uno la edad, nos dijo que nos iba dar el mismo número de nalgadas. Yo no lo creía hasta que fue así, me senté en sus rodillas con el culito al aire y ella me preguntó de nuevo cuántos años tienes y cuando le dije 9, levantó la mano y contó nueve nalgadas. Y después hizo lo mismo con Igor, lo que pasa que a él le dio siete. Igor estaba llorando, yo colorada como un tomate y ella con mucha tranquilidad nos dijo que saliéramos del cuarto. En realidad, las nalgadas habían sido más ruido que otra cosa, porque a Mamá no le gustaba pegar. A mí lo que más me fastidiaba era que con nueve años tuviera que dármelas por aquel niño al que miraba mal auqnue estuviera llorando. Aquello nos había tocado la propia vergüenza y fue la única vez que lo hizo, pero aprendimos, porque cuando nos enfádabamos antes de llamar a Mamá uno pasaba del otro.

3.- Los sábados era el día que Mamá hacía la compra grande, iba con Papá al supermercado y allí estaba durante una hora con su lista de todo lo que hacía falta. Cuando llegaban a casa lo colocaban todo en la despensa y en la nevera, guardaban todas las bolsas y dejaban en la entrada de la cocina las cajas en las que venían los bricks de leche esperando que el que saliera de casa las tirara a la basura. Papá salía muchas veces, para limpiar el coche, para escuchar música y la mayoría de ellas para fumar, así que con frecuencia las tiraba él. Mamá cuando escuchaba que la puerta se abría le recordaba que tirara las cajas de leche, pero Papá pocas veces retrocedía para cogerlas, así que le decía que luego las tiraba y así podían estar varios días las cajas de leche en la entrada de la cocina. Hasta que un día Mamá se lo puso más fácil.
Aquella tarde como cualquier otra Papá sacó un cigarro y bajó a la calle para fumar, Mamá no dijo nada de las cajas, pero observó que no las había cogido así que cogió las caja, abrió la puerta con mucho cuidado y bajó las escaleras en silencio. Se asomó a la ventana y esperó a que Papá saliera del portal y cuando lo hizo dejó caer las cajas. En ese mismo momento que yo estaba asomada en mi ventana, vi aquel hombre que siempre ha sentido admiración por todo lo bélico, que se tapaba la cabeza con los brazos como si fuera un soldado profesional agachado en el suelo, como si hubiera estallado una bomba justo detrás de él, miraba para un lado y para otro, entonces miró para atrás y descubrió que el estallido venía de dos cajas de cartón, miró para arriba y se encontró a Mamá en la ventana, que entre risas y más risas le dijo como pudo "tira las cajas". Mi padre que no tenía el mismo sentido del humor que mi madre, la miró y exclamó con seriedad "¡tú estás loca!", cogió las cajas y se fue a la basura. Seguramente después se fumaría dos cigarros, uno era el de costumbre y el otro por el susto de la bomba imaginaria que le había caído detrás. Yo fui a la puerta y vi que Mamá hacía un verdadero esfuerzo por subir las escaleras frenada por las risas. Entró en casa, cerró la puerta y dijo después de respirar hondo "pero las cajas las tiró".

Así era Mamá, con muchas virtudes y un gran corazón, La Guapita, como la llamaron durante años y de lo que hablaré más adelante, no sé podía comparar con nadie, porque era única. Y aunque pasen los años, para nosotros, para todos los que la conocimos siempre habrá un día, un momento, algo que nos recuerde a ella, porque siempre la llevamos con nosotros con mucho Amor, así que con mucha alegría le deseamos ¡Feliz Cumpleaños Mamá!.












sábado, 4 de septiembre de 2010

Los celos

Para mí los celos son un sentimiento natural, hay personas que los esconden, otras disimulan, otras lo niegan, otras lo demuestran sin intención y otras no les importa demostrarlos aunque eso les perjudique. Lo curioso, es que en algunas familias los hermanos o las hermanas que más celos han tenido entre ellos o hacia alguno de ellos son los que más unidos están cuando crecen o los que más se protegen fuera de casa. Pues bien, yo pertenezco al último grupo, es decir, era celosa y además no me importaba demostrarlo con toda mi intención, aunque alguna vez también los negara. Sí, los celos aparecieron cuando tuve conciencia de que después de mí estaba Igor, aquel niño blanquito, con ojos verdes, que con su cara de pícaro lograba que se rieran a pesar de su travesura. Para mí era un blanco fácil al que iban dirigidos como una flecha todos mis celos. Todo iba bien mientras estuviera en mi espacio tranquilita con mis cosas, ahora en cuanto aparecía Igor o reclamaba un poco de atención, sólo me faltaba que me saliera humo de la cabeza pensando qué podía hacer para que aquel niño se fuera de allí.
Como aquella mañana que hacía la tarea en la mesa del salón y llegó Igor, puso sus cosas sobre la mesa y también se sentó, entonces lo míré como si aquella mesa fuera exclusivamente para mí y seguí haciendo mis cosas. Igor tenía que pintar un dibujo, sino recuerdo mal a él no le gustaba mucho pintar, porque cuando empezaba, al rato casi siempre pedía ayuda para terminarlo. Esta era la parte que mis celos justificaban, una sencilla razón, el dibujo no era mío. Claro que si yo tenía un motivo, Igor tenía otro y era mayor que el mío, lo que pasa es que él no lo pensaba,  si yo era su hermana por qué no iba a ayudarlo:

- Igor: Esther ¿me ayudas a pintar el dibujo?.- Preguntaba Igor sin levantar la mirada de su dibujo.
- Esther: No, el dibujo es tuyo así que lo pintas tú....- Respondía Esther mirando a Igor muy seria.
- Igor: Esther por fi, ayúdame a pintar....- Insistía Igor mirando a Esther.
- Esther: No.-
- Igor: Esther...por fi ayúdame.- Repetía de nuevo Igor soltando el lápiz.
- Esther: No te voy a ayudar, lo haces tú.- Se mantenía Esther en la misma postura. Igor después de insistir varias veces, cambiando la voz, poniendo cara de pena, mirándola fijamente, él seguía hasta que no encontraba más razones y entonces decía:
- Igor: Esther o me ayudas a pintar o se lo digo a Mamá...- Respondía Igor.
- Esther: Yo estoy haciendo mi tarea sola y no te digo nada, si el dibujo es tuyo lo pintas tú.- Le aclaró Esther.
- Igor: ¡Mami Esther no me ayuda a pintar el dibujo!.- Gritaba Igor mientras dejaba de pintar.
- Mamá: ¡Esther ayuda a tu hermano a pintar!.- Exclamaba Mamá desde la cocina.
- Esther: Pero ¿por qué lo tengo que ayudar si el dibujo no es mío?.- Le preguntaba Esther a Mamá.
- Mamá: Porque es tu hermano.- Respondía Mamá.

Al final, aunque yo tuviera muy claro mi objetivo, Igor sin pensarlo se salía con el suyo, así estábamos casi todos los días, si yo no quería hacer algo, él se lo decía a Mamá y entonces ya no podía hacer nada, porque si Mamá lo decía, lo tenía que hacer. Mis celos habían llegado a tal punto que ya no sólo no quería ayudarlo o prestarle algo mío, sino que además no soportaba que hiciera lo mismo que yo, entonces yo también recurría a Mamá pero mi motivo era tan ridículo que una vez más conseguía que Igor se saliera con la suya. Y eso fue lo que pasó la mañana que hacía la tarea en la mesa de la sala con él, que hasta el momento no me había pedido ayuda. Sin saber por qué yo estaba de buen humor a pesar de que él estuviera allí. Empecé a silbar y, de pronto, me di cuenta que Igor empezó a silbar la misma canción que yo, se me pusieron los ojos pequeños y se me abrió la nariz de la misma forma que le pasa a los niños pequeños cuando se enfadan. Y yo que en ese momento creía tener más autoridad le decía que dejara de silbar la misma canción que yo. Igor seguramente veía como tenía los ojos y la nariz, porque me miraba con sus ojitos verdes y dejaba de silbar. Si yo no le ayudaba a pintar el dibujo porque no era mío, él no podía silbar la misma canción porque era mía. Cuando yo recuperaba la forma normal de mis ojos y mi nariz empezaba a silbar otra canción, entonces a continuación empezaba Igor, como si no estuviera allí yo recordaba otra canción diferente y silbaba, entonces Igor la repetía. Con los ojos y la nariz como la primera vez lo miraba y le decía más alto que la primera vez, que dejara de silbar mi canción, ya no se trataba de que Igor silbara la misma canción, se trataba de mi canción. Así que ya no me dejaba opción, yo le gritaba a Mamá que viera lo que Igor estaba haciendo, que me tenía en aquel estado. Mamá venía al salón con el paño de la cocina y preguntaba qué pasaba, así que yo se lo explicaba como si fuera lo peor que me había hecho y cuando veía la cara con la que me miraba  Mamá, entonces comprendía que mi motivo era ridículo, pero ¡Igor silbaba las canciones que silbaba yo!. Al final Mamá le quitaba importancia y secándose las manos en el paño volvía a la cocina. Y al final Igor conseguía sin pensarlo, que yo dejara de silbar y me quedara con los ojos pequeños y la nariz abierta como los niños pequeños cuando se enfadan. Por mucho que pensara qué podía hacer, de una forma u otra lo único que conseguía era una bronca de Mamá y cuando no era Mamá, era Sandra.
Como aquella mañana que Igor estaba en la ducha, muchas veces se olvidaba de coger la toalla y cuando no era la toalla eran las cholas, lo raro era que alguna vez lo cogiera todo que también pasaba. Pero aquella mañana no cogió la toalla, así que cuando terminó de ducharse y se dio cuenta de que no estaba, empezó a gritar para saber quién le llevaba la toalla. Yo había encontrado un motivo para no hacerlo: haberla cogido. Y aunque no lo tuviera, esperaba que en una casa con tantas personas alguien que no fuera yo le llevara la toalla al niño. Así que yo no dije nada y seguí con mis cosas, entonces apareció Sandra con los ojos y la nariz como yo cuando Igor despertaba mis celos y me dijo "llévale la toalla a tu hermano". ¡Esto era lo peor que me podía pasar!, yo tenía un motivo, habían más personas en casa, pero al final era yo la que le tenía que llevar la toalla. Cogí la toalla enfadada y enfadada fui al baño, abrí la puerta con cuidado y mirando todo pensaba dónde podía dejarla, tenía que estar lejos de la ducha, que el niño a pesar de tenerla allí dentro, no pudiera cogerla. Así que la puse entre el lavabo y la pared, allí la metí, bien compacta, imposible de sacar...entonces dije "aquí tienes la toalla" cerrando la puerta. Al cabo de un rato, el niño empezó de nuevo a gritar, pero esta vez llamó a Mamá y como ella no pudo ir, fue Sandra.
Cuando Sandra entró y le preguntó a Igor qué pasaba, éste le dijo que no podía coger la toalla (claro si estaba empotrada entre la pared y el lavabo) y Sandra después de ver cómo estaba la toalla cerró la puerta, y sus pasos por toda la casa me dejaron saber que venía a buscarme. Y me encontró, entonces me cogió por un brazo y me preguntó "¿por qué no le diste la toalla a tu hermano, eh?", había descubierto mi problema, bueno a lo mejor ya era algo que habían descubierto todos. A pesar de esto yo confiando en mi motivo le dije "¿y por qué se la tengo que llevar yo?" y Sandra me contestó "¡todo por los celos que le tienes!" y yo los negué mirándola con los ojos pequeños y la nariz abierta. Los celos fueron pasando a medida que pasaba el tiempo, empecé a ver que el mejor resultado era no hacerle caso, pero no a él sino a los celos, eso me funcionó y me libró de los enfados de Mamá y de Sandra. Y cuando pasaron, Igor y yo tuvimos una buena relación, sobre todo, cuando hacíamos alguna travesura, pero de esto hablaré más adelante. Ahora sólo puedo decir que hoy no soy nada celosa con mis hermanos y que de esta anécdota nos hemos reído más de una vez, como yo ahora.
pd: ¿gor tú te acuerdas?

jueves, 26 de agosto de 2010

¡Feliz cumpleaños Janet!

Hoy es un día muy especial, hoy es el cumpleaños de Janet, la segunda hija de Sandra. Hoy hace once o doce años, esperaremos a que Sandra lo confirme, que Janet es una más de la familia. Yo descubrí mi instinto maternal muy pronto, aunque de esto hablaré más adelante, la historia de hoy está dedicada a la cumpleañera. Janet era una niña preciosa, con los ojos negros, el pelo rizado, la cabecita redonda, la naríz de Rafa y muy risueña como Gladys. A mí me encantaba cogerla cuando Sandra terminaba de darle el biberón y dormirla en el sillón de la sala. Mamá quería mucho a Gladys y también a Janet, si fue una mujer que con seis hijos fue una madre muy buena, con Gladys y Janet fue una gran abuela. Con el paso del tiempo la cuchi (que era así como la llamábamos) era una niña muy inquieta, hasta que un día Sandra le explicó a Mamá, que el pediatra había dicho que era una niña hiperactiva, a partir de ese momento entendimos todos por qué Janet era así. Cuando Sandra venía a casa, Mamá siempre nos avisaba, entonces todo lo que hubiera en la sala que fuera frágil, lo escondíamos. Aquella niña era como un torbellino, no paraba ni un segundo. Pero recuerdo aquel día, un día cuando llegué a la sala, encontré a Janet sentada en el sillón con su carita triste. Le pregunté qué hacía allí, ella me miró y con su carita pequeña me dijo "estoy abuyía". Me sorprendió mucho que una niña pequeña pudiera aburrirse, pero pronto comprendí que tal vez echara de menos aquellos detallitos que tanto llamaban su atención, todo lo que estaba guardado. Se me ocurrió una idea y sentándome a su lado le pregunté "¿tú quieres jugar al castillo encantado?", a Janet se le abrieron los ojos y con una sonrisa enorme me dijo que sí. Llamé a Gladys y le expliqué el juego para que jugara con nosotras, así que estuvimos horas paseando por toda la casa, debajo de la mesa, detrás del sillón, pegadas a la pared, escondidas detrás de las sillas...ellas se lo pasaron muy bien, cuando pasábamos delante del sillón en el que estaban Sandra y Mamá hablando, yo decía "¡cuidado! y vamos rápido, que ahí están las brujas" y en algún momento una de las dos o las dos nos miraban y nos picaban el ojo o hacían su papel de brujas, entonces nosotras tres que íbamos gateando íbamos más deprisa y ellas lo hacían con aquella risa infantil. Yo también lo pasaba muy bien, eso sí cuando llegaba la noche y me acostaba, estaba agotada.
Hoy Janet es una niña grande, se parece mucho a Rafa, es muy guapa, con su pelo rizado, sus pecas y sus ojitos negros, es algo tímida pero sigue siendo una niña muy risueña. Y cuando tiene confianza, que para eso no tarda mucho, sigue siendo un torbellino que no para. Quiere mucho a Igor, tal vez porque ella tiene como su tío ese punto de gamberrete, pero en chica, sí que lo tiene.
Aquella noche dormían en el cuarto de las chicas, en la misma cama Gladys y Janet juntas, Sandra las había bañado y les había dado la cena, así que era hora de irse "a mumú". Después de un rato, me di cuenta que todavía estaban despiertas y lo supe porque escuché al pasar cerca de la puerta, la risa de Gladys. No le di más importancia hasta que vi que aquella risa iba a más...entonces preguntándome qué estarían haciendo entré con silencio y las observé desde la puerta, Janet miraba algo en la pared y Gladys miraba lo mismo pero a veces hundía la cara en la almohada para reírse sin parar. Encendí la luz y les pregunté qué estaban haciendo, Gladys siguió en la almohada y Janet me miró con esa cara con la que intenta decir "no he hecho nada, pero es mejor que no lo veas", enseguida algo de la pared llamó mi atención y cuando miré lo mismo que miraban ellas dos comprendí la fiesta que tenían aquella noche...me encontré en la pared unos moquitos a los que solo les faltaba el nombre de janet, con su pelo rizado, había muchos, miré a Janet muy seria y enseguida se tapó la boca y empezó a reirse acompañando a su hermana. Yo tenía que hacer un papel de tía y además en aquel momento de tía seria, así que me mantuve seria y le dije "Janet, esto es una cochinada y no se hace, voy a salir del cuarto y cuando entre, voy a mirar la pared y quiero que esté limpia, ¿vale Janet?"...Janet que estaba ya más seria escuchó todo aquello sin reírse, Gladys también dejó de reírse, después la que se reía fuera del cuarto era yo, esperé un ratito y escuché como Gladys le decía "quita los mocos que Esther va a venir otra vez". Cuando entré los trofeos de Janet habían desaparecido de la pared, les pregunté "¿se van a portar bien?" y me dijeron las dos que sí, con una cara cada una de no romper un plato...cuando salí volvieron a su fiesta pero sin hacer ninguna gamberrada.
Así era Janet. Hoy quiero que sepas Janet, que tus tíos y yo te queremos mucho y espero que haya sido un día muy especial para ti, que te hayas divertido mucho y que te haya gustado esta historia. Un abrazo enorme.
pd: ¿Sandra tú sabes por qué el nombre de cuchi, te acuerdas? porque yo no.
pd: mmmmm...¿o tal vez trece?.

domingo, 22 de agosto de 2010

La música

En mi casa siempre nos ha gustado la música, a todos, cada uno con gustos diferentes, pero siempre hacíamos todo con música. Tal vez la principal influencia fue Mamá, tal vez con los tres mayores escuchaba música como lo hizo con los tres pequeños y tal vez a partir de esa costumbre cada uno empezó a sentir curiosidad por los estilos y a descubrir sus gustos musicales.
La música era algo que nunca faltaba, para limpiar, para ordenar el cuarto, para bañarse, para poner el árbol de Navidad y el Belén, para hacer la tarea, para todo. Y así fue como conocimos diferentes grupos y cantantes por aquella época. Aquellas tardes en las que los tres pequeños hacíamos la tarea juntos en la cocina, poníamos el cassette de Iván sobre la nevera y escuchábamos con atención el programa en el que participaba, Radio Poeta. Muchas veces nos sorprendíamos por escuchar a Iván presentar una canción, ¡aquel chico era nuestro hermano y estaba en la radio!, por eso muchas veces nos dedicaba canciones.
Él preparaba las cintas, que usaba en aquel programa, con mucho cuidado. En mi casa que a la hora de hacer las cosas somos muy perfeccionistas, si el trabajo de Iván era algo que se escuchaba en la radio, tenía que hacerlo bien y lo hacía muy bien. A nosotros nos gustaban aquellas cintas que escuchábamos cuando él no estaba, sobre todo Paco. Pero había una canción que nos encantaba, Paco la repetía una y otra vez y no nos cansábamos de escucharla...en la canción (que no sé cuántas versiones habrá) se oía un hombre que hablaba inglés, un helicóptero y, casi al final, un monstruo y una chica que gritaba, todo esto acompañado de una magnífica guitarra eléctrica. Hoy si le describes a Paco ese tramo, con toda seguridad te dirá el nombre del grupo. En cuanto a Radio Poeta, ya que fue para nosotros una puerta abierta a la música, Iván me gustaría que nos contaras un poco cómo funcionaba, qué hacías tú, cómo conociste aquel grupo, cuándo se emitía, todo lo que recuerdes. Así que para refrescar un poco la memoria y ponerles los pelos de punta, como nos ha pasado hoy a Igor y a mí, en honor a nuestro gusto por la música les dejo el siguiente video.



viernes, 20 de agosto de 2010

El thriller de los tres pequeños

Los tres pequeños siempre estábamos juntos, por lo que jugábamos juntos, hacíamos la tarea juntos y veíamos la tele juntos. Así conocimos por el año 1.984 o tal vez 1.985 a Michael Jackson y el vídeo de Thriller. No sé a quién de los tres se le ocurrió la idea, pero nos propusimos un objetivo y era que el que fuera capaz de ver el vídeo completo, ganaba. Teniendo en cuenta, que el año de nacimiento de los mellizos es 1.981 y el del pechu 1.982, y que el impacto que tuvo el vídeo musicalmente fue enorme no sólo por los efectos especiales sino por el incremento de ventas que tuvo el álbum, ese objetivo nunca se cumplió. Mejor, porque si se hubiera cumplido, lo único que se podía ganar era una tremenda crisis de ansiedad que hubiera despertado todos los tics juntos. Cuando llegábamos al minuto 5.32 empezábamos a tener miedo, pero había  que aguantar, nos agarrábamos al sillón aguantando. Al llegar al minuto 5.55 el miedo había crecido, nos tapábamos la cara y mirábamos a través de las manos, pero a partir de ahí al ver a todos los "compañeros chungos" que tenía Miguel, la cara se nos desfiguraba, se nos abrían los ojos y la boca, estábamos invadidos por el pánico que nos causaba aquellas imágenes, pasábamos por todos los grados del miedo hasta que nos daban ganas de llorar al pensar que aquellos muertos fueran de verdad. Hasta que uno de los tres se levantaba, que casi siempre era Igor y se iba corriendo, entonces Paco y yo íbamos detrás, porque thriller era el que teníamos en el sillón. No llegábamos al minuto 7.13, que es la parte que más me gusta, nos íbamos a esconder, a ponernos a salvo y a intentar olvidar aquel video que nunca vimos terminar. Después de muchos años observé que a mi  sobrina Gladys le pasaba lo mismo, le decíamos que era muy pequeña para ver ese vídeo, ya sabemos que no hay nada peor que prohibirle a un niño algo, así que ella se empeñaba en verlo hasta que un día la dejamos y tuvimos que cambiar el canal, porque la niña se quedaba delante del televisor horrorizada, igual que nosotros. Así que hoy en honor a nuestro objetivo, que no cumplimos, aquí dejo el vídeo, aunque la calidad de la imagen no es muy buena, escogí este por la traducción de la letra.